Las autoridades civiles no pueden pretender dictar cómo se distribuye la comunión ni otros aspectos de las liturgias cristianas, advierte el Patriarca Bartolomé de Constantinopla, que mantiene una primacía de honor entre los jerarcas de las Iglesias ortodoxas de todo el mundo (aunque recientemente la Iglesia ortodoxa rusa ha roto relaciones con él).

El Patriarca de Constantinopla, desde la conquista turca de Bizancio en el siglo XV, vive bajo el dominio de un régimen islámico (y, ya en el siglo XX, nacionalista-laicista). Sabe que no sale a cuenta molestar demasiado a las autoridades civiles. Pero también sabe que hay que marcar límites.

Durante la pandemia del covid-19, las Iglesias ortodoxas en casi todos los países se han mostrado disciplinadas y colaboradoras con los gobiernos y autoridades sanitarias, cerrando las iglesias al público o limitando mucho el acceso de los fieles.

Los misterios sagrados y las autoridades civiles

Pero ahora, con el desconfinamiento, a medida que los templos vuelven a recibir fieles, el Patriarca Bartolomé advierte de que las "autoridades de este mundo" no pueden pretender dictar cómo se han de realizar "los misterios sagrados", empezando por la distribución de la comunión.

Así lo advierte el Patriarca Ecuménico en una carta enviada a los demás Patriarcas y Jefes de Iglesias para solicitar sus opiniones y definir un enfoque pastoral compartido ante las controversias que han surgido en países donde las autoridades políticas tratan de establecer protocolos -con excusas supuestamente sanitarias- que interfieren en la liturgia. 

La peculiar comunión ortodoxa: cucharilla en un único cáliz

El centro de la disputa está en la peculiar forma de realizarse la comunión entre los greco-ortodoxos: los sacerdotes ortodoxos usan una única cucharilla para todos los fieles, cucharilla que se sumerge en el único cáliz, donde están mezcladas las especies del pan y el vino.

Las autoridades civiles en países de mayoría ortodoxia como Grecia, Bulgaria o Serbia han advertido que esta práctica incumple las recomendaciones sanitarias.

Un ejemplo del momento de la comunión en una iglesia ortodoxa en Valencia (Venezuela); todos usan la misma cucharilla

Coordinarse en el mundo ortodoxo

Con su carta, firmada el 17 de mayo y dada a conocer el domingo 31 de mayo, el Patriarca Bartolomé reivindica el papel de la "Iglesia Madre de Constantinopla" para “coordinar, en la medida de lo posible, la uniformidad entre las Iglesias ortodoxas locales sobre la cuestión extremadamente importante de la divina Eucaristía y cómo distribuirla a los fieles”.

Bartolomé enfatiza que las Iglesias ortodoxas han sido obedientes en las disposiciones sobre confinamiento y prevención del virus, y agrega que "la condescendencia de la Iglesia” puede llegar “hasta la cruz", pero no puede someterse "a las autoridades de este mundo cuando se cuestiona el misterio de los misterios de su vida, la Divina Eucaristía”.

“En la vida de la Iglesia - agrega el Patriarca - el intérprete de las exhortaciones evangélicas y apostólicas, pero también del espíritu y la letra de los cánones divinos y santos es la Santa Tradición, tejida indisolublemente con la práctica eclesiástica diaria y la experiencia kenótica".

La tradición siempre ha reconocido que la Iglesia vive en el mundo "gracias a la Divina Eucaristía y en la Eucaristía o, por decirlo de otra manera, que la Eucaristía es la revelación y la experiencia del misterio divino-humano de la Iglesia".

Por esta razón, dado que durante la pandemia "se escucharon algunas opiniones indecorosas sobre cómo lidiar con los misterios inmaculados", según el Patriarca se ha convertido "imposible para nosotros permanecer en silencio y ajenos a una situación tan ambigua, e inactivos ante los acontecimientos y regulaciones gubernamentales y prohibiciones relacionadas con todo ello