En el siglo XXI, los milagros que llevan santos a los altares suceden en hospitales modernos, bajo la atención asombrada de médicos y maquinaria avanzada.

Así ha sido, por ejemplo, en los dos milagros que llevaron a los altares al argentino José Gabriel del Rosario Brochero, el cura gaucho, canonizado este domingo 16 de octubre en Roma junto a otros seis santos. (Aquí, la canonización). 


El primer milagro reconocido fue el que sirvió para su beatificación. El bebé Nicolás Flores sufrió un gravísimo accidente de tránsito ocurrido en septiembre de 2000 cuando apenas tenía 11 meses de vida. En ese accidente en Falda del Cañete, provincia de Córdoba (Argentina) murió su abuela. El bebé experimentó 3 paros cardíacos, uno de ellos de 15 minutos. De hecho, el bebé perdió masa encefálica y parte del cráneo. Los bomberos que lo rescataron y los médicos estaban asombrados de que siguiera vivo. 

Los papás de Nicolás, Sandra Violino y Osvaldo Flores, devotos de Brochero desde la adolescencia –se casaron y también bautizaron a Nicolás en su santuario-, atribuyen el milagro al cura cordobés. Su papá asegura: "Cuando sentí que se me iba, le pedí a Brochero que le salvara la vida. Y nuestro cura cumplió”.

Los médicos del Hospital de Niños de la Santísima Trinidad de Córdoba dijeron a los padres que el niño podía quedar en estado vegetativo. Por eso se asombraron cuando el pequeño se recuperó con unas secuelas mínimas. 

Hoy Nicolás es un fanático del fútbol, del River, y le encantan los videojuegos. “Cada vez que la gente llama a casa o me viene a ver, siento como hormiguitas en la panza”, cuenta el chico con inocencia en la prensa argentina. Con ese milagro, Brochero fue beatificado en septiembre de 2013


El segundo milagro atribuido de Santo José Gabriel Brochero ocurrió en San Juan (Argentina). El 30 de octubre de 2013, Alejandra Ríos llegó con su hija Camila, de 8 años, que estaba inconsciente, al Centro Integral de la Mujer y el Niño. Dijo que la niña “se había caído del caballo”. En realidad, su pareja de entonces le había pegado una paliza a la pequeña. 

El médico me había dicho que mi hija tenía 72 horas de vida. Le pedí a todo el mundo, me llegó una estampita del cura Brochero y le pedí que salvara a mi nena”, contó Javier Brussoti, el padre.

Después de 45 días en coma, sin causa médica que se haya podido reconocer, salió del coma y empezó su asombrosa recuperación.

Su padre, Javier Brussoti, añade: “gracias a Dios y a Brochero, mi hija está bastante bien, tiene una vida normal, si bien físicamente tiene secuelas, pero puede caminar por sus propios medios e ir a la escuela”. En septiembre de 2015 la junta de médicos de la Causa de los Santos en el Vaticano dictaminó que la curación no se podía explicar médicamente. 

Raúl Ríos, el abuelo de la niña, explicó en una radio católica: "Una vez tuve un monólogo con Brochero mientras Camila se moría y le dije que yo no lo conocía, que por qué había venido a mi casa… Pensé que si vino era porque quería que le pidiera algo, entonces le pedí por la vida de Camila, su recuperación, la fortaleza de mi esposa y la mía. Y Camila mejoró (…) Hoy estamos viviendo esto". Al lado del abuelo de la niña estaba su esposa Marina que contó que Camila estaba feliz por este sueño: "Está contenta porque va a conocer al papa Francisco".


En la canonización los abuelos de Camila han llevado al altar reliquias del Cura Brochero, y Nicolás ha ayudado a llevar las ofrendas en la misa. Los dos  se han conocido en persona en Roma: ella tiene 11 años, él 15.

El Papa Francisco ha saludado a sus paisanos y les ha besado. Camila dice que no piensa lavarse nunca la cabeza, donde el Papa le besó.