En los últimos 4 años, e incluso en los últimos 4 meses, muchas iglesias cristianas de gran tamaño han elegido sus Primados o Patriarcas y casi todos apuestan por prelados con vigor físico, en torno a los 60 años, o incluso en la cincuentena.

Esto no se da solo en iglesias anglicanas u ortodoxas, sino que en la misma Iglesia católica, en sus ramas de rito oriental, se está optando por Primados y Patriarcas jóvenes, entre 40 y 65 años.











El caso más radical se ha dado en la misma Iglesia Católica, más en concreto, en los católicos ucranianos de rito bizantino: Sviatoslav Shevchuk, su Primado y arzobispo mayor, tiene 43 años, y en marzo de 2011 fue elegido con solo 41 años. Pastorea unos 6 millones de fieles, muchos de ellos fuera de Ucrania, en América y otros continentes.

El Katolikós de los católicos siro-malankares de la India, Baselios Cleemis, tiene sólo 53 años, y fue elegido para el cargo en 2007, con 48 años. Es el 

cardenal más joven de la Iglesia Católica. Pastorea 300.000 fieles.

El nombramiento más reciente en las iglesias católicas orientales es el del iraquí Luis Rafael I Saco, Patriarca de los Caldeos, que a sus 64 años pastorea desde el 31 de enero a 1,3 millones de católicos caldeos.

Para reafirmar la tendencia, tenemos al recién estrenado Patriarca de los coptos católicos: Ibrahim Isaac Sidrak, de 57 años, pastorea desde el 15 de enero a esta pequeña comunidad de unos 200.000 egipcios. 

Otro caso interesante es el de George Alencherry, arzobispo mayor de los católicos siro-malabares, de la India: él es más mayor, pero tiene 67 años, no es un octogenario, y pastorea 3,7 millones de fieles. Es Arzobispo Mayor de los malabares desde 2011, y al ser cardenal y tener una edad adecuada, podría ser un "papable" de los países emergentes.

Rompe la tendencia el cardenal y Patriarca de los católicos maronitas, Béchara Boutros Rai, nombrado en 2011, que pastorea a 3,2 millones de fieles, pero que tampoco es octogenario: tiene 73 años. 


Si dejamos el mundo de las Iglesias en plena comunión con Roma y repasamos otras iglesias cristianas, la tendencia sigue clara.

La empezaron a marcar los armenios: Karekin II, fue elegido Patriarca armenio con tan solo 48 años, en 1999, hoy tiene 62 años y pastorea a 10 millones de fieles.



El siguiente fue el Patriarca de la más grande de las iglesias ortodoxas: la rusa. El Patriarca Kiril I fue elegido en febrero de 2009 con 62 años; ahora tiene 66. Pastorea a 150 millones de fieles (aunque las estadísticas muestran que apenas un 2% van a los templos en Navidad, por ejemplo). 


Teodoro II fue elegido hace un par de meses como "Papa" copto

, líder de 14 millones de fieles en Egipto: tiene 60 años. Sucede al anciano Shenouda III, que murió después de guiar a los coptos durante más de 40 años.

Más reciente todavía: Juan II, el Patriarca de la Iglesia Greco-ortodoxa de Antioquía, entronizado esta semana, el 10 de febrero de 2013, tiene 56 años: pastorea a 2 millones de sirios y libaneses.

Y en la Comunión anglicana, con 70 millones de fieles, el año pasado vimos la renuncia del arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, que va a ser sustituido por Justin Welby, nuevo Primado anglicano, que tiene sólo 57 años.

Queda por último ver qué pasa con la numerosa Iglesia Copta Etíope (45 millones de fieles) que lleva desde verano en sede vacante tras la muerte de su último primado.

Incluso el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo I, que tiene 73 años, fue elegido hace 22 años, en 1999, cuando tenía 51 años.


Para Benedicto XVI, que ha considerado la unidad de la Iglesia y el diálogo ecuménico una de sus prioridades y que siempre tuvo una visión auténticamente global de la Iglesia, parece que se hizo evidente que hay una nueva generación de líderes que tienen en torno a 60 años, que son capaces de atreverse a cosas que prelados octogenarios no tendrían fuerzas para desarrollar y que trabajan a otros ritmos y con otros lenguajes, más adaptados a la aceleración de nuestra época. 

Por eso muchos han señalado sus palabras sobre «el mundo de hoy, sujeto a rápidas mutaciones». Eso incluye que los nuevos líderes de las Iglesias cristianas, quizá menos atados a viejas heridas y rencillas que líderes más ancianos, puedan buscar caminos de unidad creativos y atrevidos en una sociedad cada vez más plural pero a la vez hostil a la fe y globalizada en sus expresiones culturales.