China “debe alentar por todos los medios a las parejas de esposos para que tengan hijos. Sólo de esta manera la crisis demográfica del país y el envejecimiento de la población no tendrán efectos desastrosos sobre la economía nacional”.

Es lo que dice Yi Fuxian, investigador médico y uno de los más destacados opositores a la ley del hijo único, en una entrevista al South China Morning Post.

Exiliado de China en el año 2000 por ser “enemigo de una política fundamental”, Yi trabaja en la Universidad de Wisconsin-Madison en los Estados Unidos. En 2010, cuando el Ejecutivo comunista comienza a repensar sus políticas demográficas, la prohibición hacia él es levantada y el autor de “Gran nación con una cuna vacía” comienza a dirigirse al país varias veces al año, para hablar de los problemas demográficos en las universidades chinas.

Con el “giro” del 2015, que consistió en la decisión de aligerar la política del hijo único permitiendo a todos tener un segundo hijo, las teorías de Yi comienzan a ser citadas por los medios de Estado: el culmen de su rehabilitación llega con la invitación al prestigioso Bao Forum del 2016.

Sin embargo, los honores no lo frenan a la hora de criticar al gobierno: “La decisión tomada ya ha demostrado ser un fracaso. Las tasas de fertilidad no han sufrido variaciones considerables”.

El lugar del “baby boom” previsto, agrega el investigador, el año pasado, los nuevos nacimientos cayeron 320.000 unidades, y la tasa de fertilidad se detuvo en 1,4 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo: “En la práctica, ya es demasiado tarde. La población envejece y pronto comenzará a contraerse: esto ocurre tanto en las zonas rurales como en las urbanas. En estas condiciones demográficas, Beijing no tiene manera de mantener el fuerte crecimiento económico de los últimos decenios”.

China y su gobierno, concluye Yi, “durante mucho tiempo, en el pasado, han definido el control de la población como “la tarea más difícil del mundo”. Pero pronto han de descubrir –como ya bien saben en Japón, Corea del Sur, Taiwán y Hong Kong-que es mucho más difícil tratar de mejorar la tasa de fertilidad de su gente”.

Zuo Xuejin, demógrafo de la Academia de Ciencias Sociales de Shangai, considera que un modo de ayudar a que se produzcan nacimientos sería “remover toda medida punitiva para quien tenga muchos hijos. Pienso, por ejemplo, en las “multas por el apoyo social” que son impuestas a quien tiene más niños que lo previsto por la ley. En lugar de aplicar impuestos, el gobierno debiera ayudar. Por ejemplo, dando subsidios a las trabajadoras que entran en licencia por maternidad”.

Las previsiones de los investigadores chocan con las de la Asociación médica de Beijing –organización estatal sin fines de lucro-, según la cual en el 2016 la capital festejará “más de 400.000 nuevos ciudadanos, el doble de lo registrado en los últimos cinco años”. Lo mismo debería suceder en Shangai.

Los datos oficiales presentados a la Asociación muestran que en el último lustro nacieron cerca de 200.000 niños por año en Beijing. En el 2012, año del Dragón - que es considerado afortunado para los partos- los neonatos fueron 220.000; en el 2015, que sería un año malo para la fertilidad según el calendario tradicional, los nacimientos se quedaron en 172.000.