Deborah Giovanati, católica vinculada a Comunión y Liberación, es un caso llamativo de vocación política natural. Dejó su trabajo como abogada para consagrarse a sus hijos... pero luchar por sus hijos e implicarse en su entorno social la llevaron a un cargo público. Actual concejal de distrito en Milán, el 4 de marzo aspira a convertirse también en diputada en el Consejo Regional de Lombardía. Caterina Giojelli ha hecho un perfil de su trayectoria en Tempi:

Verdaderamente, el mundo lo sostienen las enaguas: incluso los hombres, decía Chesterton, jueces, sacerdotes y reyes, las llevan cuando desean gobernar. Y a propósito de gobierno, Deborah Giovanati, candidata de la lista NCI [Noi con l'Italia] en las elecciones regionales en Milán, parece salida de una página de Chesterton.


 
Nacida en Cremona, milanesa de adopción, es una de esas mujeres que te imaginas manteniendo eternamente en equilibrio la barca porque siempre se sienta en la parte del más pequeño, débil, ligero, desafortunado. Giovanati es, en resumen, una equilibradora, lo que, pensándolo bien, es un oficio generoso, peligroso y romántico: en esto pensaron en la mini ex Stalingrado de Milán, conocido también como Municipio 9, cuando la votaron en las elecciones administrativas de 2016.


En total, 634 sufragios, la más votada de la coalición en todas las zonas de la ciudad. Nadie la superó, a ella, la madre del [barrio] Niguarda, que corría como una loca de un lado para otro con bolsas de la compra y mochilas escolares; la madre que se reunía con padres, ancianos, discapacitados, a la que veías en el colegio, en el parque, el mercado, llevando siempre con ella un pequeñajo de rostro curioso y burlón; la que dejó ese trabajo en un importante bufete para criar a sus tres hijos y transformarse, después, en una monopolizadora de abuelos que tienen demasiados nietos.

La lista era Milano Popolare y, sin embargo, la señora del panadero se lo había dicho: "Yo no votaría al [Stefano] Parisi, votaría al [Beppe] Sala, pero al Sala no lo veo moverse por aquí. A usted sí, la veo todos los días y me digo: 'Mira esa joven mujer con sus hermosos hijos'".



Así, con los votos de la gente real del barrio, que aún conserva la antigua sabiduría de la simpatía ante el encuentro de un rostro sonriente y despeinado, con el cochecito atascado en los socavones de los laberintos de la ciudad, Giovanati ha visto como la nombraban consejera de educación, instrucción, políticas sociales, salud y hogar y, también, delegada de igualdad.

"Fue un amigo mío de la junta del Municipio 9 el que propuso mi candidatura. Era su peor acosador, lo perseguía a todas horas para señalarle casos de familias en condiciones difíciles; él me escuchaba y luego le agotaba con historias relacionadas con los pisos de las zonas populares, con escuelas y estructuras que se caían a pedazos, le avisaba de los socavones que veía cerca de las vías de la línea del tranvía, de la ausencia de zonas de parking libre. En resumen, de todo. Así, cuando se convocaron las elecciones administrativas, me llamó aliviado: 'Debbie, hay sitio para ti'".


Deborah, junto a otros miembros y simpatizantes de Milano Popolare, en la clausura de la campaña de junio de 2016.

En ese sitio Giovanati desarrolla lo mejor de la versatilidad y la universalidad del oficio de jurista y madre, con los pies en la tierra, la actitud de quien no ha nacido siendo especialista de las cosas pero que acepta hacerlas y se convierte en una persona muy buena, realmente muy buena dando lo mejor de sí misma, es decir, todo.


Entendámonos bien: Giovanati asigna su presupuesto según la lógica perdida del sentido común y de la necesidad, proporcionando a los 39 parvularios de la zona, estatales, concertados y privados, el material didáctico que, hasta entonces, pagaban las familias; a los centros de día para discapacitados, material para hacer actividades físicas y laboratorios creativos; implementando la ayuda para las personas enfermas de Alzheimer y sus familiares estipulada en el acuerdo con el Centro Hospitalario Niguarda; poniendo en marcha la convocatoria anual El pan de los necesitados con el fin de aumentar las actividades de asociaciones, cooperativas, círculos y parroquias en la lucha contra la pobreza alimentaria y que hoy ayuda a 275 familias y a 255 personas individualmente.

Pero, sobre todo, lo que comprende es que "la política es, ante todo, límite: y es hermoso que sea así. La política nunca podrá resolver hasta el fondo los problemas, siempre nuevos, de las personas, no es un instrumento perfecto, su alcance es breve si es concebida como batalla ideológica. Pero puede provocar la capacidad de las fuerzas sociales que actúan como protagonistas en las respuestas a las necesidades, comunicando una humanidad que las instituciones en cuanto tales no podrán nunca comunicar, pero deteniéndose también en ámbitos concretos y reconociendo, por ejemplo, la precedencia de la libertad de educación de los padres en el ámbito escolar".


De hecho, en noviembre, en la enseñanza secundaria de dos institutos de la zona, con el pretexto de realizar cursos para contrarrestar el acoso, se llevaron a cabo lecciones sobre las variables biológicas y la orientación sexual. Las realizaron "expertos voluntarios del grupo Escuela de la asociación Arcigay", con el desconocimiento de muchos padres. Giovanati se amotina. A través de una disposición, subordina la concesión de posibles contribuciones a la firma del consentimiento informado.


