El pasado 19 de enero, un hombre caminaba cerca de uno de los lagos de Lake St Louis (ciudad cercana a St Louis, Missouri, Estados Unidos) cuando vio tres niños jugando sobre su delgada superficie helada. Les advirtió del peligro y les dijo que salieran. Los chicos obedecieron, pero cuando caminaban hacia la orilla, la advertencia se cumplió y desaparecieron en el agua.


Cuando llegaron los servicios de rescate, rápidamente avisados, uno de ellos estaba casi en la orilla y otro se mantenía sobre el hielo, pero el tercero... seguía en el agua. Según declaró el jefe de bomberos, Chris Fay, al canal local KSDK (afiliado a la NBC), tardaron entre 13 y 15 minutos en sacarle. Los sanitarios le encontraron sin pulso, aunque consiguieron recuperar  "algunos signos de vida" y le llevaron al Hospital Infantil San José.

Allí el médico que recibió en el servicio de urgencias a John Smith, de 14 años, era casualmente Kent Sutterer, padre de una compañera de John en la Living Word Christian School: "La idea que me hice fue muy triste, porque había muy pocas posibilidades de supervivencia", explica el doctor, quien registró su temperatura y era de unos peligrosos 31,1°C.


Una de las deportivas de los chicos quedó en la superficie del lago, como testigo de la tragedia... que no llegó a suceder.

Se pusieron manos a la obra y estuvieron 27 minutos realizando maniobras de resucitación cardiopulmonar, que se sumaron a las que el equipo de emergencias había realizado desde el momento en el que le sacaron del agua y durante su traslado al centro hospitalario.


"Estuvo muerto durante 45 minutos", afirma el doctor Sutterer. Fue entonces cuando salió a hablar con su madre, Joyce, que ya había llegado, para trasladarle las pésimas perspectivas e invitarla a entrar en la habitación y ver a su hijo.

Y sucedió lo inesperado.

Al entrar la señora Smith en la sala de resucitación, "empezó a rezar a voces", evoca el médico. "No recuerdo qué dije", afirma Joyce, "pero sí que grité «¡¡Dios Santo!! ¡¡Por favor, envía a tu Espíritu Santo a salvar a mi hijo!! ¡¡Quiero a mi hijo, por favor, sálvale!!» Hasta ese momento no habían tenido pulso, y de repente les escuché decir: «¡Tenemos pulso, tenemos pulso!»".


Brian y Joyce, los padres de John.

"Uno o dos minutos después, su corazón funcionaba de nuevo", dice Sutterer, quien no duda en añadir: "Su corazón arrancó cuando el Espíritu Santo escuchó la oración de su madre".


Pero eso aún no implicaba victoria, porque las lesiones causadas por la hipotermia y por la falta de riego sanguíneo podían ser devastadoras y todavía presentaba síntomas incompatibles con la vida. Dos horas después del accidente, John fue transportado por vía aérea al Centro Médico Infantil Cardenal Glennon para su mejor observación y tratamiento.

Allí le atendió el doctor Jeremy Garrett, veterano pediatra intensivista, quien, a pesar de que le recibió ya con pulso, va más lejos que Sutterer a la vista del estado interno que se esperaba encontrar y el shock circulatorio: "Es un auténtico milagro". Aunque la inmersión en agua helada puede preservar la función cerebral en pacientes con problemas de corazón, explica, "eso no tendría que haber funcionado en el caso de John", pues no sucedió de manera controlada: "Por lo cual, que el cerebro de John se haya enfriado protegiéndose así de la falta de riego sanguíneo y de oxígeno, es un milagro en sí mismo".


Los doctores Jeremy Garrett (izquierda), pediatra intensivista, y Kent Sutterer (derecha), médico de urgencias, coinciden en señalar como "milagro" que John sobreviviese a lo que le pasó.

La familia intensificó sus rezos, y el martes 20 hizo una declaración pública ante el interés que había suscitado lo acontecido: "Confiamos en Dios para su curación. Hemos visto el poder de la oración. Pedimos oraciones por nuestro hijo".


John Smith, cuando compareció ante los medios, ya recuperado.


Y ni siquiera el experimentado Garrett esperaba lo que sucedió: 48 horas después del accidente, John abrió los ojos. El doctor le hizo un reconocimiento neurológico aprovechándose de la pasión del chico, el baloncesto: "Le dije, imagina que tu mano izquierda es Lebron James y tu mano derecha es Michael Jordan. Luego les hice una serie de preguntas y las respondió todas perfectamente".


Los compañeros del equipo de baloncesto de John le visitaron en el Hospital Cardenal Glennon.

Al cabo de dos semanas de estar al borde de la muerte por hipotermia y parada cardiorrespiratoria prolongada, y tras recuperar mediante rehabilitación parte de la movilidad perdida de las manos, John recibió el alta y se fue a su casa.


Y ¿qué dice él de todo esto? "Para ser honesto, no recuerdo mucho, aunque sí recuerdo los tubos", dice el joven, a quien no ha faltado la compañía del pastor de su comunidad, Jason Noble: "Sabía que había un montón de gente ahí en un rincón rezando por mí. Y escuchando lo que dicen los médicos, estoy sorprendido del resultado. Es un milagro que esté vivo, y doy gracias a Dios por estar vivo. Y debe de haber una razón por la que estoy vivo, así que voy a seguir lo que Dios tenga preparado para mí durante toda mi vida".

Su padre Brian, está también convencido de que alguna intervención sobrenatural hubo: "Sé que no encaja en nuestras estrechas mentes actuales, pero... no puedes negar la evidencia clínica".