El presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, desgranó ayer en el diario «El País» sus reflexiones acerca de la nueva ley del aborto y de la muerte inducida de seres humanos en estado embrionario, desde la «convicción de que en el seno materno se alberga una vida humana en formación que es digna de protección», cuya protección, más allá de postulados humanos y morales, está amparada por el Tribunal Constitucional.

Aún más, Bono reconoce que «el aborto no es un bien ni un derecho», como defienden a capa y espada sus compañeros de partido; también se manifiesta consciente de que la despenalización de 1985 «ha dado cobertura, por su ambigüedad, a un excesivo número de abortos: 115.812, sólo en 2008» y de que «la falta delimitación temporal del tercer supuesto, el de la salud psíquica, bajo el cual se ha producido el 97% de los abortos, ha provocado abusos escandalosos».

Sin embargo, se muestra partidario de la nueva ley planteada por la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, defensora de la ideología feminista más radical, porque, a su juicio, esta legislación «bien podría denominarse Ley para la reducción de Abortos en España». Además, Bono anima, aunque de forma velada, a las mujeres a abortar. Les dice: «¡Mujer, actúa en conciencia, esta ley no te condena!».


El diputado y ex presidente de la Junta de Castilla La Mancha, escuda su postura en la encíclica de Juan Pablo II Evangelium Vitae de la que entresaca la siguiente frase, asegurando que la Iglesia acepta que un parlamentario «pueda lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley (aborto) y disminuir así los efectos negativos». Extracto, que Bono utiliza para calificar de «contradictorias» además de «socialmente chocantes las disposiciones condenatorias y de agresividad actual de aquellos religiosos españoles que, durante los ocho años que gobernó el PP, aceptaron mansamente la aplicación de la ley del aborto aprobada en 1985». 
 
Sin embargo, lo que no refleja el veterano socialista, es que la disposición papal está reservada «en los casos en que un voto parlamentario resultase determinante para favorecer una ley más restrictiva, es decir, dirigida a restringir el número de abortos autorizados, como alternativa a otra ley más permisiva ya en vigor o en fase de votación». En todo caso, la encíclica Evangelium Vitae es contundente al respecto: «El aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar. Leyes de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que, por el contrario, establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia». Es más, la encíclica del Evangelio de la Vida, asegura que en el caso «de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, "ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto"».


El obispo auxiliar de Bilbao, en declaraciones a la Cadena COPE, ha asegurado en respuesta a las tesis defendidas por Bono que «somos el pueblo de la vida, todo cristiano y católico debe estar a favor y en defensa de la vida. La encíclica asegura que se puede votar afirmativamente una ley de este sentido cuando la ley de modo objetivo tienda a reducir el aborto, es decir, si se va acotar o reducir la posibilidad de realizar abortos. En este caso quiero volver a insistir que esta ley no mejor la situación del aborto sino que la empeora: las primeras 14 semanas la vida está desprotegida. Esta ley no puede acoger este principio de la Evangelium Vitae. Bono se equivoca en la elección de este texto. Bono hace una interpretación equivocada».