Este sábado 17 de noviembre el Papa Francisco participó en la entrega del Premio Joseph Ratzinger, un premio que se financia, en parte, con los beneficios de las ventas de libros del Papa emérito Benedicto XVI y que busca premiar a teólogos y artistas que exploran la relación entre fe, verdad y belleza y la teología.

Este año los galardonados han sido la teóloga alemana Marianne Schlosser, experta en San Buenaventura (doctor de la Iglesia y superior de los franciscanos en el siglo XIII) y el arquitecto Mario Botta

El patrimonio cultural y espiritual de Benedicto XVI

El Papa Francisco, complacido por participar también este año en la ceremonia de entrega de los premios de la Fundación Pontificia, tras saludar a los ganadores, al cardenal Angelo Amato y al padre Federico Lombardi, presidente de la fundación, invitó a los presentes a dirigir juntos un “afectuoso y agradecido pensamiento al Papa Emérito Benedicto XVI”:

“Como admiradores de su patrimonio cultural y espiritual – dijo - , ustedes han recibido la misión de cultivarlo y seguir haciéndolo fructificar, con ese espíritu fuertemente eclesial que ha distinguido a Joseph Ratzinger desde los tiempos de su fecunda actividad teológica juvenil, cuando ya dio frutos preciosos en el Concilio Vaticano II, y luego de manera cada vez más comprometedora en las sucesivas etapas de su larga vida de servicio, como profesor, arzobispo, jefe de Dicasterio y, finalmente, Pastor de la Iglesia universal”.

“El suyo –prosiguió - es un espíritu mira con conciencia y valentía los problemas de nuestro tiempo y sabe extraer de la escucha de la Escritura en la tradición viva de la Iglesia la sabiduría necesaria para un diálogo constructivo con la cultura de hoy. En esta línea los animo a seguir estudiando sus escritos, pero también a abordar los nuevos temas sobre los que la fe está llamada al diálogo, como los que han evocado y que considero de gran actualidad, el cuidado de la creación como casa común y la defensa de la dignidad de la persona humana”.

Mujeres en el ámbito teológico

Sucesivamente el Papa Francisco manifestó su especial agradecimiento a las dos personalidades que han recibido el Premio, expresando su complacencia porque el Premio de Investigación y Enseñanza de Teología haya sido otorgado a una mujer, la profesora Marianne Schlosser:

No es la primera vez -porque la profesora Anne-Marie Pelletier ya lo ha recibido-, pero es muy importante que se reconozca cada vez más la contribución de las mujeres en el campo de la investigación teológica científica y de la enseñanza de la teología, consideradas durante mucho tiempo territorios casi exclusivos del clero. Es necesario que esta contribución sea estimulada y que encuentre un espacio más amplio, coherente con el crecimiento de la presencia femenina en los diferentes campos de responsabilidad de la vida de la Iglesia en particular, y no sólo en el campo cultural. Desde que Pablo VI proclamó a Teresa de Ávila y a Catalina de Siena doctoras de la Iglesia, no cabe duda de que las mujeres pueden alcanzar las cimas más altas en la inteligencia de la fe. Juan Pablo II y Benedicto XVI también lo han confirmado, incluyendo en la serie de doctores los nombres de otras mujeres, Santa Teresa de Lisieux y Hildegarda de Bingen”.

El arte sagrado es de altísimo valor y debe ser reconocido

Desde 2017 estos premios Joseph Ratzinger incluyen no solo trabajos teológicos sino también artísticos en el ámbito de las artes de inspiración cristiana. El premio al arquitecto Mario Botta es el segundo en esta línea.

Sobre ello, dijo el Papa: “A lo largo de la historia de la Iglesia, los edificios sagrados han sido una llamada concreta a Dios y a las dimensiones del espíritu allí donde el anuncio cristiano se ha difundido en el mundo; han expresado la fe de la comunidad creyente, la han acogido y han contribuido a dar forma e inspiración a su oración. El compromiso del arquitecto que creó el espacio sagrado en la ciudad de los hombres es, por tanto, de altísimo valor y debe ser reconocido y animado por la Iglesia, en particular cuando se arriesga el olvido de la dimensión espiritual y la deshumanización de los espacios urbanos”.

Levantar la cabeza hacia Dios

Tras sintetizar el valor del arte y la teología en el contexto de los problemas de nuestro tiempo, Francisco concluyó recordando las palabras del Papa emérito sobre la esperanza, con ocasión de su visita a Bagnoregio, patria de San Buenaventura, y con ellas agradeció a los teólogos y arquitectos que “nos ayudan a levantar la cabeza y a dirigir nuestros pensamientos a Dios”, con el augurio de que su noble trabajo siempre se dirija a este fin:

«Una bella imagen de la esperanza la encontramos en una de sus predicaciones de Adviento, donde compara el movimiento de la esperanza con el vuelo del ave, que despliega sus alas lo más ampliamente posible y para moverlas emplea todas sus fuerzas. En cierto sentido toda ella se hace movimiento para elevarse y volar. Esperar es volar, dice san Buenaventura. Pero la esperanza exige que todos nuestros miembros se pongan en movimiento y se proyecten hacia la verdadera altura de nuestro ser, hacia las promesas de Dios. Quien espera —afirma— "debe levantar la cabeza, dirigiendo a lo alto sus pensamientos, a la altura de nuestra existencia, o sea, hacia Dios" (Sermo XVI, Dominica I Adv., Opera omnia, IX, 40a)».