En junio de 2014, Daesh tomó Mosul. Poco después, a principios de agosto, se hizo con el feudo natural de los cristianos y los yazidíes iraquíes en un área próxima conocida como los Llanos de Nínive.

El ataque final desencadenó un nuevo éxodo de dimensiones bíblicas hacia las ciudades próximas y sucesivas oleadas de desplazados. Unos y otros habían sido abandonados, una vez más, por kurdos y árabes.

Entre ecos de decapitaciones, violaciones y brutalidades, la prensa internacional informaba en las semanas posteriores de que la minoría asiria -denominación étnica de los comúnmente llamados ´cristianos orientales´- estaba haciendo un esfuerzo sin precedentes para crear milicias confesionales cristianas de miles de hombres y plantar cara a las alimañas islamistas.

Fue una enorme mentira.


Un reportaje de una conocida agencia internacional mostraba hace unos meses a varios milicianos asirios pretendiendo defender una iglesia de Telskoff (norte de Irak) reconquistada meses antes por los ´peshmergas´ kurdos de Barzani. Las fotos de estos hombres de las Fuerzas de Protección de los Llanos de Nínive (NPF), claramente montadas para la ocasión, transmitían una tensión bélica y un estado de guerra que allí no se ha vivido desde hace más de un año.

Y lo que es peor, el reportaje, como tantos otros, insinuaba que las NPF tenían un papel militar relevante en aquella zona mayoritariamente defendida por ´peshmergas´ y efectivos de las fuerzas kurdas de seguridad. Los habían visitado 70 periodistas, retratándolos en actitudes impostadas a finales de noviembre, según su propio comandante, Safaa Jamro.
 
“Aunque la mayoría de sus hombres carecen de formación militar, sus chicos saben cómo organizar una ´performance´ cuando los periodistas de Occidente los alientan a jugar a soldaditos para llevarse a casa sus postales ´cristianas´ de la guerra iraquí. Eran mentira, claro, pero nadie dijo nada”, ironiza un empleado de una organización no gubernamental, John B. T.
 
Las NPF tienen previsto incrementar su número de unidades en breve, pero, a día de hoy, apenas son 80 hombres, de los cuales solo 40 están autorizados a luchar en primera línea. En realidad, eran los únicos cristianos orientales de esa supuesta armada de héroes asirios que estaban autorizados para hacerlo hasta la semana pasada, claro que bajo bandera kurda y en ningún caso como una milicia confesional. Comenzarán a recibir adiestramiento militar a partir de este mes de enero.
 
Antes que a una cuestión de fe, su creación obedecía al deseo del Gobierno regional de dinamitar la tentativa de crear una milicia fuera de su control y, tal vez, también a abortar los esfuerzos de otros partidos asirios más agresivamente nacionalistas y hostiles a sus políticas kurdas de asimilación.

Sobre el papel, la unidad fue promovida por una de las formaciones asirias cercanas al líder kurdo Barzani, el llamado Partido Democrático de Beth Nahrain, que lidera Romeo Hakari. La milicia en cuestión a la que pretendían neutralizar son las Unidades de Protección de Nínive (NPU). Lo que a la postre demuestran todas estas organizaciones armadas, es la división política entre los cristianos asirios y el diferente grado de afinidad respecto a los chiíes, los suníes y los kurdos.
 
La similitud de ambos nombres (NPU y NPF) no es meramente casual:compiten abiertamente entre sí.

El equivalente del NPF en el sur de Irak serían las Brigadas Babilónicas, otra milicia cristiana supuestamente formada por varios cientos de hombres que pelean junto a otros voluntarios chiíes de las fuerzas de movilización popular. No es la primera vez que los cristianos se unen a los chiíes. Ya ha sucedido en Líbano.
 
Por otro lado, las NPU no se han creado todavía como tales. Ni siquiera habían sido desplegadas sobre un campo de patatas, pese a que algunas de las cabeceras más prestigiosas de la prensa internacional se apresuraron ya hace un año a difundir la extravagante idea de que los asirios habían conseguido reunir un gran ejército para reconquistar sus tierras.


