La película de ciencia ficción "El Juego de Ender", basada en la novela de 1985 de Orson Scott Card, está funcionando muy bien en taquilla, facturando casi 29 millones de dólares en sus primeros 4 días de exhibición en Estados Unidos (del 1 al 4 de noviembre).

Es una derrota para el exagerado y largo esfuerzo del activismo gay en Estados Unidos contra esta película, un activismo que ha incluido actos de protesta y de "diversión alternativa", dirigidos especialmente al público aficionado a la ciencia ficción, en Nueva York, Toronto, Chicago, Seattle, Dallas, Orlando, San Francisco y Austin, para alejarlo de los cines. 


Cualquier defensor de la familia y el matrimonio que lea los "crímenes" que atribuye la campaña gay al novelista tendrá ganas de canonizarlo o darle un premio. De hecho, el premio lo va a recibir simplemente por el éxito de la película, que probablemente conduzca a otras muchas: sólo sobre la saga de Ender tiene 13 libros publicados. Aunque no se convierta en una saga adolescente como los vampiros amorales y romanticoides de "Crepúsculo" o los muchachos violentos de "Los juegos del hambre" -los libros y temas de Ender son más adultos y más éticos- su viabilidad económica queda clara.

Orson Scott Card ganará dinero, y eso molesta al lobby gay. 

"Scott Card es más que un oponente a la ecualidad matrimonial. Como escritor ha difundido mentiras degradantes sobre la gente LGBT, llamándonos desviados sexuales y criminales. Como activista, formó parte de la dirección de la Organización Nacional por el Matrimonio [pro-familia] y  ha hecho campaña contra nuestros derechos civiles. No dejes que tus dólares en taquilla alimenten su agenda anti-gay. Sáltate El Juego de Ender", declara la campaña Skipendersgame.




Las acusaciones parecen fuertes: "mentiras degradantes", "desviados sexuales"... Pero ¿cuándo y dónde dijo eso Orson Scott Card? Si se analizan las frases que entecomillan después los activistas del homosexualismo político, se constata que ellos deforman y exageran los hechos: simplemente, el escritor ha expresado su oposición a la redefinición de matrimonio, lo ha hecho varias veces y no se ha retractado nunca pese a las enorme presión a la que se le ha sometido. Le bastó con oponerse a redefinir el matrimonio para que el lobby se ensañase con él. 

Pero "El Juego de Ender" y buena parte de su saga, y de la de Bean, la de Alvin Maker, y otras de sus novelas tienen como uno de sus temas centrales la resistencia ante matones y abusones. Y Orson Scott Card no piensa ser menos que sus personajes: resistirá el acoso y defenderá su postura.

Esta es la frase del novelista que más molesta a los activistas gays:

"Si insisten en llamar ´matrimonio´ a lo que ellos hacen, no convierten su relación en lo que mi esposa y yo hemos creado, porque ningún tribunal tiene el poder de cambiar lo que su relación realmente es. Más bien, ellos intentan dar un golpe mortal al estatus protegido y merecidamente ganado de nuestro matrimonio verdadero, y del de cualquier otro. Me roban lo que yo más valoro, y ellos no ganan nada. No estarán casados. Sólo estarán jugando a vestirse elegante con la ropa de sus padres" (cita que atribuyen a su artículo de 2004 "El matrimonio homosexual y la civilización").

En 2008, Card (abjao en la foto) insistió, sin miedo: "diga lo que diga la ley, el matrimonio tiene sólo una definición, y cualquier gobierno que intente cambiarla será mi enemigo mortal. Actuaré para destruir ese gobierno y hundirlo" (cita sin atribuir).



El lobby detalla, para explicar por qué hay que acosar al novelista, que de 2009 a 2013 fue uno de los principales líderes de la organización NOW que ha combatido la redefinición del matrimonio en todo Estados Unidos. Nadie duda de que dedicó mucho dinero personal a esa causa.


