No era fácil ser cristiano en Leningrado (actual San Petersburgo) cuando la Iglesia era perseguida y la religión desincentivada en la Unión Soviética. 

Transcurría la década de los setenta y la familia Yandushev-Rumyantsev vio que existían pocos espacios para profesar su fe ortodoxa. Cuando nació Alexey, en 1973, su padre acababa de encontrar trabajo en una cadena de supermercados y aunque deseaba bautizarlo, mayor era el temor a los agentes del gobierno.

“Mi padre se jugaba su puesto de trabajo –confidencia Alexey- pues quien solicitaba bautizar a un hijo, debía entregar el pasaporte, y luego esa información era transmitida a las autoridades políticas y a los servicios secretos. Por lo tanto, prefirieron no bautizarme”.


En una entrevista publicada en español en OpusDei.cl narra que durante aquel tiempo de su infancia, existía un ataque continuo en contra de la religión por parte de los principales medios informativos…

“Se trataba de hacer creer a la gente que las Iglesias trataban de perpetuar una mitología antigua, sin fundamento científico, con el fin de controlar la mente de las personas y conseguir su dinero”.

Pero la fe era una semilla profunda en su alma y ya con doce años comenzó a buscar alimentarla. La ironía es que fueron publicaciones impresas de propaganda atea donde encontró lo que buscaba…

“Un día llegó a mis manos una revista titulada «Ciencia y Religión» [Nauka i Religiya], publicada por la Sociedad Atea de la Unión Soviética. Se trataba de una publicación que nadie leía, pero que trataba un tema que me interesaba muchísimo. Intuí que aquella era la única vía que tenía para saber algo más de religión. Me suscribí y durante cinco años tuve que leer entre líneas de lo que se contaba en aquella revista”.

  

Ejemplares de Nauka i religiya de 1984 a 1986 que leía Alexey


Así, las pretensiones del gobierno soviético por ideologizar a sus ciudadanos con esas publicaciones se vieron frustradas en Alexey.

“A mí me interesaba la religión, no las tesis de esa revista. Por eso, aunque los artículos defendían el ateísmo, en realidad citaban las Escrituras, y hablaban de la Iglesia y de Jesucristo. Yo, como no tenía acceso a otras fuentes, me las apañaba con aquello. Empecé a pensar que si de algo o de alguien se hablaba muy mal, quizá es que eso o esa persona no eran en realidad tan malas”.

Poco a poco se dio cuenta que Dios lo estaba guiando por medio de estos textos. “Sabía que de estas cuestiones no se podía hablar, y por lo tanto no lo comentaba con nadie, pero mi interés era cada vez mayor. Cuando cumplí quince años, dije a mi padre que quería bautizarme en la Iglesia Ortodoxa. Él no se opuso e incluso buscó a un amigo suyo, sacerdote ortodoxo que trabajaba como mecánico en Leningrado, para que me bautizase en secreto”.


En cuestión de meses, este peregrinar tras Cristo lo llevó a dar un paso más y recaló en una comunidad católica, fiel al Papa, en San Petersburgo.

Ya que se hablaba tan mal de ella, quise conocerla. En el listín telefónico encontré la dirección de la comunidad católica de san Petersburgo, pero la iglesia estaba siempre cerrada. Tras varios intentos, logré dar con la comunidad, pero el sacerdote sospechó de mí. Pensaba que podía ser un joven espía del KGB”.

Alexey cuenta que ciertamente, en aquellos años había espías y las precauciones del sacerdote estaban justificadas...

“Pero después de verme frecuentar la Iglesia, fijamos una cita para hablar: quedamos en que tras la Misa, le seguiría por las calles hasta una zona muy alejada de la parroquia, donde podríamos dialogar con calma. Era 1989, y atravesábamos un periodo de situación política era incierta. Aun así, tras una etapa de formación, pedí entrar en plena comunión con la Iglesia católica”.

Tras la caída del muro de Berlín cuenta que Rusia fue testigo de una “verdadera primavera espiritual”. Hoy día, ese fenómeno se ha ido asentando y “han quedado sólo aquellos que de verdad estaban convencidos, fuera de las emociones pasajeras de los primeros momentos. Con todo, debo reconocer que son muchos los que se muestran realmente interesados por «las cosas de Dios»”.


Una vez hubo terminado sus estudios de ingeniería, apasionado por Cristo y la Eucaristía, Alexey inició los estudios de Historia de la Iglesia y Filosofía en el Colegio católico de Santo Tomás de Aquino.

Como un niño disfrutaba intenso cada momento sin prever que Dios lo había escogido… “Había acabado mis estudios incluido un año en el extranjero -estudiando fenomenología filosófica en Liechtenstein-, y ya estaba trabajando… cuando cierto día, de pasada, un cura me preguntó: «¿Tú quieres ser sacerdote?».

"En seguida le dije que no, pero luego aquella noche no pegué ojo. Volví a hablar con él, me sinceré y le dije que en realidad sí que había pensado en ello, pero que no me sentía ni digno ni con fuerzas para lograrlo. Él me explicó que la fuerza la da Dios y entonces, a finales de aquel año 2000, entré en el seminario”.



Alexey, ya como sacerdote católico

Fue ordenado sacerdote en junio de 2007 y hoy apoya las devociones de sus feligreses que por siglos mantuvieron viva la fe a pesar de la represión atea. “Soy el fruto de esta tierra, que carece por completo de los libros católicos. Estudié en el único seminario católico (Seminario Mayor María Reina de los Apóstoles) en San Petersburgo que fue inaugurado hace tan sólo 22 años, después de setenta años de ateísmo agresivo y muy diabólico. Ellos hicieron tabla rasa y, así, lo que tenemos ahora es el fruto de unos pocos años desde que el renacimiento de la Iglesia que estaba casi enterrada, pero en realidad había estado siempre viva. No obstante, el estudio de la teología todavía no es muy bueno, debido a la falta de libros y manuales sobre la teología católica”.


Hoy Alexey es prefecto de la casa de Estudios en el Seminario, donde se forman los futuros sacerdotes católicos de Rusia.

En paralelo despliega una férrea defensa de la vida dictando charlas de bioética, pero también se da tiempos para el solaz que como buen sacerdote también lo vive con un sentido de fe…

En junio de 2013 encabezó un grupo de peregrinos que se aventuraron recorriendo el Camino de Santiago (de Compostela).

“Es difícil –escribía al finalizar aquella peregrinación- poner en palabras los sentimientos que inundan nuestros corazones, aquí en este lugar bendito donde por siglos millones de peregrinos de todo el mundo cristiano buscaron… para tener derecho a los favores por intercesión de este gran discípulo de nuestro Salvador... Por ello la mejor gratitud a Dios es nuestra tranquila y humilde oración al Santo Apóstol, pidiendo en especial las gracias de Dios para toda la Iglesia católica en Rusia”.

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