El estudio de este episodio tiene a mi modesto juicio un interés muy particular y es que dado su desenlace marcó profundamente toda la mentalidad y los esfuerzos de lo que llamaríamos el "catolicismo conservador español". Eso no significa que no hubiera excepciones, pero escasamente representativas.

El conservadurismo va no sólo a desinteresarse sino a mirar con recelo y hostilidad todo intento de mantenimiento o recuperación de la Liturgia tradicional. Y no sólo de la tradicional romana sino incluso de la autóctona. En este sentido, se sabe que en Toledo se llegó a pensar en la supresión, sin más, del rito mozárabe. Algo que al final no se produjo pero a cambio de la aplicación a este venerable rito de reformas muy similares a las del romano.

El interés de la cuestión es que también permite conocer algunas claves de la crisis de la Iglesia cuyas cabezas actúan en la más abierta contradicción. Por un lado Pablo VI rechaza la súplica que en estos términos le dirigen los Cardenales Ottaviani y Bacci en la carta adjunta al Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae:

"Por todo esto suplicamos instantemente a Vuestra Santidad no querer que nos sea quitada –en un momento que la pureza de la Fe y la unidad de la Iglesia sufren tan crueles laceraciones y peligros cada vez mayores- la posibilidad de seguir utilizando el íntegro y fecundo MISSALE ROMANUM de San Pio V, tan altamente alabado por Vuestra Santidad y tan profundamente venerado y amado por el mundo católico entero.

Añadiré que también rechaza la súplica de mantener la Liturgia que su amigo Jean Guiton le hará para Francia. "Eso jamás", dice que le respondió el papa. Si a Guiton le respondió eso, a los dos cardenales y a los curas españoles -autores de la carta que vamos a glosar- ni les respondió sino que los segundos tuvieron que conformarse con ver rechazada su petición -que era la misma que la de los Cardenales Ottaviani y Bacci- en una breve y cortante carta de
Annibale Bugnini C.M, Secretario del organismo denominado Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia.

Y la contradicción está en que unos 40 años después el Motu proprio Summorum Pontificum afirmará impávido que "es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que no se ha abrogado nunca, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia".

Pero vamos a los hechos…


Pablo VI y los observadores protestantes del Consilium: Rev. Jasper, Dr. Shepherd, Prof. George, pastor Kenneth, Rev. Brand y el Hno. Max Thurian de Taizé

El 6 de abril de 1969 la Sagrada Congregación de Ritos promulgaba el novus Ordo Missae -en adelante nos referiremos a él como Nueva Misa- para que entrase en vigor el 30 de noviembre del mismo año.
 
Y se produjo la primera reacción por parte de dos cardenales de la Curia Romana: Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci que enviaron a Pablo VI el 5 de junio de 1969 lo que se llamó Breve Examen Crítico cuyo texto -que se encuentra fácilmente en la red- iba acompañado de una carta de los dos purpurados en la que aparece un párrafo que creemos resume y compendia los resultados del estudio que de la Nueva Misa hizo un grupo de teólogos al decir de ella lo siguiente:
 
“…se aleja de manera impresionante, en conjunto y en detalle, de la teología católica de la Santa Misa tal como fue formulada en la XXII Sesión del Concilio de Trento, el cual, al fijar definitivamente los cánones del rito, levantó una barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera menoscabar la integridad del Misterio”

Como motivación para la lectura del Breve Examen Crítico añadiré que no sólo se ocupan de la contradicción entre el novus Ordo Missae y Trento sino que también lo hace con respecto al mismo Vaticano II, al magisterio de Pablo VI y a la Mediator Dei de Pio XII. También parece importante subrayar que dada su fecha de entrega al Papa, no se están analizando los abusos que se seguirían del mismo sino el Novus Ordo en sí mismo.
 
En España, como prácticamente en todo el mundo católico, se llevaban ya años de experimentaciones litúrgicas que habían producido desorientaciones y sufrimientos incalculables. El que todo aquel maremagnum se viera de algún modo oficializado por las más altas instancias romanas colmó la medida de lo aceptable y se produjo una reacción que también iba a ser firmada por dos personas –Mosén Joseph Bachs y Mosén Joseph Mariné- representantes de los cerca de 6.000 sacerdotes integrantes de la Hermandad Sacerdotal Española.