Por eso, por no ceder a sus exigencias y defender el mismo matrimonio que Abraham Lincoln, Martin Luther King, Lech Walesa o Teresa de Calcuta, el lobby gay le llama "discriminador" y "extremista" y proclamó: "pedimos a todos los ´frikis gays´ [queer geeks] y a nuestros aliados que se salten El Juego de Ender. Como productor, Card se beneficia de cada entrada vendida, de cada juguete, de cada DVD vendido. No dejéis que vuestro dinero financie su agenda".


Orson Scott Card ha escrito Maestro Cantor, El Juego de Ender, las 9 novelas de su Saga de Ender, las 4 de la Saga del Retorno, las de la serie de Alvin Maker... No todas son obras profundas, bien diseñadas o equilibradas: pero todas son ágiles, ninguna aburre, todas atrapan y hacen mirar con compasión a personajes dañados y heridos en sus relaciones familiares y personales. Como Ender en el Exilio: ágil, inteligente, sensible.

En 1996 Card estuvo en Barcelona y en algunos encuentros privados habló de literatura y de su vida familiar. Él lamentaba, por ejemplo, que muchos jóvenes en EEUU leían fantasía de poca calidad, y no se atrevían a leer "El Señor de los Anillos", porque les parecía complicado.

Comentó que tenían varios hijos, y uno de ellos con una gravísima discapacidad mental y motriz, incapaz de moverse o comunicarse casi. "Es como un fantasma, pero un fantasma de nuestra casa, de nuestra familia, uno de nosotros: está allí, es una presencia y parece que poco más; nos tratamos con él, le queremos, es una relación extraña, pero personal y humana", explicaba.


Los Card son mormones. Los mormones se autoconsideran cristianos, pero ni católicos ni protestantes los consideran así, porque no son realmente monoteístas. Además, interpretan la Biblia según su libro sagrado, el Libro de Mormón. Eso sí: son provida, profamilia y defienden valores de virtud y esfuerzo. Su teología es mala, pero su ética es buena, dirían muchos cristianos.

Como casi todos los jóvenes mormones, Card pasó un par de años de misionero: estuvo en Brasil, donde conoció el catolicismo, y tomó cariño a los brasileños. Los Card contaban que cuando viajan en giras entienden que no pueden acudir al culto mormón local, por la diversidad de idiomas, horarios, etc... y lo asumen como un mal necesario.



Card contó entonces cómo le costaba hacer una película de El Juego de Ender: decía que ya tenía escrito el guión él mismo, pero que quería una historia de personajes, protagonizada por niños que fuesen buenos actores, que no era una historia de efectos especiales y que no pensaba ceder los derechos a nadie sin tener un gran nivel de control.

En la convención de Ciencia Ficción de Mataró aprovechó para criticar cierto fideísmo obtuso... a través de "La Guerra de las Galaxias". "¿Qué sabiduría hay en eso de cerrar los ojos para conducir la nave y esperar que te guíe no-sé-qué Fuerza?", denunciaba ante fans escandalizados. "Lo que ha de hacer es estudiar, usar la razón, las herramientas a su alcance", insistía este hombre profundamente religioso.


Le encantó Mataró, y lo reflejó luego con detalles simpáticos en sus novelas. En "La Voz de los Muertos" menciona un planeta llamado Catalonia. En "La sombra de Ender" conocemos a la Hermana Carlota, una monja católica, catalana de Mataró, que cuida y educa al pequeño Bean, lugarteniente de Ender y luego protagonista de 4 novelas. Es un personaje positivo, un formador, que aporta conocimientos, afecto y estabilidad. En cierta escena podemos ver a Sor Carlota paseando por la soleada Rambla de Mataró.



Ender mismo es hijo de una familia católica de ancestros polacos, que por los avatares de esa época futurista y de control poblacional no pueden practicar su fe, apenas ya una esperanza escondida. ¡Y mucho menos transmitirla a sus inteligentísimos hijos!

