Es una prengunta casi tan antigua como la filosofía: si Dios es bueno, ¿cómo es que hay mal en el mundo? Es un tema que sigue apasionando. Aunque apasionarse no siempre significa pensar filosóficamente.

Recientemente el actor (en El Hobbit interpretaba al gobernador de la Ciudad del Lago) y escritor cómico inglés (y militante homosexual), Stephen Fry, ha utilizado toda su simpatía de hombre del espectáculo y de orador chispeante en una entrevista en la televisión irlandesa para criticar a Dios, quien vendría a ser, según el actor, "claramente un maníaco totalmente egoísta". Al mismo tiempo que defiende que Dios no existe, se enfada con Dios por crear un universo donde hay cáncer de huesos y moscas que se alimentan de los ojos de los niños.

En pocos días, su sermón anti-Dios ha conseguido 5 millones de visionados y 49.000 "me gusta" en YouTube (frente a 3.000 "no me gusta"). A mucha gente le relaja poder echar las culpas a los que mandan, y Dios parece mandar mucho: es muy adecuado para echarle las culpas aunque no se crea en Él.

El tema de los niños es un clásico. Alguien dijo que "la muerte de un niño en más terrible que toda la biblioteca del ateísmo". Pero también es cierto que grandes mentes alejadas de Dios se acercaron a Él precisamente a raíz de la enfermedad o muerte de sus hijos.

Y las desgracias que escandalizan a muchos occidentales contra Dios son vistas en otras culturas (y en personas muy pobres) como un misterio, no como un arma arrojadiza contra la divinidad. "Aquí nadie está enfadado con Dios", decía asombrada una misionera catalana que ponía prótesis en Haití a víctimas mutiladas del último gran terremoto, algunas de ellas supervivientes de familias destruidas.

Chris Arnade, que fue "trader" de finanzas durante 20 años, en 2012 empezó a dedicarse a fotografiar drogadictos y prostitutas y mendigos. Aún definiéndose como ateo, al ver la fe de los más quebrantados, empezó a sospechar que el ateísmo era un lujo de ricos. Según constató, reaccionar al mal y al dolor pidiéndole cuentas a Dios con ira e indignación parece propio de una minoría de occidentales más o menos acomodados.

Pero también es una reacción humana intemporal: el santo Job sufre en la Biblia mil desgracias y aunque no se lanza con ira con Dios, sí le pregunta una y otra vez cómo es posible.



Stephen Fry interpreta al Gobernador de la Ciudad del Lago en El Hobbit de Peter Jackson; un materialista que desprecia las viejas leyendas y muere aferrado a sus pesadas riquezas


Una respuesta visual al problema del mal la da Jesucristo al contar la parábola de la cizaña y el trigo. El mundo, cuenta, estaba bien hecho, pero un enemigo malo (el demonio) sembró cizaña (el mal y el dolor). El Amo de los campos (Dios) podría quitar la cizaña, pero parece que obligatoriamente eso implicaría dañar buena parte del trigo. Para rescatar el trigo el Amo prefiere dejar pasar tiempo: durante esa etapa -en la que estamos- crecerá el trigo, aunque también crecerá la cizaña. Pero eso será sólo durante un tiempo: llegará la siega, acabará "el teatro del mundo" (como le llamaba Calderón de la Barca) y el grano irá al granero, y la cizaña al fuego.

La pregunta clásica del cristianismo es: ¿estás seguro de que formas parte del grano y no de la cizaña? Si Dios va a quitar todo, absolutamente todo el mal del mundo, y crear un mundo sólo con bien, ¿seguro que tú no formas parte de ese mal a quitar?

La teodicea (el problema del mal) no se va a resolver con cuatro eslóganes, pero tampoco es razonable lanzar unas cuantas acusaciones como las de Stephen Fry sin pensar que nadie haya razonado antes sobre ellas, aunque los "me gusta" lluevan sobre el actor cómico.

El Irish Catholic ha planteado el tema a Brendan Purcell, sacerdote y profesor de filosofía en la Universidad de Notre Dame en Sídney, que tiene el mérito de seleccionar  6 puntos clave de Fry (no todos son de gran calado filosófico) y responderlos con agilidad.

1. Creo que Stephen se equivoca cuando dice que en el momento en que expulsas a Dios, la vida se hace “más simple, más pura, más clara”
Ni uno de los problemas, sufrimientos tragedias y desastres que Fry querría cargar sobre Dios se irá así. Peor aún, como dice Dimitry Karamazov [en la novela de Dostoyevsky “Los hermanos Karamazov”] “sin Dios, todo está permitido”. Así que cuando Lenin, Stalin, Hitler, Mao, Enver Hoxha y Pol Pot “expulsaron a Dios” expulsaron también a millones de seres humanos.

