El pequeño de 12 años hijo del señor y la señora Bailon se quedaba dormido de repente, entraba en trance y musitaba palabras en lenguas extrañas. Tres médicos distintos y multitud de pruebas no encontraron nada, y sus padres acudieron a todo tipo de santerías antes de presentar el caso al padre José Francisco Syquia.

La Oficina de Exorcismos de la Iglesia filipina se creó en 2006 ante el incremento de posesiones diabólicas reales o supuestas que llegaban hasta los sacerdotes, en particular en la última década. La dirige el padre José Francisco Syquia, de 48 años, quien lleva doce de ellos consagrado a este ministerio y, como reconoce a NPR (National Public Radio), se siente ya desbordado. Los casos no paran de crecer, y suman ya doscientos en lo que va de año.

"Hemos llegado a tener treinta a la vez, y somos sólo cinco exorcistas", explica, además de un equipo de voluntarios del que forman parte psiquiatras, médicos, abogados y algunos laicos.

Recientemente Syquia envió una carta a los obispos filipinos explicando la situación y pidiendo que en cada una de las 86 diócesis del país haya un exorcista: "La mayoría no lo tienen, así que muchos filipinos acuden a ocultistas, sanadores, espiritistas, etc.", lo cual incrementa el número de posesiones porque "dejan las ventanas espirituales abiertas" para el demonio.

Una sesión de exorcismo puede ser agotadora, con hasta cuatro horas de oraciones: "Es muy cansado", corrobora uno de los sacerdotes del equipo, el padre Winston Cabading, también secretario general de la Universidad de Santo Tomás. Y suelen ser necesarias varias sesiones para expulsar a los diablos.

Tras lo cual, además, los demonios suelen revolverse contra el sacerdote que les ha expulsado. Uno de los exorcistas ha tenido que dejarlo a consecuencia de enfermedades inexplicables: "Contamos con que habrá represalias. Al fin y al cabo, somos comandos que saltamos tras las líneas enemigas para rescatar a quien en realidad pertenece a Dios".

Como el niño de los Bailon. Tras 14 sesiones de oraciones a lo largo de diez meses, el chico ya es "casi" quien era, dice su padre. Un expediente, pues, "casi" resuelto, pero que se suma a la elevada pila pendiente de la decisión de los obispos que el equipo del padre Syquia espera como una bendición.