En el planeta Lusitania, en las novelas 2, 3 y 4 de la serie, Ender tratará con la población humana, de ascendencia brasileña y católica. Incluso la raza alienígena nativa, los "pequeninos", se están convirtiendo al catolicismo, aunque con herejías: algunos asumen que el virus de "la descolada", que mata a los humanos, es en realidad el Espíritu Santo. Habrá mártires católicos al intentar convencerles que no es así. También conocemos a una orden de religiosos católicos, los Hijos de la Mente, que son filósofos y muy racionales. Suelen citar al jesuita (algo heterodoxo y atrevido) Teilhard de Chardin.

Todo esto muestra un gran respeto por parte de Card no sólo a la religión, sino al catolicismo, el clero, la vida consagrada y la relación entre fe y razón. Mientras otros autores de ciencia ficción enseguida generan clérigos fanáticos, obtusos y anticientíficos, Card muestra siempre personas que equilibran bien la fe y el pensamiento crítico y científico.


Y ¿como presenta Card a los homosexuales en sus novelas? El lobby gay no ha podido encontrar ni una sola figura en sus muchísimas novelas que responda a un estereotipo agresivo con la persona homosexual. Es más, tienen que esconder que en una de sus novelas, de hecho, se condena la violencia y el juicio condenatorio contra las personas homosexuales.

En la Saga del Retorno una cultura del desierto, muy machista y con una religiosidad no muy sana, desprecia a los homosexuales e incluso permite que se les asesine. Los protagonistas son un grupo de unos 10 hombres y mujeres que deben repoblar la tierra. Es imperativo que tengan hijos. Una de las chicas descubre que Zdorab, un hombre humilde y trabajador, que intenta pasar desapercibido, con el que debe casarse, es homosexual.

La visión de Card está llena de ternura y comprensión hacia un hombre que debe ocultarse por sus sentimientos, y critica la cultura que obliga a este hombre a tener miedo.

Pero al lobby gay no le gusta este personaje porque Zdorab no hace de su homosexualidad su identidad. Los sentimientos homosexuales es algo "que siente", no definen "quien es". Y el lobby gay, como ciertos nacionalismos y ciertos racismos, es identitario: el hecho gay define a la persona, sin escapatoria.

En la novela Zdorab se casa con la chica (no hay otro remedio) y aprenden a amarse y respetarse y tienen hijos, y él ama a sus hijos y se goza en ellos. ¡Un tabú para el lobby gay: la idea de realización personal sin pasar por el estilo de vida homosexual, sin que la "identidad gay" dé forma a la vida de la persona!

Porque Orson Scott Card no es homófobo: simplemente, no aprueba ni los actos homosexuales ni que se vacíe de contenido el matrimonio. "Si todo es matrimonio, nada es matrimonio".




La militancia política -la esclavitud ideológica- ha forzado a muchos homosexualistas (no todos ellos homosexuales) a declarar en Internet cómo les gustaban las novelas de Card pero que ahora deben rechazarlas por haber defendio el matrimonio tradicional.

Suelen decir que les encantaba porque era sensible, atento a los sentimientos, compasivo con los que sufren, empático con las minorías y con grupos dolidos, que daba voz a los pequeños y débiles, etc... Y es cierto: sus lectores homosexuales lo reconocen y así lo vivían. Hasta que en 2004 se manifestó contra el matrimonio gay. Desde entonces, la consigna fue "todos contra Card". Consigna ideológica que ya no atiende a hechos ni a razones.

La campaña del lobby gay no funcionó: Card no se ha retractado y se ha mantenido firme durante ya casi 10 años de campaña. Incluso cuando una editorial anunció que cancelaba sus proyectos sobre Superman por esta causa. Él se mantuvo firme.


Ahora "El Juego de Ender" está en los cines, y la gente va a verla, ignorando al lobby gay y sus amenazas. La película no tienen nada que ver con la homosexualidad. Sí tiene que ver con el derecho de los niños a ser engendrados en un acto de amor, a ser amados por un padre y una madre, a no ser vistos como "recursos" del Estado (para la guerra espacial, en este caso).

Ender puede entrar en la mitología popular como lo han hecho los hobbits, Harry Potter o los superhéroes de Marvel. Y Card va a defender a Ender de lo políticamente correcto: sabe como hacerlo.