2. Creo que Stephen se equivoca cuando dice que [los creyentes] “tenemos que pasar nuestras vidas de rodillas” dando gracias a Dios.
Jesús dio tanta prioridad al amar a nuestro vecino y y a perdonarlo que dijo que si hay algo entre tú y tu hermano, debes solucionar eso primero, y sólo después hacer tu ofrenda ante el altar.

Malcolm Muggeridge quedó asombrado al descubrir que la fuente del servicio incansable de Madre Teresa y sus seguidoras hacia Jesús en la persona de los más pobres eran sus horas de oración a Jesús.

[El inglés Muggeridge (19031990) fue político, escritor, mujeriego, corresponsal pro-soviético en el Moscú estalinista y agnóstico. Empezó a acercarse al cristianismo escribiendo sobre Jesús con 66 años, y se hizo católico con 79 años tras estudiar de cerca la obra de Teresa de Calcuta. Nota de ReL].

3. Creo que Stephen se equivoca al pensar que Dios no sería capaz de responder a su pregunta: “¿de qué va esto?, ¡cáncer en los niños!”
Chiara Luce Badano, que murió de un doloroso cáncer de huesos a los 19 años en 1990 fue beatificada en el 2000 por cómo su amor lúcido había resplandecido en ella durante su último año y medio de vida. De sus afirmaciones, la que prefiero es esta: “Si tú lo quieres, Jesús, yo también lo quiero”.

Aunque le costaba mucho, cuando aún podía caminar algo pasaba el tiempo en los pasillos paseando con una chica drogadicta que sufría una depresión grave. Eso implicaba salir de la cama pese al dolor que le causaba el crecimiento de su columna dorsal. “Ya tendré tiempo de descansar luego”, decía.

No todos nosotros tendríamos su coraje, pero ella muestra que Dios puede obtener un bien mayor incluso del terrible mal que es el cáncer de huesos.

4. Creo que Stephen se equivoca cuando culpa a Dios de crear un mundo “donde hay tal miseria, es radicalmente, radicalmente malvado”.
Está mezclando lo que podemos experimentar como malo (sufrimientos, causados por la forma en que está organizado nuestro universo, sufrimiento animal, enfermedad humana) con la maldad.

Si no quieres todo el dolor que corresponde a los accidentes, caídas, terremotos, tsunamis y así, mejor que busques otro universo. Nuestro universo se mantiene debido a la gravedad: echarle la culpa a Dios de la gravedad es como echarle la culpa de crear el universo.

Lo mismo sucede con el sufrimiento animal: si no quieres que los animales sufran, no hagas nada por encima de unos elementos químicos, porque hasta las bacterias más diminutas se comen unas a otras para mantenerse vivas, y sin focas ni salmones en el menú los osos de Alaska sólo podrían comer ecologistas.

5. Creo que Stephen se equivoca cuando culpa a Dios de la injusticia que hay en el mundo.
En la gran meditación de Dostoyevsky sobre la causa del mal en el mundo, Los Hermanos Karamazov, queda bastante claro que son los seres humanos, no Dios, los culpables. Pero si Stephen prefiere no ir más allá del nivel de, digamos, las jirafas, está bien, porque desde el punto de vista cristiano todos los animales siguen en el Jardín del Edén.

Una vez aceptas que los seres humanos son libres, parte del asunto es que son libres tanto para amar como para odiar.

Dios podría haber llenado el mundo sólo con animales, pero como el Libro de Job nos enseña, prefirió arriesgarse y apostar que algunos de nosotros como mínimo, responderíamos a su amor con el nuestro.

6. Creo que Stephen se equivoca cuando invoca a los dioses griegos como racionalmente superiores al Dios del cristianismo.
Desde Homero a los grandes filósofos místicos Jenófanes, Heráclito y Parménides, los poetas trágicos Esquilo y Sófocles, y más tarde Sócrates, Platón y Aristóteles, la odisea griega del espíritu durante 400 años es una purificación de los dioses míticos griegos.

Igual que Richard Dawkins en “El Espejismo de Dios” nunca menciona el descubrimiento que hacen los griegos de Dios desde la razón, también Stephen parece ignorar al Dios que ellos llamaron “el Único”, “Logos” o con Platón y Aristóteles, simplemente, “el Dios”, “la verdad”, “el Bien”, “el entendimiento del entendimiento”.

Nadie le pide que acepte la revelación cristiana o judía, pero si quiere afirmar que es razonable ser ateo, debería mostrar por la maravillosa tradición griega el mismo respeto que le tuvieron los pensadores cristianos, desde Justino Mártir a Tomás de Aquino y Edith Stein.

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