El Colegio de Chicas Santa Mónica de Gulu, Uganda, se llenó el pasado 13 de enero para celebrar la Semana de Oración Anual por la Paz, que culminaba ese día. Más de 5.000 personas llenaban el campus.

Hace dos décadas, también un 13 de enero, el LRA de Joseph Kony – “Ejército de Resistencia del Señor” – asaltaba este colegio para buscar niños que fueran sus soldados.

Como informan desde Global Sisters Report, la imagen de hoy de personas rezando sigue contrastando con los agujeros de bala que todavía se ven en los techos de algunas clases.


Santa Mónica, como muchas zonas del norte de Uganda, todavía lleva las cicatrices de aquellos años. Desde 1989 en adelante, más de 30.000 pequeños, niños y niñas, fueron secuestrados en el norte de Uganda y obligados a cometer atrocidades contra sus propias aldeas, en la guerra de 25 años que lideró Kony.

Kony, que se proclamó a sí mismo profeta, se empeñó en derrocar al presidente de Uganda, Yoweri Musuveni y para ellos animó a sus seguidores a secuestrar a niños de tan solo 8 años, lavarles el cerebro y obligarse a quemar hogares y violar y matar a sus vecinos. La violencia dio como resultado 2,5 millones de desplazados en el norte de Uganda y dejó 100.000 muertos como legado.

Cuando el ejército de Kony quedó reducido a unos pocos centenares, se retiró hacia la República Centroafricana, Sudán y el Congo.


Terminado el conflicto los niños secuestrados empezaron a salir de los bosques. Muchas comunidades los rechazaron porque les traían a la memoria las barbaridades cometidas.

Peor era el destino de las chicas, que habían sido forzadas a casarse con los comandantes rebeldes
y volvían con hijos a sus aldeas. Sin educación, madres solteras y sin apoyo social por el rechazo de sus familias.


Las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús adaptaron sus programas educativos para ayudar a estas jóvenes madres. Comenzaron una escuela de enfermería en la que pudieran estudiar y les ofrecieron programas de alfabetización para aquellas que habían dejado el colegio a una edad tan temprana que ni siquiera sabían leer. A sus programas educativos de agricultura, costura y restauración, incorporaron terapias para ayudarlas.


 
Jóvenes preparan comida para el Restaurante Santa Mónica, ligado a la escuela; muchos de ellos fueron niños esclavos, abusados, drogados y manipulados hace 10 años; hoy participan y se integran en la sociedad

Más de 1.500 mujeres se han graduado en diversos cursos.

Con el paso del tiempo algunas de aquellas mujeres han logrado reconciliarse con sus familias y vecinos, casarse, tener más hijos.

Como decía la hermana Rosemary Nyirumbe, antigua directora del colegio de Santa Mónica: “Tú veías a una chica hace diez años, tan miserable y tan profundamente traumatizada y la ves ahora tan guapa y tan bien vestida… Estas personas han superado su propio dolor y se han transformado totalmente”.