Forman parte del imaginario colectivo, inspirando a pequeños y a grandes. Pero si bien al inicio prevalecía en sus hazañas un código de valores positivos, con el paso del tiempo han aumentado los aspectos ideológicos, e incluso los rasgos de ocultismo. Mario Iannacone habla de superhéroes en un artículo publicado en Il Timone.

La magia de los Superhéroes

por Mario Iannacone

En la novela corta Tiempo de un centenario [El hombre sin edad, llevada al cine por Francis Ford Coppola en 2007], Mircea Eliade cuenta la historia del profesor Dominic, que se convierte en un verdadero superhéroe tras haber sido alcanzado por un rayo: rejuvenece, aprende muchos idiomas y vive amores imaginarios (pero más verdaderos que la realidad) con su Shakti, la contraparte femenina mágica. La novela ofusca los saberes tántricos en los que Eliade fue iniciado en la India y arroja luz sobre la idea de fondo del superhéroe: es un gnóstico iluminado.

Crecí leyendo los cómics de los superhéroes de Marvel, y no reniego de la diversión que tuve en esas largas horas transcurridas en su compañía. Cuando dejé atrás mi primera juventud, me di cuenta de que contienen muchos mensajes a través de los cuales se puede pasar indemnes, es cierto, pero que pueden influir profundamente en las conciencias jóvenes. Es mejor ser conscientes de esto, porque las historias de los superhéroes están por todas partes hoy en día. Narran la historia de hombres o mujeres normales que se transforman en seres con superpoderes al entrar en contacto con energías alienígenas, una radioactividad preternatural o una serie de influjos mágicos.

El tema mítico común (tropo) es el despertar gnóstico, la iluminación. Dicho tema, presente ya en las populares novelas de ciencia-ficción y fantasía de la primera mitad del siglo XX, deriva de la popularización del esoterismo oriental (sobre todo del tantrismo), de la cábala hebrea y del esoterismo occidental.

Ilustración romántica del siglo XIX: el rabino Loew, maharal de Praga,
crea al golem, hecho de barro (como el hombre); tiene fuerza, pero no inteligencia;
poder sin sabiduría; es un protector poderoso, pero puede dañar por descontrol;
quitándole la letra e de "emet" (verdad) queda "met" (muerte) y se detiene 

Los primeros dibujantes y guionistas de los superhéroes, al ser en su gran mayoría judíos de la diáspora, conocían la cábala. Así, los autores Marvel (antes Timely, después Atlas), fueron Kurtzenberg, Lieber, Khane, Siegel, Schuster y Simon.

Robert Khane (Bob Kane) creó Batman en 1939 para la DC Comics, mientras que Jerry Siegel y Bob Schuster idearon Superman en 1929. Los volcánicos Stanley Lieber (Stan Lee) y Jacob Kurtzenberg (Jack Kirby) lanzaron Capitán América en 1940 -héroe que representaba la fuerza mágica de los Estados Unidos-, y muchos otros personajes. Batman, a pesar de su ambigüedad, o Superman, son  héroes positivos. El segundo, en especial, es una especie de mesías alienígena.

Contracultura en los cómics

Los personajes de Marvel ya tenían, respecto a los de la inicial DC Cómics, una inclinación más evidente hacia la magia y las metáforas esotéricas. La pareja Kirby-Lee creó Los cuatro fantásticos (1961), Thor (1961), el dios nórdico sobre la tierra, Spiderman (1962) y Iron Man (producto de una tecnología superior) y Doctor Extraño (1963). Este último es un mago que lucha por el bien de la humanidad contra demonios de otras dimensiones; es un personaje "psicodélico", que gozaba de una gran popularidad en la California de los años sesenta por sus referencia al Tíbet.

Thor y el Doctor Extraño son los dos héroes clásicos de la Marvel que nacieron ligados a lo mágico y sobrenatural, y no a tecnología o ciencia descontrolada; en los cómics y las películas a veces la "magia" se presenta como, simplemente, energía de otras dimensiones

Para la DC Comics, Kirby desarrolló también personajes que glorificaban los "nuevos dioses" (New Gods), la contracultura de la droga (The Forever People: superhéroes hippies) y The Fourth World, una mitología gnóstica en la que el autor revelaba sus creencias más secretas: la "fuente" (The Source), origen de la potencia que inspira el hashmal (o electrón) cabalístico, una radiación procedente de los "dioses antiguos" o "alienígenas-ángeles", criaturas angelicales o demoníacas.

Un poder que "despierta" y potencia, ilumina y convierte en dominadores. La "fuente" en general despierta los poderes de los sujetos adolescentes y está vinculada, de manera evidente, al hecho de madurar sexualmente. A veces la referencia es muy obvia -el personaje de Metron recuerda al cabalístico Metratron-, pero otras veces está más oculta, aunque siempre está presente.

Los X-Men (unos cuarenta personajes que evolucionan continuamente) nacen de la idea según la cual existe una fuerza misteriosa que se manifiesta de distintas maneras, y que produce tanto las criaturas malvadas como las buenas con el fin de equilibrar los poderes del Universo.

