Miles de personas, muchas de ellas desde la calle, asistieron este sábado a una celebración histórica en la catedral londinense de Westminster. En ella, el cardenal Nichols presidió una bellísima ceremonia que contó con dos puntos principales, por un lado la coronación de la Virgen Peregrina de Fátima que recorre Inglaterra y por otro la consagración de este país y de Gales al Sagrado Corazón de María.

Junto a los miles de fieles, que recibieron a la Virgen cantando y moviendo pañoletas mientras entraba en procesión, el arzobispo de Westminster esperaba la imagen de Fátima junto a tres niños vestidos de pastorcitos que simbolizaban a Lucía, Jacinta y Francisco, que portaban la corona y las reliquias de los dos pastorcitos beatos.


Los niños que simbolizaban a los tres pastorcitos portaban reliquias de los beatos y la nueva corona forjada para la Virgen

La corona ha sido realizada por los mismos que forjaron la que la Virgen porta en la ciudad portuguesa los 13 de cada mes.

Una enorme manifestación mariana en el corazón de Inglaterra
Tal y como recuerda Cari Filii News, esta imagen de la Virgen fue bendecida por el Papa Pablo VI en el santuario mariano en mayo de 1967 y regalada a Inglaterra por el obispo de Fátima en 1968. Además, la talla también fue bendecida por san Juan Pablo II durante su visita a Gran Bretaña en 1982.

La corona fue presentada al cardenal Nichols por Jorge Leitao, cuyo abuelo realizó la corona original de Portugal, y que su empresa ofrecerá en esta cita a la Virgen. Por su parte, los fieles que lo desearon llevaron a la catedral objetos de oro y plata o joyas para ofrecer a María y que fueron entregados como donativos a Leitao como contraprestación. Así es se hizo con la corona original en Portugal en 1942.

Muchas personas, entre ellas familias enteras, acudieron a la imagen de la Virgen para encomendarse a ella. La emoción era la imagen dominante entre los presentes, que sabían que era un día histórico.



Inglaterra, la "dote de María"
Y es que también Inglaterra, país que históricamente era conocido como la "dote de María", pidió este sábado la protección de la Madre de Dios. Y lo quiso hacer delante de la Virgen de Fátima y aprovechando el año que se celebran el centenario de las apariciones.

De este modo, el cardenal de Westminster y el conjunto de la Iglesia inglesa y galesa rerenovaron la consagración al Sagrado Corazón de María que ya se realizó el 16 de julio de 1948 por el cardenal Griffin en el santuario de Walshingham, donde se encuentra la patrona de Inglaterra.
 


La protección tras la II Guerra Mundial
Aquel día, toda la jerarquía unida acudió a los pies de María y consagró el país a ella, a lo que siguió una peregrinación de “oración y penitencia” con la intención de reparar los males de la Segunda Guerra Mundial. En la peregrinación hacia el santuario llevaron catorce cruces provenientes de todos los puntos del país convirtiéndose en cada una de las estaciones del Via Crucis.

Si aquella consagración se produjo en la festividad de la Virgen del Carmen, la renovación se produjo en el centenario de la Virgen de Fátima. Y si ahora Inglaterra y el mundo no salen de una guerra horrible sí que se enfrenta a un periodo de gran estabilidad como no había vivido en décadas y con un ataque a la familia y a la vida sin precedentes.



La profecía de Sor Lucía
Precisamente, la tercera vidente, sor Lucía, envió una carta al cardenal Caffarra, nombrado por San Juan Pablo II fundador y presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, en la que avisaba que la lucha final contra el mal sería precisamente por el matrimonio y la familia.

Así lo recordaba el cardenal: “Recibí una larga carta con su firma, la cual ahora se encuentra en los archivos del Instituto. En ella encontramos escrito: ‘La batalla final entre el Señor y el reino de Satanás será acerca del Matrimonio y de la Familia. No teman, añadió, porque cualquiera que actúe a favor de la santidad del Matrimonio y de la Familia siempre será combatido y enfrentado en todas las formas, porque ésta es el punto decisivo. Después concluyó: sin embargo, Nuestra Señora ya ha aplastado su cabeza’”.