¿Recuerda usted quizá las Olimpiadas de Barcelona 92? En ese año, 1992, las españolas se casaban con una edad media de 26 años. En cambio, en 2014, las recién casadas tienen una media de 32 años. Esa media significa que por cada recién casada con 26 años hay otra con 38.

Y tampoco es que se casen muchas parejas: la tasa bruta de nupcialidad, que  en 1992 era de del 5,5 por cada mil, en 2014 es de 3,4: apenas 160.000 matrimonios al año (cien mil menos que en 1976, por ejemplo).

Cuando envejecen los ovarios
El resultado es que la natalidad en España es desastrosa y el envejecimiento galopante. 

No lo dice ningún moralista, sino Carlos García-Ochoa, un experto en fecundación in vitro de la clínica Cefiva de Gijón, una técnica inmoral según la ética católica porque implica producir seres humanos fuera del abrazo conyugal, y con muchos riesgos para los embriones, seres humanos que mueren en el proceso de "producción". Presume en una entrevista de 6.000 seres humanos que nacieron gracias a él: no cuenta los miles que ha dejado congelados o los que ha engendrado en prácticas de riesgo para que mueran en el proceso, o los que ha eliminado directamente por considerarlos "defectuosos".

García-Ochoa no es moralista, pero constata en el diario El Comercio una evidencia biológica, no moral: "El perfil, en 1989, era el de una pareja de 34 ó 35 años que venía al centro para tener su primer hijo. En 2016, la media de edad se acerca a los cuarenta años. Muchas mujeres esperan a tener su primer hijo a edades en las que los ovarios no responden. No han entendido que los ovarios no funcionan bien a partir de los 35 años y el desplome, a partir de los cuarenta, es terrible. Creen que por tener la regla ya son fértiles. [...] Lo habitual es que lleguen tarde a consulta y tenemos que decirles que, con sus óvulos, no podemos hacer nada. Y es un shock para ellas".

En un país en que la mitad de las mujeres se casan con más de 32 años (con hombres de 34), a las que les quedan 3 años de ovarios eficaces, es normal que la natalidad se desplome. 



Hay más muertes que nacimientos en España
En el primer semestre de 2015 hubo más muertes que nacimientos en España. La natalidad actual es de 1,4 hijos por mujer en edad fértil, frente a los 2,1 hijos deseables para una demografía sana.

Diego Ramiro, jefe del departamento de Población del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC, señala que «en 2064 tendremos una cantidad de habitantes similar a la de 2001». Similar en cantidad, pero no en edad, porque 4 de cada diez tendrán más de 65 años. 

Es poco sostenible: el incremento de la tasa de dependencia (la relación entre la población que por su edad no trabaja y la que sí lo hace), se elevará desde el 52,1%, al 95,6%.

Desde hace años, la Federación de Familias Numerosas y el Foro de la Familia proponen medidas para mejorar la natalidad y apoyar a las familias. Pero los partidos políticos ni siquiera mencionan el problema demográfica en campaña o en sus programas ni discursos. 

Diez medidas para mejorar
Por la Federación de Familias Numerosas y Foro de la Familia.

1. Visibilizar el alcance del problema
El Estado tiene la obligación de explicar a los ciudadanos el incierto futuro que le espera a una sociedad que decide no tener hijos. La creación de una Comisión de Familia permanente en el Congreso impulsaría la reflexión, análisis y estudio de propuestas para paliar nuestros insostenibles índices de fecundidad.

2. Potenciar el valor de la familia
Las autoridades deben concienciar a los ciudadanos de que mantener el alto nivel de bienestar que hemos conseguido requiere sacrificios. El primero, tener hijos. Es necesario que los medios transmitan un mensaje positivo de la familia, no de que los hijos son un estorbo para nuestras aspiraciones individuales.

3. Ayudar a la estabilidad familiar
Las familias estables son claves para favorecer la natalidad. Por eso es necesario el desarrollo de una Ley de Mediación Familiar que promueva la estabilidad y cohesión familiar a través de la mediación y resolución de las crisis y conflictos familiares.

4. Conciliar vida laboral y familiar
Sin horarios racionales es imposible asumir la responsabilidad de tener hijos. Hay que permitir a los padres ajustar su jornada laboral a la escolar. Impulsar desde la Administración el certificado de Empresa Familiarmente Responsable sería un buen paso en esa dirección. Otro, ampliar la red de escuelas infantiles de 0 a 3 años.

5. Permisos de paternidad y maternidad
Es necesario ampliar la baja de maternidad hasta las 18 semanas a partir del tercer hijo y también la de paternidad hasta las cuatro semanas, para promover la corresponsabilidad en el hogar y potenciar la parentalidad positiva. Igualmente incentivador sería una excedencia de 6 meses remunerada para la madre con un 60% del salario a partir del tercer hijo.

6. Más deducciones fiscales por ser padres
Tener hijos supone un importante esfuerzo económico que se podría paliar ampliando la deducción por maternidad de hijos menores de 3 años a todas las madres. Se podría elevar el mínimo exento del primer hijo a 1.900 euros, el del segundo a 2.240 euros, el del tercero a 4.080 y el del cuarto -y siguientes- a 5.080 euros. Tampoco sobraría una deducción fiscal del 15% del coste que suponen los servicios de las Escuelas Infantiles y de los gastos educativos de material escolar, comedor o transporte escolar, que no son pocos.

7. Recuperar el concepto de renta disponible
Un buen sueldo, con varios hijos, pasa automáticamente a no serlo. En países como Francia se divide la renta familiar entre el número total de integrantes de esa unidad. Sería un buen modelo a imitar.

8. Ayudas directas por número de hijos
Alemania concede una prestación mensual de 184 euros por hijo y Francia de 129 por dos hijos, 295 por tres y 460 por cuatro. En España ya sería un logro conseguir una prestación por hijo de 100 euros.

9. Complementos a las pensiones
No es justo que reciba la misma pensión quien no ha tenido ningún hijo que quien ha tenido cuatro, que pagarán las pensiones del que no tuvo. Igualmente habría que establecer una pensión mínima digna para aquellas madres y padres que no se han podido incorporar o reintegrar al mercado laboral por el cuidado de sus hijos.

10. Cotizaciones a la seguridad social
Ser madre penaliza en la empleabilidad. Reducir un 50% su cotización a la Seguridad Social facilitaría su reinserción o incorporación al mercado laboral. También sería bueno que la del padre se redujese.