“Miles de cristianos iraquíes forman su propia milicia para luchar contra ISIS”, titulaba ´The Independent´ el pasado año en alusión a las Unidades de Protección de Nínive (NPU), todavía hoy en gestación, mencionando de pasada como fuente al ´Catholic Herald´.
 
En realidad, los miles de hombres a quienes se referían eran los aspirantes que concurrieron al primer proceso de selección de la unidad. Cuando se complete ese proceso, ahora reactivado con la ayuda del general asirio Behnan y bajo los auspicios del Movimiento Democrático Asirio (ADM) o Zowaa, pasarán a depender de una suerte de guardia nacional creada por Bagdad para aglutinar a las milicias y neutralizar el tribalismo secesionista que amenaza con dividir el país en pequeños miniestados étnicos.
 
En efecto, jamás existió semejante ejército cristiano. A día de hoy, ni siquiera han completado su entrenamiento los primeros 300 hombres reclutados.Todavía no hay dinero para armas, ni pertrechos. 


Un aventurero americano -Matthew Van Dyke- se obstinó en adiestrar a las primeras promociones de reclutas desde diciembre de 2014 hasta mayo del pasado año, con la idea de crear una suerte de ejército cruzado. Tomaron prestadas las armas a los kurdos y las devolvieron al término del periodo de adiestramiento, momento en el que se disolvieron hasta nueva orden.

Van Dyke terminó siendo invitado a irse por los promotores de la milicia en medio de un escándalo que explica el origen de buena parte del equívoco y arroja, sobre todo, alguna luz sobre los intereses económicos en liza que enmascaran la ´cruzada´.
 
Durante los meses siguientes, Zowaa mantuvo la ficción por cuestiones ´operativas´. A la llamada de la prensa, se concentraba a algunos de los bostezantes miembros de la guardia del partido junto a una de sus oficinas, normalmente en los aledaños de la ciudad cristiana de Alqosh (Kurdistán iraquí). Se traían el AK-47 de casa junto con la fiambrera para posar desordenadamente para las fotos preceptivas. Era importante para ellos, entre otras cosas, porque precisaban recabar dinero entre la diáspora y los cristianos del planeta.


La necesidad de una milicia era real y la de dinero para crearla, también. La mentira consistía en afirmar que estaban peleando contra el Estado Islámico o que se disponían a hacerlo, cuando no insinuaban que disponían ya de cientos de hombres movilizados. De hecho, el NPU se está constituyendo todavía para actuar como una suerte de guardia, con funciones defensivas, quizá también policiales, y con vistas al complicado escenario político post-Daesh que se avecina. Eventualmente, podrían tomar parte en la ofensiva final contra Daesh. Eso, sí consigue crearse la unidad a tiempo.
 
A pesar de que esa primera tentativa de constituir las NPU jamás fructificó, los medios perseveraron y siguieron difundiendo la existencia de una o varias milicias confesionales unidas por su fe cristiana y decididas a plantar cara a las “alimañas islamistas” que los asesinaban por docenas.

“Los cristianos iraquíes toman las armas para reconquistar sus territorios perdidos”, titulaba ´Al Monitor´ en agosto del pasado año, pasando por encima de un detalle relevante. Si tal y como sucedió, solo 40 asirios de las NPF habían sido autorizados en esa fecha para unirse a los kurdos en el frente, ¿qué clase de milicia arrebataría a Daesh un territorio que no supo defender el ejército regular kurdo con miles de ´peshmergas´ y artillería pesada?

 
El efecto rebote de semejante disparate encendió las pasiones de no pocos occidentales; alentó un peligroso espíritu de cruzada y reforzó la idea de conflicto religioso, antes que económico, político o étnico.

Según los propios cristianos, la idea empeoró las cosas notoriamente, al convertirles en víctimas de esta endeble alianza emocional con los occidentales, que tanto resquemor provoca entre los orientales y tantos problemas les ha originado a lo largo de la historia. En Turquía, sin ir más lejos, fueron asesinados por ´traidores´ alrededor de un millón de armenios durante la Primera Guerra Mundial: o lo que es lo mismo, porque los consideraban aliados de la Rusia zarista. Esto solo era parcialmente cierto en el caso de los armenios.
 
