Enrique Benavent tomó posesión este sábado como arzobispo de Valencia, con una misa en la catedral que fue precedida por su juramento en el Palacio Episcopal y por la visita a la basílica de la Virgen de los Desamparados, patrona de la ciudad. Allí se cantaron la Salve y el Himno de la Coronación, lo que emocionó profundamente al prelado, quien las entonó con lágrimas en los ojos.

En los actos estuvo acompañado por el nuncio en España, Bernardito Auza, y los cardenales Antonio Cañizares y Carlos Osoro, sus predecesores en la sede, y Juan José Omella, presidente de la Conferencia Episcopal Española, además de numerosos obispos españoles. Al acto acudieron asimismo numerosas autoridades civiles, entre ellas el presidente de la Generalitat valenciana, Ximo Puig.

La oración de monseñor Benavent ante la Virgen de los Desamparados. Foto: A. Sáiz / Archivalencia.org

En su homilía, pronunciada a medias en español y valenciano, monseñor Benavent tuvo unas palabras para el cardenal Cañizares: "Durante estos últimos ocho años nos ha edificado a todos y ha hecho un gran bien a la Iglesia, porque esta crece cuando los cristianos nos entregamos en cuerpo y alma a nuestra misión".

La primacía de la gracia

El nuevo obispo dijo que en las últimas semanas se le había preguntado sobre su programa pastoral, por lo que quiso explicar que "la Iglesia, aunque esté organizada, no es una organización humana con fines terrenos; los cristianos, aunque vivimos en el mundo y estamos llamados a ser en él fermento de una vida nueva, siendo para el mundo lo que el alma es para el cuerpo, no somos un poder fáctico que actuamos a escondidas. Aunque tenemos el deber de trabajar por una sociedad más justa y, por tanto, es legítimo que muchos se comprometan en la vida política, la Iglesia no es un partido político. Aporta a la sociedad una reflexión de de carácter moral sobre las realidades humanas  que todos los cristianos comprometidos en el mundo están llamados a seguir en su compromiso. No nos marcamos objetivos humanos, porque un principio fundamental para entender la vida de la Iglesia, como nos enseñó San Juan Pablo II, es reconocer en su vida la primacía de la gracia. Es escuchando la Palabra de Dios como debemos encontrar los caminos que inspiren la vida de nuestra diócesis".

En este sentido, formuló algunas reflexiones inspiradas en el Evangelio recién escuchado, en el que Jesucristo le dice a sus discípulos: “Ya no os llamo siervos, a vosotros, os llamo amigos”.

"La confianza del Señor es un gesto de amistad: Jesús no quiere que tengamos con Él una relación basada en el temor que los esclavos sienten hacia sus dueños", pero "esta amistad ha de despertar en nosotros el deseo de servirle mejor. A la confianza del Señor estamos llamados a responder sirviéndole con fidelidad".

Históricos predecesores y modelos

Por ello, dijo en alusión particular a los consagrados, "buscaremos antes los intereses de Cristo que los nuestros; y no olvidaremos que nuestra misión abarca la totalidad de nuestra vida y que, por ello, tenemos la exigencia de convertirnos diariamente, con el deseo, no solo de hacer las cosas bien externamente, sino de llegar a ser modelos del rebaño del Señor". Puso como modelos a tres de sus históricos predecesores en la sede valenciana: Santo Tomás de Villanueva (1486-1555), San Juan de Ribera (1532-1611) y el beato cardenal Ciriaco Sancha (1833-1909).

Benavent recordó también que sin la caridad "no podemos permanecer en la amistad con Cristo, ni su alegría estará en nosotros, ni nuestra alegría llegará a plenitud". Por ello pidió al Señor "que entre todos nos ayudemos a estar siempre alegres y que no nos dejemos vencer por el desánimo y la desilusión ante las dificultades del momento presente".

"La misión de la Iglesia no acaba en ella misma", continuó, porque Jesús entregó su vida "para redimir a toda la humanidad" y "la Iglesia es el instrumento para que esa salvación llegue a todos".

En conclusión, "la humanidad tiene derecho a esperar de la Iglesia una palabra de amor; los pecadores, un gesto de misericordia; los enfermos, una cercanía consoladora; los que piensan que nadie les ama, una sonrisa de afecto; quienes viven sin esperanza, una ayuda para recuperarla".