A menudo los escépticos de las manifestaciones marianas cuestionan que los videntes son casi siempre niños analfabetos o casi analfabetos. ¿Por qué no se aparece la Virgen a gente culta y alfabetizada?, plantean.

Es cierto que las apariciones modernas más famosas dan esa impresión: primero fue la aparición en el siglo XIX a los pastorcitos sin escolarizar Melania y Maximino en La Salette; después a Bernadette en Lourdes, que casi no sabía leer. Después a los pastorcillos de Fátima, ya a principios del siglo XX. 

E incluso en casos de apariciones que dieran origen a ermitas o devociones locales, parece que los protagonistas suelen ser pastores o pastoras.

Sin embargo, las apariencias estadísticas engañan. 

Santos videntes que tenían cultura
Por un lado, es evidente que hay personajes históricos cultos y bien alfabetizados que han asegurado tener visiones o mensajes de la Virgen, por lo general muy puntuales (una, dos, o unas pocas experiencias) que han transformado su vida y que han fructificado con obras perdurables.

Es el caso, por ejemplo, del mercader barcelonés San Pedro Nolasco, que vio a la Virgen en el siglo XIII y fundó los mercedarios.

O de Santa Catalina de Bolonia, criada en una familia de juristas, que vio a la Virgen (con el Niño Jesús) en el siglo XV. 

San Pedro Canisio, San Estanislao de Kostka y San Felipe Neri son tres ejemplos de personas de familia noble del siglo XVI que tuvieron visiones de la Virgen. 

Pablo de la Cruz, fundador de los pasionistas en el siglo XVII, también era de familia noble y la Virgen se le apareció a los 16 años y le confirmó su vocación.

Estudios y estadísticas: al menos dos
Hay al menos dos estudiosos que han tratado de hacer estadísticas sobre el tema. 

Uno es el sacerdote servita Giuseppe M. Besutti, un reconocido mariólogo italiano que murió el 23 de diciembre de 1994. En 1950 empezó a publicar sus volúmenes de “Bibliografía Mariana”, recogiendo todo lo que se publicaba en distintos idiomas. Su última edición de esta obra monumental fue en 1989. 



Giuseppe M. Besutti, 
de la Orden de Siervos de María


Vittorio Messori, en su interesantísimo libro Hipótesis sobre María, explica que “este religioso dirigió un estudio sistemático sobre las apariciones de la Virgen, origen de la construcción de 190 santuarios italianos, sobre todo de los más antiguos". 

"Resultó que los videntes se dividen, casi exactamente, entre hombres y mujeres, que los adultos son más numerosos incluso que los niños o adolescentes, que no existen clases sociales que aparezcan privilegiadas, por lo menos de forma exclusiva. Es decir, junto a los siervos, están los aristócratas; junto a los campesinos, los burgueses. Aunque los pobres, en sentido material, constituyen siempre el grupo mayor”.

Messori toma esos datos de un estudio de Bessutti, concienzudo pero centrado sólo en Italia y sus santuarios (está en G. Besutti, Saggio di ricerca sull´origine dei santuari mariani in Italia, De Cultu Mariano Sæculis VI-XI, vol. V, p. 290; apud Yves Chiron, Enquête sur les apparitions de la Vierge, Ed. Perrin-Mame, p. 37).

Los casos del segundo milenio
Pero hay otro estudio que se centra en experiencias marianas de toda Europa, y recoge 100 casos de todo el segundo milenio. Es el de Michael P. Carroll publicado en 1983, con la financiación de un instituto norteamericano de sociología religiosa y con un enfoque también psicológico. 

Michael P. Carroll llega a conclusiones similares: dice que hay más beneficiarios hombres en las visiones (58%) que mujeres (42%); y más adultos que jóvenes (un 62% tenían más de 18 años). 

Más aún, constata que si las apariciones se dan en territorios de misión, cuando los católicos son minoría, los videntes son casi siempre hombres adultos. Tampoco encuentra que sus rasgos sociales sean homogéneos. (Está en: Michael P. Carroll, Visions of the Virgin Mary: the effect of family structures on Marian apparitions, Journal for the Scientific Studies of Religion, 1983, pp. 208-212; apud Yves Chiron, Enquête sur les apparitions de la Vierge, p. 37). 

Estas cifras quitan valor a la objeción habitual –que pretende ser más estadística que psicológica- de que las apariciones son siempre cosa de muchedumbres alteradas por adolescentes, fruto de histeria infantil-juvenil o subproducto de la miseria y de la ignorancia.

(Publicado originalmente en 2014 en el portal de noticias marianas www.carifilii.es)