En marzo, el gobierno pondrá en marcha una amplia serie de consultas sobre el matrimonio gay que el premier David Cameron ha ya definido como "una parte importante" de su mandato. No es sólo la Iglesia católica la que protesta contra el gobierno inglés por las bodas entre gais. También el arzobispo anglicano de York, John Sentamu advierte a David Cameron: "No a la legalización del matrimonio homosexual".

El influyente prelado ha atacado públicamente al primer ministro británico: "El matrimonio tiene que seguir siendo una unión entre un hombre y una mujer. Y David Cameron se comporta "como un dictador si permite a las parejas homosexuales que se casen". En una entrevista concedida al "Daily Telegraph", John Sentamu pone en guardia al ejecutivo contra "la abrogación de la Biblia y toda la tradición permitiendo el matrimonio homosexual". Y añade: "La rebelión está a las puertas. No sólo del episcopado sino también de los representantes del Parlamento". Además, destaca el arzobispo de York, "la Iglesia se ha siempre distinguido del mundo, prefiero estar de la parte de Jesús que ser popular".

Pero en el congreso anual de los Tories en Manchester, el primer ministro británico David Cameron ha hablado claro, exhortando a sus connacionales a "combatir la crisis con seriedad, guardar al futuro con optimismo, comprometerse a favor de todas las familias, incluso las gais". El premier ha corroborado su intención de guiar un gobierno que esté lo más cerca posible de las familias. "Ya estén formadas por parejas heterosexuales o del mismo sexo –ha afirmado Cameron-. A quien tenga reservas al respecto, le explico que mi posición tiene que ver con la igualdad, pero también con el compromiso. Así, os digo que no apoyo el matrimonio entre gais aunque sea conservador, sino que lo apoyo precisamente porque soy conservador".


La Iglesia católica ha confirmado su rechazo a las bodas entre gais incluso cuando en los pasados meses, los valdenses autorizaron el matrimonio entre personas del mismo sexo. En "Familia Cristiana", el teólogo Giordano Muraro se pregunta por qué "las personas homosexuales piden que su relación sea denominada «matrimonio»". Matrimonio, de hecho, etimológicamente indica un estado de vida en el cual una mujer se convierte en madre ("matris munium"). "¿Cómo se puede pensar que la relación afectiva entre dos hombres podría hacer realidad este hecho?, se interroga el teólogo Muraro-. Si luego, dejamos a un lado la etimología y buscamos el significado que le ha sido dado por el uso vemos que por matrimonio se entiende la relación afectiva entre un hombre y una mujer, que se ocupan uno de otro y procrean. En la relación homosexual puede existir afecto y cuidado recíproco, pero no procreación. Y entonces, ¿por qué denominar con la misma palabra dos experiencias tan diferentes?" Por lo tanto: "Es como si se pretendiera indicar con la palabra "Barolo" todos los zumos de uva, diciendo que son todos vinos y no hay que discriminarlos, o como si se pretendiera hacer correr en Formula Uno un seiscientos, diciendo que en el fondo también es un automóvil. Solo se crea confusión, no solo verbal, sino en la realidad".

Y sin embargo las personas homosexuales piden que su relación tenga un reconocimiento jurídico y los mismos derechos que el matrimonio. "Los ciudadanos tienen derecho a crear todas las relaciones que consideren oportunas para su vida y para su crecimiento- explica Muraro al semanal de los Paulinos-. Pero no pueden pretender que cada una de las relaciones a las que dan vida tenga un reconocimiento jurídico y constituya unos derechos. Se puede pensar que el fundamento de este derecho sea el afecto y el hecho de ocuparse el uno del otro. Pero entonces, todas las relaciones afectivas que conllevan cuidados podrían pretender este reconocimiento: la relación entre dos amigos, la relación entre la madre y el hijo, entre abuelo y nieto, entre hermano y hermana, entre la mujer que asiste a un enfermo y la persona asistida".

La objeción a la contrariedad de la Iglesia a las bodas entre gais es que sólo es necesario precisar que la relación no tiene que ser entre consanguíneos y tiene que tener una cierta estabilidad y continuidad. "Pero no es suficiente -precisa el teólogo Muraro- . No podemos olvidar que además de la justicia conmutativa y legal existe la justicia distributiva. De acuerdo con la justicia distributiva la sociedad cuando ha asegurado a todos los ciudadanos lo necesario para vivir y las condiciones para desarrollarse, tiene que conceder nuevos derechos en base a la aportación de cada uno a la formación del bien común". 

Para la moral católica, la aportación al bien común que da la relación afectiva y de cuidado entre dos personas homosexuales es muy diferente de la aportación de un hombre y una mujer que están vinculados de manera estable por una relación afectiva. "La diversidad deriva de muchos factores, pero de manera particular de la procreación - educación de los hijos, que es un bien incomparable para la vida y el desarrollo de la sociedad", puntualiza Muraro: "Por eso un eventual reconocimiento de la relación afectiva y de cuidado entre dos personas homosexuales no puede tener por parte de la sociedad el mismo reconocimiento que tiene una relación heterosexual. Es injusto dar lo mismo a dos cosas diversas". De todos modos, aclara Mauro, "si dos personas homosexuales establecen entre ellos una relación de amistad y cuidado pueden solicitar que ese estado sea bendecido. Pero si establecen entre ellos una relación "more uxorio", entonces tienen que explicar como puede ser posible que sea bendecida una relación que está condenada explícitamente por Dios".

Ni tampoco hay que decir que el Antiguo y el Nuevo Testamento, que recogen la palabra de Dios, sean expresiones vinculadas a una cultura y no tienen un carácter absoluto. "Es una explicación demasiado simplona que no explica nada –reconoce el teólogo-. Es verdad que se pueden hacer distinciones y afirmar, por ejemplo, que no se bendice el estado de vida, sino a las personas que viven esa relación para que con la ayuda de Dios la vivan de manera coherente con su palabra". Pero en este caso no se entiende porqué esta invocación tiene que tener el carácter de un reconocimiento público por parte de la comunidad. A Muraro le parece "que las personas homosexuales tienen que abandonar la pereza que les lleva a pretender la terminología, contenido y peticiones de la relación heterosexual que no pueden ser aplicadas a su experiencia afectiva. Tienen que crearse un lenguaje y hacer propuestas para su estado de vida que se adapten a lo que son y lo que hacen. En cada una de las experiencias humanas hay que iniciar por lo que es, no por lo que se pretende que sea".