Si uno tiene más de cuarenta años, decir Matia Bazar supone decir muchas cosas. Si uno tiene menos de cuarenta, supone al menos escuchar dos: "Sólo tú" y "Rayo de luna", los éxitos que les situaron, en la segunda mitad de la década de los setenta, a la cabeza de las listas de éxitos, y que han perdurado hasta nuestros días como temas de referencia de la década (ver abajo los vídeos correspondientes).


Fue la época del desembarco en España de decenas de cantantes italianos, fundamentalmente solistas, que interpretaban en español y capitalizaban fiestas y guateques. En este caso eran cuatro. El grupo se había formado en Génova en 1975, y enseguida llegaron "Sólo tú" (1977) y "Rayo de luna" (1979), tema éste con el que participaron en el Festival de Eurovisión. Obtuvieron un misérrimo decimoquinto puesto, pero después fue una de las canciones del verano.

Antonella Ruggiero era la voz femenina del quinteto. Estuvo en el grupo desde su fundación hasta 1989, en que fue sustituida, sin que el grupo perdiera continuidad, y de hecho continúa hoy en activo.

Tras siete años ausente, en 1996 emprendió una carrera en solitario que le llevó a ganar en 1998 el mismo Festival de San Remo que había ganado veinte años antes, en 1978, con Matia Bazar. Luego su estilo varió y prestó su voz, tan poderosa como delicada, tan sugerente como capaz de registros inalcanzables, a estilos nuevos.

El tránsito a la música religiosa
Entre ellos, el canto sacro, género en el cual ha grabado discos con himnos cristianos y música religiosa. Y este año no ha querido perderse Jubilmusic, un festival que se ha celebrado entre el 22 y el 25 de noviembre, en su querido San Remo. Se trata de una iniciativa de evangelización que ha cuajado como el festival de música cristiana más importante de Italia.

"Es la segunda vez que participo en Jubilmusic, y acepté muy a gusto porque es una manifestación que no sólo propone música a los jóvenes, sino que les habla de la vida", explicó al diario italiano L´Avvenire. Cantó este sábado en la gran final de la decimocuarta edición: "En San Remo se propone música rica en valores, que habla de los temas fundamentales de nuestra existencia".
 

Antonella, que acaba de cumplir 60 años, estuvo además acompañada por su hijo: "Estudia en la universidad y conozco a sus amigos. Son jóvenes llenos de ganas de comprometerse, que jamás se deprimen. En los años 80 y 90 la sociedad nos hizo creer que el mundo era un gran parque de atracciones. Ahora nos estamos despertando, pero tengo confianza. Siempre ha habido y habrá gente comprometida".

Antonella Ruggiero interpretó "Ecos de infinito", una canción que ofrece "esperanza y deseo de trascendencia". Y participó -otro eco setentero- en el Kyrie de la Misa Luba congoleña que interpretó un coro de jóvenes: "Quiero que todos se sientan involucrados en este himno de alegría y de fe".

Se confiesa "católica practicante": "Gracias a Dios, tengo fe. Es mi forma de ver y sentir la vida. Siempre hay que mantener una apertura a lo Absoluto, aunque a veces sea complicado e incluso contradictorio, aplicarlo a nuestro ser humano. Lo que amo del catolicismo es ese ´estar en medio´. Hay figuras de sacerdotes y religiosas excepcionales que están en medio de quien tiene necesidad de ellos".

Antonella cantó ante Juan Pablo II en su último viaje a Loreto, cuando ya estaba muy enfermo. Después de cantar, se le acercó y el Papa le dijo un "gracias" que aún recuerda: "Me conmovió. Era una persona extraordinaria".

Un cuarto de siglo antes de ese momento, cuando el cardenal Karol Wojtyla llegó al Pontificado, Antonella recorría Europa y América a lomos de dos temas aún hoy inolvidables, señal de que la Providencia acaba cruzando los destinos más inverosímiles.