La Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, ha aprobado un caso de curación milagrosa atribuida al venerable Manuel Lozano Garrido, el primer periodista español que se encuentra camino de los altares. «Lolo», como era conocido, perteneció a Acción Católica y era escritor y periodista; Debido a una enfermedad, permaneció inválido en una silla de ruedas más de 28 años y -9 años, al final de su vida- también ciego.  

Según el relato que ha distibuido el postulador de la causa, el padre Rafael Higueras -hasta hace unos meses administrador apostólico de la diócesis de Jaén- el caso sometido a estudio es el de un niño de 2 años, enfermo de sarampión, cuya enfermedad empeoró tanto que degeneró en breve en peritonitis. Fue intervenido, pero a los pocos días la enfermedad volvió a evolucionar de forma negativa en íleo paralítico por lo que precisó una nueva intervención, extirpándole más de 20 centímetros del peritoneo, a pesar de su corta edad. La gravedad aumentó hasta producirse cólico fecaloideo. «El niño había pasado de 14 kilos de peso a siete y no respondía a los fortísimos tratamientos antibióticos. Entonces, se produjo un episodio de septicemia por pseudomonas. Lo único razonable era la muerte inminente. En los momentos de más peligro, se le colocó el crucifijo de Lolo bajo la almohada y se produjo la curación», explica HIgueras.

El proceso sobre esta curación se tramitó entre 1999 y 2000, y una vez que fue declarado Venerable, fue estudiado el caso por los médicos de la Congregación Vaticana y un mes después por teólogos de la misma Congregación. Unos y otros expresaron su voto favorable. Hoy ha sido estudiado por los cardenales que también han emitido su parecer positivo y así ya queda concluido el proceso para someterlo a la decisión que proceda por el Santo Padre.

El sufrimiento como cátedra

La vida y virtudes heroicas del «Lolo» fueron declaradas por Benedicto XVI el día 7 de diciembre de 2007, lo que le otorgaba el título de venerable. En el decreto: «La enfermedad era la causa de su santificación, el sufrimiento era su cátedra».

Manuel Lozano nació en Linares en 1920 y murió en la misma ciudad el 3 de noviembre de 1971. En su juventud, según describe Higueras estuvo «caracterizada por una alegría juvenil y contagiosa». Se inscribió en la Acción Católica, donde fue un miembro activo y un elegido para diversos cargos directivos. Ya entonces «comienza en él una piedad eucarística y tierna devoción mariana que le marca hondamente en toda su vida posterior. El lema de la Acción Católica («Piedad, estudio y acción») lo vivió intensamente».
 
Todavía muy joven, a los 16 años, durante la persecución religiosa en España, es designado como «tarsicio» para llevar clandestinamente la comunión; él comentará años más tarde esa preciosa y peligrosa misión suya. Por ello fue encarcelado y pasó la noche del Jueves santo en prisión, sin embargo en esa noche tuvo el gozo de estar horas y horas –junto con otros presos- en adoración al Santísimo Sacramento, porque su hermana pequeña, Lucy, se lo pudo pasar escondido en un ramo de flores.
 
Entre 1939 y 1942 es un activísimo miembro de la Juventud de Acción Católica, «lleno de ilusión apostólica». Pero desde su adolescencia la vocación de Lolo era el periodismo. Con gran ilusión escribirá todavía siendo un joven sano: «Jóvenes de Acción Católica, ¿Qué os parece? ¿No creéis que si cada uno de nosotros tuviéramos un micrófono de Cristo no sería ello el mejor y más valiente de sus adelantados?».
 
Y cuando la enfermedad y la invalidez total cambia su vida, desde su sillón de ruedas se convierte en escritor y periodista fecundo: nueve libros y cientos de artículos de prensa, que son para él el cauce de su afán evangelizador. Su casa se convierte en centro de orientación, de alegría y de vocación para muchísimos jóvenes, y en centro de apostolado entre los enfermos: con monasterios de contemplativos y enfermos incurables funda la Obra pía SINAÍ, unos grupos de oración por la Prensa. Sus 28 años de total invalidez tienen su secreto: la honda piedad eucarística y la sencilla devoción mariana.  
 
«La figura de este sencillo hombre de Dios - prosigue el padre Higueras- es un faro potente para jóvenes que buscan luz en su camino; para periodistas y escritores que quieran poner el Evangelio en el enfoque de sus trabajos; para los seglares que pueden ver cómo la vida sencilla del trabajo ordinario de cada día puede ser cauce de santificación, con la fuerza de la Eucaristía y la ayuda de Santa María; para los enfermos que sufren: pueden mirar en él un enfermo que hace de su dolor un camino de santificación y apostolado; para la Acción Católica que se puede alegrar de tantos frutos maduros como en sus filas crecieron y se santificaron».
 
Los escritos de Lolo, tienen en muchas de sus páginas verdadera hondura mística y para el postulador «sólo de un hombre, que vive en Dios y que vive de Dios, pueden salir los preciosos renglones de apasionado joven y ardiente escritor movido por la fe y por el evangelio de Jesús. La Santa Madre Iglesia podrá sentirse feliz de presentar al mundo hijos maduros como este Lolo: que es joven entre los jóvenes, alegre por encima del dolor; que es enfermo, que toma su cruz y se siente gozoso de estar, como María, a los pies de Jesús crucificado; seglar que vive su Bautismo con exigencia apostólica; escritor y periodista que supera sus limitaciones grandísimas con la ilusión de contagiar su fe, su alegría y su esperanza».