Las referencias a la magia de la cábala del universo Marvel y DC Comics -editoriales históricas de los Estados Unidos- son evidentes y han sido estudiadas por historiadores como Michael Lieb o Jeffrey Kripal. Proceden, no sólo del misticismo mágico, sino también de sus formas transformadas por la cultura pop que, a partir de los años sesenta, incluía estos temas en sus propias creaciones.

El antiguo código de honor y la corrección política

Si bien un viejo estudio de Fredric Wertham dedicado a los superhéroes titulado La seducción de los inocentes ponía en guardia contra la jungla de símbolos que había en ellos, hay que observar que, en su primera fase, los héroes de Marvel y DC Comics eran positivos, seguían un código de honor, eran leales, valientes y combatían para mantener el bien (o mejor, el "equilibrio") del universo.

La seducción de los inocentes fue publicado en 1954 por el psiquiatra Fredric Wertham (1895-1981), quien también escribió posteriormente sobre aspectos positivos de los cómic.

La transformación tuvo lugar a inicios del siglo XXI, tras la crisis que afectó a Marvel Comics y de la que nacieron los Estudios Marvel (ahora controlados por la Walt Disney Company), productores de películas, cómics y videojuegos. A partir de ese momento los superhéroes se convirtieron en personajes "políticamente correctos" y en armas poderosas de propaganda. 

Los X-Men, por ejemplo, son "distintos", son una "minoría que busca derechos", son "pneumáticos", poseedores de una gnosis que los hace superiores a los humanos comunes. ¿Recuerda a algo? Protegen a los "ilici", los que ignoran las fuerzas que invaden el universo. Sobra decir, aunque es algo notorio desde siempre, que los superhéroes -con la excepción de alguna referencia al pasado-, viven en un mundo poscristiano. Y tal vez no pase desapercibido que el estatus de los superhéroes puede ser utilizado (como se hace) para llevar adelante agendas ideológicas.

Una escena de violencia humorística-chusca en Deadpool (sobre todo al final); sus películas son de humor grosero con violencia, sexo y chabacanería gamberra; no son para niños aunque Marvel las promocione

 

Una nueva agenda y la impronta de Crowley

A partir de 2015, los antiguos personajes empiezan a ser sustituidos o a perder fuerza (Thor, Spiderman), tanto en los cómics como en las películas que recaudan millones de dólares.

Llegan nuevos personajes, más ambiguos en la concepción del bien y el mal, a veces homosexuales como Iceman, Northsat, Batwoman, Rictum o Deadpool. Estos nuevos héroes son considerados más adecuados para la nueva pedagogía.

El productor y activista gay Greg Berlanti, de la DC, después de llenar de personajes gays las teleseries de Arrow (Flecha Verde), Leyendas del Mañana y Supergirl, ofrece ahora a Batwoman como protagonista abiertamente lesbiana; a su colega Andrew Kreisber lo expulsaron en 2017 por acoso sexual; ReL lo contaba ya aquí

La tendencia se refuerza también en las películas de los Estudios Marvel. Los superhéroes no proceden sólo de las fábricas DC Comics y Marvel, sino también de editores menores (que después se unieron a los grandes), como Alan Moore, Todd McFarlane o Michael Mignola.

En ellos el discurso es más serio y sombrío. Todos son seguidores de Aleister Crowley, uno de los principales protagonistas y divulgadores de la magia negra en el siglo XX. Moore es autor de verdaderos cómics mágicos en los que los superhéroes son demonios que son "doblegados" a la utilidad del hombre (cábala nocturna).

MacFarlane, sobre las mismas bases, creó Spawn (1992) y Mignola creó Hellboy (1993), demonio que ha huido del infierno y que protege a la humanidad. Estos autores están declaradamente vinculados al ocultismo y sus creaciones son enciclopedias de alusiones directas o indirectas al mundo de la magia tántrica o crowleyana, a veces con alusiones al satanismo. También estos cómics, que se venden muchísimo, han sido convertidos en películas con efectos especiales espectaculares. En comparación, los personajes de Marvel son tranquilizadores.

Una explicación de Hellboy en 15 minutos; es un personaje paradójico, al haber sido engendrado como medio-demonio, pero se ha educado con el amor de un padre humano, tiene buen corazón y quiere defender a la humanidad; usa agua bendita y reliquias de santos para combatir a los demonios, pero el rosario y otros signos sacros le pueden dañar; en realidad, como todos nosotros, tiene que intentar controlar su parte mala; Mignola, en el cómic, y el mexicano Guillermo del Toro (en la película de 2004) lo acompañan de símbolos católicos

Hoy, los mundos oscuros que antes estaban cerrados en libros o conciliábulos difíciles de alcanzar, están abiertos, tienen el aspecto inocuo de los cómics, están llenos de color y son atractivos. Atraen porque las películas que los convierten en protagonistas (como el nuevo Hellboy de 2019) las ven niños que luego leen los cómics. Entonces, ¿qué decir de los superhéroes?

Bien por Batman, Spiderman y Los Vengadores, pero cuidado con el resto: Spawn es un personaje fascinante, Hellboy hace chistes simpáticos, pero no nos olvidemos que son… demonios.

Traducido por Elena Faccia Serrano.