El
5 de noviembre de aquel año de 1969 enviaron una primera carta al Papa a la que seguiría una segunda el 11 de diciembre, esta última acompañada de otra dirigida al ya citado Annibale Bugnini.

En esta carta responden a las declaraciones que éste hizo indicando que cabía la posibilidad de una excepción, privilegio o indulto a favor de aquellos sacerdotes cuya edad o salud les privara de condiciones físicas necesarias para adaptarse a la nueva misa. Y le responden que las capacidades que a ellos les faltan no son las físicas sino las morales, intelectuales y espirituales. Le recuerdan las alabanzas de Max Thurian a la nueva misa y su afirmación de que era posible celebrarla permaneciendo protestante y añadían esto: “la herejía no puede jamás ser materia de obediencia”.
 
Lo substancial de las dos cartas al Papa consiste en la petición de un permiso para seguir celebrando la Misa de siempre basándose en los graves defectos doctrinales de la nueva. Y apoyaban este juicio en dos sólidos fundamentos:

1) El Breve Examen Crítico de los dos cardenales de cuya carta de presentación ya cité antes un párrafo.
2) Las alabanzas públicas que había dedicado a la Nueva Misa el destacado teólogo protestante Max Thurian (La Croix, 30 de mayo de 1969). Él afirmaba que con la Nueva Misa "…las comunidades no católicas podrán celebrar la Santa Cena con las mismas plegarias que la Iglesia Católica. Teológicamente es posible”




Como pocas cosas tan eficaces como el contraste para acercarnos a la realidad (Salud- enfermedad; alegría-tristeza; amistad-soledad) digamos algo a propósito de otro acontecimiento.

Porque aquellas eran también las fechas de otro acontecimiento –otro en todos los sentidos- en el que también iba a ser muy otra la reacción de Pablo VI. Se trata del llamado Concilio Pastoral Holandés (1967-1969) y a los nueve obispos que con el cardenal primado de Holanda presidían la asamblea que con una mayoría del 90 % exigían ni más ni menos que la supresión del celibato sacerdotal, el sacerdocio femenino, la participación deliberativa de los obispos en los decretos del Pontífice, y de los laicos en los de los obispos así como el rechazo de la Humanae vitae (que firmaron también los 9 obispos de Holanda con el cardenal primado Alfrink en cabeza) a estos sí que les escribió Pablo VI una carta autógrafa que puede encontrarse en el Osservatore Romano del 13 enero de 1970 y de la que extractamos algunos párrafos que nos dan una idea de la actitud que adopta con los rebeldes el mismo Papa que no tuvo ni una palabra de cortesía para los que simplemente le pedían que les dejara seguir celebrando la Misa de su ordenación. Pienso que una frase de la carta a los obispos de Holanda con relación al concilio pastoral nos da una idea del abismo que separaba la actitud del Pontífice cuando trataba con los holandeses de cuando lo hacía con los que le pedían mantener el Misal tradicional.

Pablo VI comienza diciendo que "no puede esconder que los informes sobre ciertos proyectos admitidos por el episcopado como base de discusión, así como ciertas afirmaciones doctrinales que figuran en ellos, le dejan perplejo y le parece que merecen serias reservas". Concretando esto dirá más adelante: "…la misión de la Iglesia se presenta como puramente terrena, el ministerio sacerdotal como un oficio conferido por la comunidad, el sacerdocio es disociado del celibato y atribuido a las mujeres, y no se habla del Papa más que para minimizar su función y los poderes que le han sido confiados por Cristo".
 
¿Y qué se le ocurre decir a Pablo VI ante todo esto?. "Nuestra responsabilidad de Pastor de la Iglesia universal nos obliga a preguntaros con toda franqueza: ¿qué pensais que Nos podríamos hacer para ayudaros, para reforzar vuestra autoridad, para que podais superar las dificultades de la Iglesia en Holanda?".
 
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¿Por qué recordar estos hechos? Aparte del conocimiento histórico en sí mismo creo nos pueden ayudar a entender las limitaciones del pensamiento conservador católico español. Y a librarnos de ellas.