Con miras a ser proyectada en las salas de cine en 2012, el conocido director americano Joshua Sinclair reveló algunos detalles de la película sobre la vida de Edith Stein que se comenzará a grabar entre los meses de mayo y julio de 2011. 

A 70 años de la muerte de la gran filósofa judía que se convertiría en monja carmelita  (asesinada en el campo de concentración de Auschwitz por su condición de hebrea), el proyecto que llevara el nombre «Edith» es una coproducción entre Austria y Alemania y el casting ya se ha puesto en marcha.

Según declaraciones del mismo Sinclair al diario Avvenire (cf. 14.02.2011), Universal Picture distribuirá la película en América.

¿De dónde nace el interés por quien ahora es conocida como santa Teresa Benedicta de la Cruz, co patrona de Europa? «La descubrí hace dos años por curiosidad –dice Joshua Sinclair–. Después de haber escuchado hablar tanto de ella comencé a leer sus escritos, a partir de los de fenomenología. Me pregunté sobre la experiencia de una mujer que reconoció la grandeza de Jesús sin repudiar sus orígenes. Una mujer que pasó del hebraísmo al ateísmo y luego a redescubrir a Dios por medio de Jesucristo, el hebreo. La suya, más que una conversión, se puede definir una progresión hasta un cumplimiento final». Y añade: «Cuando un hebreo se hacía católico era todavía más odiado por los nazis, que eran profundamente paganos».

En la entrevista Sinclair también manifiesta su esperanza y convicción en que una iniciativa de este tipo tenga el éxito que merece para luego concluir diciendo: «Es necesario que nosotros como directores tuviésemos más respeto por estas cosas», en referencia a películas como El Código Da Vinci que más bien vilipendian y engañan sobre el hecho religiosos, «Conozco a Ron Howard, he hablado con él de esto. Le he dicho: «tu eres un gran cineasta, no tienes necesidad de un libro de este tipo para hacer un filme». Debemos usar el cine para llevar siempre más esperanza y espiritualidad al mundo».

Biografía de Edith Stein

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Edith Stein fue una mente espabilada, una académica erudita, intelectual de vanguardia y judía conversa al catolicismo que se afanó en la búsqueda de la Verdad que, una vez hallada, abrazó hasta el fin. Nacida en 1891 en la actual Wroclaw, Polonia (antes Breslau en Prusia), queda huérfana de padre a los dos años.

«Aunque fue educada por su madre en la religión judía, a los catorce años “se alejó de modo consciente y explícito de la oración”. Quería contar sólo con sus propias fuerzas, preocupada por afirmar su libertad en las opciones de la vida. Al final de un largo camino, pudo llegar a una constatación sorprendente: sólo el que se une al amor de Cristo llega a ser verdaderamente libre».

Matriculada en germanística e historia en la universidad, asiste además a clases de psicología y filosofía. Entra en contacto con la obra de Edmund Husserl , catedrático en Gotinga y, cautivada por su manera de hacer filosofía, vislumbra una salida que encauza la sed de verdad que tenía.

A inicios del semestre de verano de 1913 estaría en aquellas tierras donde gana la estima del maestro. Junto a Adolf Reinach, Max Scheler, Hans Theodor Conrad, Hedwig Martius y Roman Ingarden, fue miembro de la escuela fenomenológica de Gotinga. Comenzaba así una vida de trabajo arduo y sacrificado que, no pocas veces, la llevó al desánimo.

En Friburgo defendió su tesis doctoral «El problema de la intuición y su evolución histórica desde el punto de vista fenomenológico» obteniendo summa cum laude. Como ayudante de Husserl desempeñó una labor titánica en la organización y revisión de sus redacciones alcanzando la publicación de nuevas obras de éste.

La muerte de Reinach en el frente de batalla, durante la primera guerra mundial, marcó su juventud y, en cierta manera, fue la causa que propició su primer encuentro con la fe cristiana. Al acudir a la viuda, pensando encontrarla deshecha, se encontró con una mujer llena de una robusta fe de donde sacaba la fortaleza y la serenidad para aceptar la muerte del marido. Poco más tarde escribiría: «Aquel fue mi primer encuentro con la cruz y la fuerza divina que ésta infunde a quienes la llevan».

Pero no fue sino hasta el verano de 1912, mientras pasaba unos días de descanso en la casa de campo del matrimonio Conrad-Martius, amigos de la escuela de Gotinga, que la feliz exclamación, «¡Esta es la verdad! », se hizo sonora en su mente, corazón y voluntad. Al acudir a la biblioteca de la casa, encuentra la vida de Santa Teresa de Jesús.

Permaneció leyéndolo el resto del día y parte de la noche hasta terminar la obra. Días después compraría el catecismo y un misal para estudiarlos para, más tarde, asistir a misa y bautizarse posteriormente.

“Edith Stein llegó a comprender que el amor de Cristo y la libertad del hombre se entrecruzan, porque el amor y la verdad tienen una relación intrínseca. La búsqueda de la libertad y su traducción al amor no le parecieron opuestas; al contrario, comprendió que guardaban una relación directa”.

La decisión de convertirse y la de entrar en el Carmelo fueron casi simultáneas. Las batallas de incomprensión y dolor íntimo que trajeron consigo bien merecerían un apartado más amplio.

Respecto a su vocación, unos pensaban que era de mayor provecho si continuaba adelante con su labor intelectual. Así, durante 10 años ejerció el magisterio en la escuela de las dominicas en Spira. En 1930 trató de volver a intentar la habilitación, tras su fallido intento de 1919, para la docencia universitaria en Friburgo y Breslau pero no lo logró. Como profesora del Instituto alemán de pedagogía científica en Münster, impartió clases sobre la formación de la mujer. Es este el periodo durante el cual desarrolló ampliamente el tema de la mujer. De este mismo periodo es su traducción y comentario de las «Quaestiones disputatae de veritate» del Aquinate.

Vedada la docencia y con 42 años, se presentó al Carmelo de Colonia. Un semestre más tarde tomaría el hábito y el nombre religioso de Teresa Benedicta de la Cruz. Desde ahí mantuvo el contacto con amigos de la vida universitaria y continuó, por petición de sus superiores, su trabajo académico cuyos frutos principales fueron «Ser finito y ser eterno» y «La ciencia de la cruz».

Su madre moriría en 1936 sin comprender la conversión y profesión religiosa de Edith.

Al estallar la segunda guerra mundial, y ante la creciente amenaza nazista en tierras alemanas, fue mandada al convento de Echt en Holanda para ponerle a salvo. El 2 de agosto de 1942, dos oficiales de la SS se presentaron en el convento para llevarse a las hermanas Stein. 

Por sus orígenes judíos fueron deportadas de los Países Bajos al campo de concentración de Auschwitz donde murieron en la cámara de gas el 9 de agosto del mismo año.

Si bien es cierto que en un periodo inicial se aprecia una fuerte influencia fenomenológica centrada en el problema de la empatía al que concede el valor de medio de conocimiento, como experiencia común de las vivencias de varios sujetos, y en el empleo del método fenomenológico, la reducción, para la comprensión del mundo, la actividad filosófica del segundo periodo se configura en torno a la noción escolástica de acto y potencia de santo Tomás y en la pregunta por el ser.