(Zenit/ReL) Según informa un comunicado de la Santa Sede publicado ayer, el Santo Padre “también ha agradecido a los presentes sus esfuerzos en el campo de la formación, y les ha alentado a continuar su servicio para el bien de la Iglesia en China”. La comisión ha debatido fundamentalmente sobre la formación de seminaristas y de personas consagradas y sobre la formación permanente de sacerdotes, en su segunda reunión plenaria, tras la celebrada el mes de marzo del pasado año 2008. En este sentido, la comisión ha concluido que “los principales dirigentes de comunidades eclesiales tratarán de promover, en unión con los obispos de la Iglesia en China, una más adecuada formación humana, intelectual, espiritual y pastoral del clero y de las personas consagradas, que tienen la importante tarea de actuar como fieles discípulos de Cristo y como miembros de la Iglesia, así como de contribuir al bien de su país como ciudadanos ejemplares”. Al respecto, los representantes de la Curia de Roma y de la Iglesia en China que forman parte de la comisión se han hecho eco de las palabras de la Carta que el Papa envió en 2007 a los católicos de China: “La Iglesia, misionera siempre y en cualquier lugar, está llamada a la proclamación y testimonio del Evangelio”. “La Iglesia en China debe sentir en su corazón el celo misionero de su fundador y maestro (···). Ahora le corresponde a usted, discípulo chino del Señor, ser apóstol valiente del Reino de Cristo. Estoy seguro de que su respuesta será grande y generosa”, decía el Papa en su Carta. “Los participantes, refiriéndose a su propia experiencia, a veces dolorosa, han destacado los problemas complejos de la situación actual de la Iglesia en China, que derivan no sólo de las dificultades internas de la Iglesia sino también de las relaciones no fáciles con las autoridades civiles”, señala el comunicado. Durante el encuentro, celebrado desde el lunes hasta hoy, la comisión, instituida por Benedicto XVI en 2007, ha conocido “con profundo pesar la noticia de la nueva detención del obispo Julius Jia Zhiguo, obispo de la diócesis de Zhengding”. En referencia a esa detención, sus miembros han destacado que “no es, por desgracia, un caso aislado: otros eclesiásticos están privados de libertad o son objeto de indebidas presiones y limitaciones en sus actividades pastorales; a todos ellos los participantes desean transmitir su cercanía fraterna y la oración constante, en este tiempo de Cuaresma, iluminado por el misterio pascual”. También consideran que “situaciones de este tipo crean obstáculos para el clima de diálogo con las autoridades competentes que, como es conocido, el Santo Padre ha defendido con firmeza en la mencionada Carta”