Representantes de Milano Popolare, en una rueda de prensa del pasado 26 de enero, en la que presentaron su propuesta de que se exija consentimiento informado a los padres antes de que representantes de colectivos LGTBI acudan a las aulas a adoctrinar a los niños. En el centro, con gafas y barba, Matteo Forte. A su derecha, Deborah Giovanati.

Al hacerlo, una delegación de la Asociación Nacional de Partisanos de Italia y de Sinistra Italiana protesta ante el municipio acusándola de violar una serie de artículos de la Constitución. Giovanati escucha, responde que la libertad de educación de los padres en el ámbito de la escuela es un derecho garantizado por la Constitución y como tal hay que preservarlo siempre y, de todas formas, en cada ámbito, "no hay nunca una interrupción de la responsabilidad educativa, y esto se aplica también cuando los hijos están en clase. Nunca se delega, porque entre la escuela y la familia tiene que haber siempre una alianza y ésta puede consistir en el hecho que los padres tienen que estar en condiciones de saber, concretamente, qué se dice a su hijo o hija".

Por la noche recibe un mensaje de una madre presente en la protesta, en la parte de las barricadas: "Me habían dicho pestes de usted. En cambio, he encontrado a una persona que me ha escuchado y ha dicho cosas sensatas. Estoy asombrada".


Está claro, entonces: Giovanati hace política, pero es muy buena en dar lo mejor, es decir, en dar todo de sí misma. Porque no sólo no conoce otro modo de vivir y hacer política, sino que tampoco conoce otro modo de vivir y de hacer de madre, de esposa, de "cabezota" entre los amigos que la de empecinarse incluso contra sus enemigos y todo gracias a lo que sucedió en la Navidad de 2014.

El pequeñajo de rostro burlón del cochecito tenía entonces sólo tres meses y los hormigueos que ella notaba los había atribuido al cansancio fisiológico causado por "tres hijos pequeños y mucho que hacer". Pero el día de San Esteban, estando en Cremona en casa de sus padres, se despierta y observa que no tiene sensibilidad en la parte izquierda del tórax y del rostro. A su marido Paolo la cosa no le gusta nada y rápidamente la lleva a Milán para que le hagan un TAC, cuyo resultado es negativo. No obstante, los médicos aconsejan un visita con un neurólogo.

La madre de una amiga la recibe enseguida y le dice "cojamos el toro por los cuernos y hagamos una resonancia magnética". Al rato llama al Hospital San Rafael para que la visite el jefe de servicio: "'Intente saltar', me dijo y yo pensé 'qué banalidad'. Lo intenté. La pierna derecha no saltaba. No se levantaba en absoluto'", cuenta Giovanati.
 
"Me dijeron que tenía que ingresar de inmediato. Pedí y me permitieron posponer el ingreso diez días para poder destetar a mi hijo. Ingresé el 13 de febrero. Lo recuerdo porque ese día cumplíamos cinco años de matrimonio. En cuanto entré en el hospital sentí un calor tropical: 'Vaya, Paolo, y tú que me habías prometido llevarme de nuevo de luna de miel a las Maldivas'".


La característica cúpula (conocida como "basílica") del Hospital San Rafael de Milán, coronada por la imagen del arcángel.

Durante esos días Giovanati va a la capilla del San Rafael y lee las palabras escritas en la pared: 'Cumplo en mi carne lo que falta en el sufrimiento de Cristo'". Vale, le dice a ese Cristo, "he entendido que tengo algo serio, pero tú me has enseñado que nada de lo que sucede me quita algo, que nada es un menos para mí. Nunca imaginé que ejercería de madre a tiempo completo, yo que era una decidida estudiante de Derecho que había llegado a Milán procedente de Cremona. No imaginaba que dejaría todo por los niños. Y estoy contenta, nada me ha sido quitado y he tenido mucho, muchísimo. Nada se nos quita; no dejes que a mi familia se le quite nada, ayúdame a dar testimonio con mi vida".

A los pocos días el diagnóstico: esclerosis múltiple. Y, al cabo de poco tiempo, la petición para que se presente como candidata a las elecciones municipales y esa frase de Paolo: "¿Ves? Ha sucedido exactamente lo que has pedido. Nada te ha sido quitado, sino que se te ha dado algo: y, además, a ti todo esto te encanta".


Giovanati se toma las medicinas, agarra el cochecito e inicia su "normalísima" aventura, y es extraordinariamente premiada en las elecciones administrativas. Sí, es la primera fase de la enfermedad y ha aprendido a descansar de vez en cuando. A veces cojea, se despierta como si hubiera escalado una montaña, como había hecho en el pasado con sus amigos de Comunión y Liberación. Pero es más tozuda, jadea más y es más amada que antes. Y como no se nos quita nada, unos meses antes algunos amigos le habían propuesto continuar la aventura presentándose a las regionales en la lista Noi con l'Italia.

"No salgo de la nada, sino de un grupo de amigos 'políticos', entre los que están Matteo Forte o Filippo Boscagli, que se presenta como candidato en Lecco: sabemos que solos no se llega a ningún sitio y hemos creado una red, nos reunimos para hacer formación. Yo intento colaborar con mi atención al mundo de la discapacidad, de la familia y la escuela, partiendo siempre de las necesidades de quien las sufre y vive con ellas, de la señora del panadero, de los estudiantes universitarios que voy conociendo a montones, a los que todos les presentan batallas que están muy lejos de lo que realmente quieren. Sí, ciertamente, uno podría desinteresarse realmente de la política, ¿pero podría desinteresarme de mi familia, mis hijos, mis amigos?".
 
Traducción de Helena Faccia Serrano.