(P.J. Ginés - T. Fedótova / La Razón) ¿Los 325.000 bautizos que ofició la Iglesia española en 2007 fueron un servicio social? La realidad es que se trata de una demanda tan innegable, que hasta famosos sin fe piden «bautizos civiles».

La muy laica Unión Soviética inventó la «zvezdiny» o «estrellización», nombre oficial de la ceremonia de inscribir al bebé en el registro civil y de asignarle nombre.

Por lo general, la liturgia se reducía a hacer cola, cantar un himno revolucionario y poner un nombre políticamente correcto para el sistema.

El maestro del realismo satírico soviético, Mijail Bulgakov, en su novela de 1925 Corazón de perro, explica cómo presentaron un bebé al «soviet de finca», una mezcla comunista de regidoría y comunidad de vecinos.

-Así que quieres «estrellizar» tus hijas..., dijo el camarada funcionario.

- Sólo quiero darles nombre, respondió la madre.

- Bien, propongo los siguientes: Barricada, Bebelina, Pestelina... (Bebel y Pestel eran famosos revolucionarios).

Por suerte, un camarada con más sensatez se levantó y propuso: «No, no. Mejor que las llamemos simplemente Clara y Rosa. En honor de Clara Tsetkin y Rosa Luxemburgo».

Millones de rusos hoy ancianos tuvieron menos suerte y aún ostentan nombres «estrellizados».

Los registros son un festival laico del horror: rusos que se llaman «Mels» (siglas de «Marx, Engels, Lenin, Stalin»), Ikki (siglas de «Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista»), Robnlen (abreviación de «Nacido para ser leninista»), Revdit («Hijo de la Revolución») o incluso Lorikerik (siglas de «Lenin, octubre, revolución, industrialización, colectivización, electrificación, radioficación, comunismo»).

Había niñas a las que se «estrellizó» como Revolución o Spartakiada, pero las familias y la gente normal las llamaba «Luci» y «Ada». En el fervor por el progreso soviético, hubo bebés inscritos como Zas (siglas de «Almacén central de farmacias»), Raitia («Tipografía del barrio») e incluso Artaka (abreviación de «Academia de artillería»).


Muchos «estrellizaban» a sus hijos como «Vladimir», no en honor al rey santo que cristianizó Rusia, sino como un homenaje a Lenin.

Había variantes creativas: «Ninel» es un nombre para niña, inventado a partir de recombinar las letras de «Lenin».

Algún bebé fue registrado con el nombre «Hoz-y-martillo».

Y hay algún caso de niña «estrellizada» como «Gran obrero», ¡en masculino!

Para escapar de los nombres judeocristianos, algunos jugaban a mezclar los nombres de los padres. Así, Vladimir y Ekaterina tuvieron tres hijas: Vladikatra, Vlena y Veka, que en ruso suenan tan raro como en español.

En los años 60, en plena carrera espacial, a un bebé le llamaron Ururvkos, por las siglas de «¡Urá, Yura v kosmose!», es decir «¡Viva, Yuri está en el espacio!».

Hoy los rusos se llaman Sergei y Piotr.