(Patricia Navas/Zenit) La veterana socialista Mercedes Aroz acaba de anunciar que abandona el partido socialista catalán, del que fue cofundadora, a causa de la propuesta del Gobierno español sobre el aborto. Para la ex senadora, el anteproyecto aprobado en el Consejo de Ministros el pasado 14 de mayo, despenaliza el aborto y atenta contra el ser humano en el primer estadio de su vida. Mercedes Aroz pide una revisión de legislaciones que no garantizan efectivamente el derecho a la vida del ser humano desde su concepción. Esas legislaciones -señala- «provienen del siglo pasado, cuando los conocimientos científicos sobre el inicio de la vida no eran tan evidentes». - ¿Cuáles han sido las razones que le han llevado a dejar el partido que ayudó a fundar y en el que llevaba 33 años como militante? - Mercedes Aroz: Cuando me retiré de la política activa en 2007, con la renuncia a ostentar todo cargo de representación al finalizar mi compromiso de senadora por Barcelona, mantuve la afiliación al Partido Socialista y ahora he dado el paso de darme baja del partido. Es una decisión que no ha sido fácil, pues han sido 33 años de militancia y participación activa en el proyecto socialista. Es una decisión vinculada a la nueva regulación del aborto en España que impulsa el Gobierno, que supone su despenalización, y que me ha llevado a romper el último lazo que me unía al socialismo. Mi discrepancia con las políticas del socialismo radical del Gobierno y del Partido Socialista es completa, desde la ética cristiana y desde la defensa de los derechos humanos. Y, en este sentido, he querido despedirme trasladando al Partido en la carta que he dirigido al Primer Secretario una breve reflexión sobre esta cuestión, la cuestión del aborto como vulneración de los derechos humanos. Pues a la luz de los actuales conocimientos científicos, que nos dicen que desde la concepción existe un ser humano con su identidad genética propia que mantendrá toda su vida, el aborto atenta contra el ser humano en el primer estadio de su vida. Es, por tanto, algo más que una cuestión de conciencia moral, va en contra de los derechos humanos, el primero de los cuales es el derecho a la vida. El ser humano debe ser protegido jurídicamente con independencia de la fase en la que se encuentre, es una cuestión de ética y de civilización. Por ello, desde una posición progresista hay que defender la revisión de legislaciones existentes en distintos países que provienen del siglo pasado -cuando los conocimientos científicos no eran tan evidentes- que no garantizan efectivamente este derecho del ser humano desde su concepción. Esta garantía es imprescindible para avanzar en el verdadero progreso humano. Las generaciones futuras nos juzgarán sobre esto. --¿Por qué ha decidido abandonar toda actividad política? - Por razones que surgen de la discrepancia profunda desde mi actual compromiso cristiano con las políticas del Gobierno socialista, muy especialmente con respecto a las que conciernen a la vida humana y la familia. Unas políticas que se iniciaron en la pasada legislatura y continúan en la actual con el proyecto de despenalizar el aborto. Como ya dije en su momento, esta discrepancia, que me llevó a no apoyar determinadas Leyes cuando era senadora, me impedía continuar representando al proyecto socialista. Este proyecto sigue la línea del socialismo radical y choca frontalmente con la ética y los valores del cristianismo, pero también, de una forma más general, con valores profundos del conjunto de la sociedad española. Porque estamos asistiendo a una política dirigida al cambio de la conciencia social, que incide negativamente sobre valores fundamentales de la sociedad, como es el respeto y protección del derecho a la vida, y sobre instituciones valiosas como la familia, y que produce una grave división social en nuestro país. En consecuencia se imponía la decisión de retirarme de la política activa, y ahora he considerado necesario romper el último lazo que me unía al socialismo como afiliada y formalizar mi baja del partido. Ni pasivamente con mi afiliación podía respaldar la regulación del aborto que se pretende. - ¿Resulta difícil la actuación de los cristianos en el ámbito político? - Mercedes Aroz: Sí, sin duda resulta difícil. - ¿Por qué? - Mercedes