“El colectivo cristiano es el más perseguido y el que menos derechos humanos tiene, incluido la libertad religiosa”.

Así de claro se expresó Justo Lacunza, sacerdote de la Sociedad de Misioneros de África, conocidos como Padres Blancos, y rector emérito del Instituto Pontificio de Estudios Árabes e Islámicos (PISAI).

El padre Lacunza denunció la situación “precaria, peligrosa y desastrosa” que padecen los seguidores de Cristo en 194 países del mundo. En esta cifra coinciden dos informes autorizados: el de Libertad Religiosa de EEUU de 2012 y el de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN).

El padre Lacunza fue uno de los conferenciantes en la mesa redonda “La persecución de los cristianos en el Medio Oriente”, la primera celebrada en España por Fuente Latina. Esta organización sin ánimo de lucro tiene como objetivo principal “ofrecer información en español sobre Israel y el Medio Oriente a periodistas y destacados funcionarios políticos en América Latina y el mundo de habla hispana”.

Su directora, Leah Soibel, explicó que Fuente Latina en el Medio Oriente se dedica a “organizar conferencias y eventos, facilitar entrevistas con expertos, llevar a cabo giras en los medios de comunicación y cubrir historias menos conocidas”.

El misionero denunció, en un discurso claro y encendido, la “situación particularmente precaria” de los cristianos “en Oriente Medio y en África Occidental”. Y también denunció la "apatía e indiferencia de los grandes de las naciones", con una referencia especial a la ONU, alegando que "no se le da la importancia suficiente a la precariedad de las minorías cristianas y de las comunidades judías en el Oriente Medio".

Asimismo señaló la persecución solapada de cristianos y judíos en otros países no orientales, y puso como ejemplo Suecia, donde “en 2013 se han registrado 65 ataques violentos contra comunidades judías”.




Tantos judíos como cristianos, recordó, "pertenecen a la acción histórica y civilizadora" en Oriente Medio. En esta región los cristianos conforman un amplio "abanico de ritos, liturgias y lenguas": los armenios (“muy perseguidos sobre todo en Aleppo, más de 10.000 han salido de Siria para evitar un genocidio como el de 1915”), los asirios, los coptos –ortodoxos, católicos y evangélicos-, los griegos –ortodoxos y católicos-, los maronitas y los sirios. Todos ellos, indicó, "utilizan lenguas como el árabe, el latín, el hebreo u otras antiquísimas para expresar su fe cristiana. Hoy estas minorías cristianas están siendo vapuleadas y perseguidas".

El padre Lacunza terminó su intervención recordando la Declaración de Al Qaeda de 23 de febrero de 1996, llamada "Declaración de guerra contra los americanos, los judíos y los cruzados" (los cristianos).

Tras desvelar que tuvo que hacer "de tripas corazón" para leer detenidamente este documento, compartió la conclusión más importante que sacó del texto: que era "fruto de un gran grupo de expertos" en muy diversas materias. A partir de esta declaración, firmada por Osama Bin Laden, señaló, "sube la fiebre contra judíos, cristianos y, en política, contra los americanos".


Otro interviniente en la conferencia fue Jorge Marirrodriga, periodista y editor jefe de la edición América de El País, quien reflexionó sobre las persecuciones religiosas y el tratamiento que estas reciben en los medios de comunicación.

Comenzó valorando que “el siglo XX no es para estar orgulloso, y lo que llevamos de XXI, tampoco. El siglo XX es el siglo de la persecución religiosa en todo el mundo”, afirmó. “Se calcula que han muerto más cristianos perseguidos en el siglo XX que en los 19 anteriores”.

Marirrodriga considera que se da una escasa cobertura a esta realidad en los medios, “salvo hechos muy puntuales”.

Esto, a su juicio, es porque la información religiosa es “incómoda” por dos tipos de razones. Las primeras son prácticas: “Vivimos en una sociedad en la que lo que cuenta es el estímulo inmediato y nos cansamos a los diez minutos de lo demás. La información constante en el tiempo tiende a perder interés”.

Las segundas son ideológicas: “Desde hace 200 años hay una pugna en Occidente entre un sector que considera que la religión debe quedar relegada al ámbito privado –y cuanto más privado mejor- y otro que piensa que debe salir a la esfera pública”. Y esta división, indica, no es ajena a los medios de comunicación.




En cuanto a la situación de la libertad religiosa en el mundo, Marirrodriga, que ha trabajado como periodista en Oriente Medio, considera que “Occidente vive en una especie de burbuja”.

Pone como ejemplo la diferencia entre acudir a un templo en España, donde no supone un riesgo, y hacerlo en otras ciudades del mundo, donde “no todos los que van al templo saben si van a volver con vida”.

De su paso por Siria e Irak destaca la “inmensa riqueza cultural”, entendiendo por tal la “humana”, que existe en estos dos países. “Uno no se da cuenta del abanico del cristianismo hasta que no va a Oriente Medio, y el cristianismo de Oriente Medio está desapareciendo a marchas forzadas”, se lamenta.


Por último participó el abogado y profesor de la Universidad San Pablo CEU Ricardo Ruiz de la Serna, quien disertó sobre la figura jurídica del asilo político. Este indicó que esta forma de protección está concebida “para personas singulares”, y no para “colectivos”. Por lo tanto, consideró, es una figura que “se presta mal a campañas de comunicación”.

El asilo político está originariamente pensado para la “persecución política”, y no para la religiosa. Por eso podemos saber “cuántos opositores cubanos han solicitado asilo, pero no cuántos cristianos perseguidos”. Que un cristiano viva en un país que sufre persecución religiosa no constituye una “prueba suficiente jurídicamente hablando”. Por eso, concluye, “a veces el asilo político no es la mejor opción”.