Los pecados de la Iglesia

          Es evidente que la Iglesia es divina y humana. Está afectada de las miserias propias de los fieles que engrosamos sus filas. Esto ocurre con cualquier sociedad que camina por las sendas frágiles del mundo. Hasta las grandes ramas de los árboles gigantes caen, y el tronco sigue firme. La Iglesia está plagada de seres humanos que deambulan por los caminos del mundo, normalmente duros, con sus virtudes y sus miserias acuestas. Y no siempre es culpa del camino si tropezamos y caemos. El caminante tiene su cuota de culpabilidad. Sin duda estamos atravesando un duro espacio de turbulencias que nos zarandean brutalmente con frecuencia, como a los aviones que surcan el cielo.

          La túnica de la de la Iglesia está festoneada de santos y pecadores. El pasado hay que juzgarlo en clave histórica, y el presente con justicia y misericordia. Cuenta Jean Guitton, que estando en una imaginaria agonia, le visito Bergson. En un momento de la “conversación”, le pregunta el filósofo: En su opinión, ¿el cristianismo es antiguo o moderno? Guitton le responde: Ni antiguo ni moderno, sino viejo y nuevo, como el pensamiento de Dios. De ahí los achaques y la brillantez de su doctrina.

 El Papa Benedicto XVI dijo en Lisboa que el sufrimiento de la Iglesia viene de su interior, de los pecados que existen en la misma "hoy lo vemos de un modo realmente terrible", no de sus enemigos de fuera.

El Pontífice aseguró que el mensaje de Fátima tiene un "valor eterno", que es un llamamiento a la conversión y a la penitencia y que la novedad que podemos descubrir hoy en él es que no sólo desde fuera llegan los ataques a la Iglesia y al Papa, sino también desde su interior… La Iglesia tiene una profunda necesidad de aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender el perdón y la necesidad de justicia", aseguró el Papa a los periodistas que le acompañaban en el vuelo hacia Lisboa primera etapa de su viaje a Portugal, donde visitará también Fátima y Oporto.

Benedicto XVI afirmó que "aunque el mal ataca, el bien siempre está presente, Cristo es más fuerte que el mal y la Virgen es la garantía materna, la bondad de Dios tiene la última palabra en la historia".

El Pontífice respondió de esta manera a las preguntas de los periodistas de si el significado del mensaje de Fátima se refería en su Tercer Secreto al atentado que sufrió Juan Pablo II en la plaza de San Pedro del Vaticano en 1981 y a los sufrimientos que la Iglesia atraviesa por los casos de abusos sexuales por parte de curas y clérigos.

 

"La Iglesia sufrirá siempre"

El Papa subrayó que el mensaje de Fátima es para todos y no para unos pocos y que la visión del sufrimiento del Papa se personifica en Juan Pablo II cuando sufrió el atentado, aunque también el Tercer Secreto se refiere a otros sufrimientos de la Iglesia.

A este respecto, Benedicto XVI manifestó que "el Señor siempre nos ha dicho que la Iglesia sufrirá, aunque de manera diferente, hasta el final del mundo". Lo importante, según Benedicto XVI, es que el Tercer Secreto es "eterno" es un mensaje que vale para todos los tiempos, para todos los sufrimientos de la Iglesia y para todos los Papas.

Esta es la gran novedad que Benedicto XVI ha introducido en este secreto que él mismo se encargó de desvelar e interpretar en junio de 2000, cuando fue revelado durante la visita de Juan Pablo II a Fátima para beatificar a los pastorcillos Francisco y Jacinta.

          La barca de la Iglesia no siempre ha navegado por mares tranquilos. Ha tenido que hacer frente a fuertes tormentas que la han hecho sufrir, aunque sabe que las olas no harán naufragar a la barca.

Yo estaré siempre con vosotros, dijo el Señor. Y todos recordamos el episodio de la tempestad calmada en el lago de Tiberíades.

          Hace unos meses José Francisco Serrano Oceja, en su columna de ABC, hablaba de la Nuevas llagas de la Iglesia. ¿Cuáles son esas llagas que hoy nos hacen sufrir? Según el: 1) La dialéctica, la desunión entre opiniones encontradas, también el Jerarquía. 2) La ideologización de la fe, la perdida del sentido de los sobrenatural que lleva a convertir la doctrina en meras opiniones encontradas. 3) La mediocridad en parte de la jerarquía, que busca más el puesto que el servicio.4) La falta de formación doctrinal, de una Iglesia volcada mas en la practica con escasa visión sobrenatural. 5) El excesivo respeto al poder civil para evitar confrontaciones y problemas.

          Y los pecados de cada uno. Somos observados muy de cerca, y ya nadie se corta a la hora de emitir un juicio y una condena. La Iglesia está en la calle, conviviendo con todo tipo de personas, incluidas las que no soportan una visión espiritual de la historia. La multitud, la masa, suele desconectar la mente de la Verdad. Decía Cicerón: La muchedumbre es ser depreciable, naturalmente cuando no mira hacia arriba.  

 

          La Iglesia tiene que mirar al mundo, y mirar al cielo. Es necesaria una fuerte vida interior, una profunda visión sobrenatural, para hacer posible que venga a nosotros Su Reino. Que se haga Su Voluntad en la tierra como en el Cielo.

Toda nueva renovación de la Iglesia puede partir sólo de aquellos en los que vive la misma humildad decidida y la misma bondad dispuesta al servicio.”
(Benedicto XVI).

Es oportuno recordar esta palabra de Dios en boca de Isaías: Esto dice el Señor: “Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos; proclamas, alabad y decid: “¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel (Jer. 11,2-9). Hay un refrán persa que dice: La puerta de Dios siempre está abierta de par en par. Es cierto, y  esto nos llena de esperanza.

Juan García Inza