Aroz: Porque ningún partido responde totalmente a la identidad cristiana, y los políticos cristianos debemos ser coherentes con los principios y valores que guían nuestra vida y que proponemos a la sociedad. Ello implica, por tanto, mantener la autonomía con relación a los partidos, pero al mismo tiempo, éstos exigen a sus miembros, y especialmente en cargos parlamentarios, disciplina de voto. Por eso, el conflicto puede ser importante cuando estén en juego leyes contrarias a la dignidad de la persona y los derechos humanos, a las que hay que oponerse. El tema de la autonomía de los cristianos respecto a los partidos políticos es de gran calado. Porque si no se mantiene, y el político cristiano se supedita a los intereses del partido en cuestiones fundamentales como las que he mencionado, se convierte en legitimador de su acción. Además, se da el agravante de que puede ser utilizado, con la antigua táctica del divide y vencerás, para debilitar no a la Iglesia o a su jerarquía, sino al cristianismo. La supeditación no es el camino para proponer valores cristianos y contribuir a los proyectos de la sociedad desde nuestra propia visión del mundo. El político cristiano está llamado a ser conciencia crítica en su militancia y en su acción pública cuando sea necesario. - En estos momentos, en España y en Europa, ¿alguna opción política merece su confianza como católica? - Hay que partir de la base, como ya he señalado, de que no hay partidos políticos que respondan íntegramente a la identidad cristiana. Además considero que es una utopía creer que un partido que la recogiese aglutinaría todo el voto católico, pues existe legítimamente entre los cristianos el pluralismo político. Unos ponen el énfasis en unas cuestiones u otras, sean las cuestiones socioeconómicas, la familia, la ecología, la educación, etcétera. Pero sí hay momentos en que los cristianos debemos valorar muy especialmente en qué partido depositamos nuestra confianza, y éste es en España uno de esos momentos. Porque, como decía antes, estamos asistiendo a unas políticas y reformas del partido en el Gobierno que no redundan en el bien común. Por tanto, considero que el voto católico debería dirigirse hacia partidos que defiendan el humanismo de raíz cristiana desde el reconocimiento y respeto al pluralismo de nuestras sociedades. Partidos que también tengan el compromiso de trabajar para fortalecer unas bases éticas comunes que contengan los valores fundamentales del hombre, y por una convivencia integradora. En el momento actual, en España esto es una gran necesidad y un gran reto para los partidos políticos que busquen realmente el bien común. - Desde su experiencia política, ¿cómo es posible que haya habido un giro tan radical en las políticas sobre sexualidad y familia en Occidente en tan poco tiempo? - Considero que este giro se inscribe en la secularización de las sociedades occidentales y en la evolución del pensamiento contemporáneo caracterizado por el rechazo a los imperativos y a conceptos universales, con la consiguiente pérdida de referencias últimas. Esto ha significado que hoy se considere fundamental la autonomía ética y el respeto a la propia conciencia individual, algo que constituye sin duda un gran avance en el desarrollo de nuestras sociedades. Sin embargo, este cambio ha llevado a un momento histórico en el que se manifiesta una pérdida de orientación personal, una crisis de valores morales y un cierto malestar cultural. Éste es el contexto en el que el cristianismo debe desenvolverse. Por ello, para que los valores cristianos progresen, hay que utilizar argumentos convincentes y mostrar su vinculación a la dignidad de la persona y a los derechos humanos. Ésta es la única referencia objetiva que hoy parece que puede ser asumida por todos los ciudadanos en nuestras sociedades seculares y pluralistas. En la situación actual, el cristianismo tiene un papel fundamental, pues existe el riesgo de que el vacío moral de nuestras sociedades lleve al deterioro de las tradiciones humanistas. La mera valoración negativa de los problemas existentes, sin incorporar el diálogo con la cultura actual y la apertura a la que nos invita el Concilio Vaticano II, no contribuye a construir un futuro ético en el que los cristianos debemos participar.