Ningún católico digno de este nombre puede ser indiferente a la situación de crisis que ya hace unas décadas padece la Iglesia. Ni dejará de valorar positivamente todos los datos que se aporten para detectar sus causas porque conocer la naturaleza de estas es conocer la de sus remedios. Otra postura irá directamente contra el más elemental sentido común.
 
Así lo cree el que esto suscribe y por eso privada y públicamente ha manifestado sus reservas frente al entusiasmo de algunos medios ante lo que se llamó la “política de tolerancia cero” en los casos de pederastia. Y no porque dicho crimen no sea merecedor de las más graves sanciones sino porque —tal como se ha presentado— abordaba esta manifestación de podredumbre moral en su desembocadura y no en sus raíces. Y si no se atacan las raíces volverán aparecer los frutos del mal.
 
Claro está que corresponde a historiadores profesionales el estudio sintético de las causas de una devastación tan descomunal. Pero los que no lo somos sí que podemos presentar y recordar los análisis y previsiones —que en más de un caso se ha revelado proféticas— de las decisiones que en la cumbre de la jerarquía eclesiástica del momento iban a generar lo que con toda propiedad se llamó “autodemolición de la Iglesia”.
 
Análisis y previsiones que no fueron obra de personajes irrelevantes sino todo lo contrario. Porque no lo eran los autores del llamado Breve examen crítico del Novus Ordo Missae que, avalado por una carta introductoria de los Cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci, fue presentado al papa Pablo VI el 25 de septiembre de 1969.

 
Tampoco eran irrelevantes los firmantes de otra carta que al mismo Papa y sobre el mismo tema de la reforma litúrgica le fue enviada con fecha de octubre de 1971 por el Primado de Inglaterra, Mons. John C. Heenan, que también la avalaba. El Papa la leyó.
 
Se sabe que terminada la lectura echó una mirada a los nombres de sus remitentes, más de ochenta representantes de la cultura del siglo XX. Uno de los primeros era el de la creadora de Hercules Poirot, y al verlo Pablo VI exclamó: “¡Oh, Agatha Christie…!”. Fue suficiente. Sin seguir sobre el resto, asintió y dio curso al indulto. Sin embargo, el entonces Prefecto de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Mons. Bugnini, encargado de comunicar la respuesta Pontificia, anexó a ésta una nota personal sugiriendo que dicho permiso se mantuviera en la mayor reserva
 
Pero conviene que recordemos este breve texto en su totalidad:
 
Si algún decreto insensato llegase a ordenar la destrucción total o parcial de las basílicas o las catedrales, obviamente serían las personas beneficiadas por la cultura -cualesquiera fuesen sus creencias personales-, quienes se alzarían horrorizadas en oposición a una posibilidad tal. Ahora el hecho es que las basílicas y catedrales fueron construidas para celebrar un rito que, hasta hace unos meses, constituía una tradición viva. Nos estamos refiriendo a la Misa Romana Tradicional. Aún así, de acuerdo a las últimas informaciones provenientes de Roma, existe un plan para hacer desaparecer dicha Misa hacia fines del año en curso. Uno de los axiomas de la publicidad contemporánea, tanto religiosa como secular, es que el hombre moderno en general, y los intelectuales en particular, se han vuelto intolerantes a toda forma de tradición y están ansiosos por suprimirlas y poner alguna otra cosa en su lugar. Pero, como muchas otras afirmaciones de nuestras máquinas publicitarias, este axioma es falso. Hoy, como en los tiempos pasados, la gente culta está a la vanguardia, allí donde es necesario el reconocimiento del valor de la tradición, y son los primeros en dar la voz de alarma cuando ella es amenazada. No estamos considerando en este momento la experiencia religiosa o espiritual de millones de individuos. El rito en cuestión, en su magnífico texto latino, los ha inspirado una pléyade de logros artísticos invalorables, no sólo obras místicas sino la de poetas, filósofos, músicos, arquitectos, pintores y escultores de todos países y épocas. De este modo pues, el Rito pertenece a la cultura universal, tanto como a los hombres de Iglesia y a los cristianos formales. En la civilización materialista y tecnocrática de hoy con su creciente amenaza para la mente y el espíritu en su expresión creativa original -la palabra- parece especialmente inhumano privar al hombre de formas verbales que han alcanzado su más excelsa manifestación. Los firmantes de este pedido, que es completamente ecuménico y apolítico, proceden de cada una de las ramas de la cultura europea y de otras partes, quieren llamar la atención de la Santa Sede sobre la apabullante responsabilidad en la que incurriría en la historia del espíritu humano si se negara a permitir la subsistencia de la Misa Tradicional, incluso aunque esta subsistencia tuviera lugar junto con otras formas litúrgicas”.
 
Firmado: Harold Acton, Vladimir Ashkenazy, John Bayler, Lennox Berkeley, Maurice Bowra, Agatha Christie, Kenneth Clark, Nevill Coghill, Cyril Connolly, Colin Davis, Hugh Delargy, +Robert Exeter, Miles Fitzalan-Howard, Constantine Fitzgibbon, William Glock, Magdalen Gofflin, Robert Graves, Graham Greene, Ian Greenless, Joseph Grimond, Harman Grisewood, Colin Hardie, Rupert Hart-Davis, Barbara Hepworth, Auberon Herbert, John Jolliffe, David Jones, Osbert Lancaster, F.R. Leavis, Cecil Day Lewis, Compton Mackenzie, George Malcolm, Max Mallowan, Alfred Marnau, Yehudi Menuhin, Nancy Mitford, Raymond Mortimer, Malcolm Muggeridge, Iris Murdoch, John Murray, Sean O´Faolain, E.J. Oliver, Oxford and Asquith, William Plomer, Kathleen Raine, William Rees-Mogg, Ralph Richardson, +John Ripon, Charles Russell, Rivers Scott, Joan Sutherland, Philip Toynbee, Martin Turnell, Bernard Wall, Patrick Wall, E.I Watkin, R.C. Zaehner, Jorge Luis Borges, Giorgio De Chirico, Elena Croce, W.H. Auden, Bresson e Dreyer, Augusto Del Noce, Julien Green, Jacques Maritain, Eugenio Montale, Cristina Campo, François Mauriac, Salvatore Quasimodo, Evelyn Waugh, Maria Zambrano, Elémire Zolla, Gabriel Marcel, Salvador De Madariaga, Gianfranco Contini, Giacomo Devoto, Giovanni Macchia, Massimo Pallottino, Ettore Paratore, Giorgio Bassani, Mario Luzi, Guido Piovene, Andrés Segovia, Harold Acton.
 

María Zambrano

José Luis Borges

Andrés Segovia

La insigne novelista y sus 79 compañeros obtuvieron un éxito relativo ya que el indulto se aplicaría a unos pocos lugares de culto. Pero al menos obtuvieron eso porque cuando intelectuales como Jean Guiton o Jacques Maritain pidieron poco después que se mantuviera en el Credo en lengua vernácula el Consustancial del Concilio de Nicea no consiguieron nada, absolutamente nada del “papa del diálogo”.
 
Estos sucesos con sus éxitos relativos o nulos merecen ser estudiados porque aun cuando hayan de ser encuadrados en un panorama mucho más amplio y variado creemos están en la raíz de la crisis actual y para corregir el efecto se ha de conocer sus causas.