A remolque del dislate, ´skinheads´, ´neocons´ y ultras de todo el planeta creyeron estar siendo convocados a la Guerra Santa. El ´International Business Times´ identificó el pasado año a un puñado de ´iracundos hombres blancos´ entre los voluntarios de Dwekh Nawsha.

“¿Está convocando el papa Francisco una cruzada?”, se preguntaban en su sitio web United Skinheads, mencionando una crónica de Reuters de 2014, donde, en realidad, se aseguraba: “El Pontífice llama a la acción en favor de los cristianos iraquíes que han tenido que huir”.

Lo que el Papa pedía a la comunidad internacional era que “pusiera fin a la crisis humanitaria y protegiera a las personas amenazadas por la violencia suministrándoles ayuda”. Su mensaje, absolutamente incluyente, no mencionaba siquiera el credo de las víctimas (en su mayoría, cristianas y yazidíes).
 
Y mientras no pocos periodistas del planeta retrataban a estos milicianos asirios en situaciones ficticias de combate servidas o sugeridas como "fuego real", ciertas organizaciones reclamaban dinero en Occidente para milicias que, en algunos casos, ni siquiera se habían constituido formalmente.


“Tenemos otros problemas: la terrible crisis económica que ha provocado en Irak este conflicto, la ocupación de nuestras tierras, la caída espectacular delprecio del petróleo y los miles de desplazados por las conquistas de Daesh”, asegura a El Confidencial Esam Youkhana, uno de los responsables de la Entidad de Abnaa Al Nahrain, una formación asiria que literamente significa Hijos de Mesopotamia.

En efecto, hace más de cinco meses que los funcionarios y los pensionistas del Kurdistán no cobran su salario. Pasado el temporal de la ocupación de Nínive, nadie asesina en estos momentos a los cristianos en el Kurdistán iraquí. En todo caso, la pobreza, la marginación, la angustia y el desarraigo que crece entre los desplazados.

Harina de otro costal son Siria y Bagdad; la primera, devastada por una cruenta guerra, y la segunda, todavía vapuleada, aunque menos que hace algunos años, por los ataques terroristas. Estas pasadas navidades hubo varios. A diferencia de lo sucedido en Kamisli (Rojava, norte de Siria), todas las víctimas eran musulmanes.
 
Por otro lado, estas fotos fabricadas por la prensa de cruzados extranjeros y de milicianos asirios en la vanguardia de la lucha contra el ISIS han ejercido un efecto llamada entre los extranjeros que incomoda, y no poco, al Gobierno Regional del Kurdistán. “Son un problema. Es cierto. Y los desalentamos a venir cuanto podemos, pero no podemos negarnos en redondo”, confiesa a El Confidencial un mando medio de las fuerzas de seguridad desplegadas en el frente de Bakufa, mientras visitamos la otrora ciudad cristiana de Telskoff, hoy un siniestro cadáver urbano hendido por mil calles vacías y espectrales y en parte reventado por las luchas que se mantuvieron en su periferia.

A cambio de acoger a los occidentales en sus brazos y, llegado el caso, de protegerlos en el frente para evitar que sean acribillados, reciben una importante dosis de legitimación internacional y propaganda. Esa ha sido, en realidad, la mayor aportación de esta legión de voluntarios.
 
Nadie duda en Irak que los partidos asirios que apadrinaban las partidas militares contribuyeron al equívoco, diseminando información errónea y reclamando apoyo económico para pertrecharlas. Los aborígenes de Mesopotamia coinciden en que siguen siendo necesarias, claro que no para combatir a Daesh.

En opinión de un parlamentario de la Entidad de Abnaa Al Nahrain, Srood Maqdasi, “lo ideal sería crearla bajo la supervisión de un consejo que aglutinara a todas las formaciones políticas y que impidiera que se produjeran más irregularidades”.

Hace ahora unas semanas, el presidente checo Milos Zeman se sorprendía de que muchos de los refugiados cristianos de Irak que llegaron a su país fueran varones jóvenes solteros. “Deberíais estar peleando contra Daesh en lugar de haber venido aquí”, les recriminó. ¿Dónde? ¿Cómo?