(Pablo Ginés/ La Razón) Cada 13 de mayo, fiesta de la Virgen de Fátima, decenas de miles de personas se congregan en el santuario portugués y, junto con las apariciones de la Virgen María a los santos pastorcitos, suele recordarse el atentado del turco Alí Agca que casi arrebata la vida a Juan Pablo II. El Papa polaco siempre consideró que la Virgen de Fátima le salvó, y desde hace tiempo la corona de la imagen de Fátima lleva, fundida, la bala del terrorista. Han pasado 28 años. Alí Agca cumple condena en una cárcel turca por asesinar a un periodista cuando era militante del grupo terrorista «Lobos Grises». Hoy sueña con bautizarse en la Plaza de San Pedro y vivir en Portugal. Alí Agca ya expresó su deseo de bautizarse el 13 de mayo de 2007, pero no hay constancia de que esté recibiendo catequesis ni formación en la fe. Será puesto en libertad en 2010 y piensa ir a Roma a «rendir homenaje a Juan Pablo II ante su tumba». Afirma que el Pontífice contra el que disparó y que después le visitó en el penal de Rebbibia, a las afueras de la capital italiana, era «el ser humano más respetable y de buen corazón del siglo XXI», según declara en el diario «La Repubblica». El asesino arrepentido declara: «Quiero ser católico, bautizarme en la plaza de San Pedro y proclamar mi nueva fe ante los medios de todo el mundo». ¿Qué es lo que le llama a dar este paso? «En un mundo dominado por el odio y la violencia, se necesita una institución global como la Iglesia católica, que predique paz, amor y fraternidad entre los pueblos», asegura el ex terrorista, que hoy tiene 51 años. Respecto a su camino espiritual, afirma: «Mi recorrido interior ha sido largo. Querría acercarme a la religión católica. Yo creo en un Dios único». Después de bautizarse ante el mundo entero (Agca es consciente de su relevancia mediática), el turco quiere conseguir la ciudadanía portuguesa y vivir en el país de Fátima. «El Papa Benedicto XVI ha explicado que el atentado que cometí constituía el tercer secreto», dice refiriéndose al mensaje que recibieron los niños videntes acerca de un «hombre vestido de blanco que caía abatido, analizado por el cardenal Ratzinger siendo responsable de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Eso sí, Agca sigue sin aclarar quién le encargó el asesinato.