Uno se ha parado frente a lo que llaman la Cruz de Pedralbes. Está junto a la muralla del monasterio del mismo nombre. 
Hay un jardín muy florido y un pequeño claro abierto entre la vegetación ordenada, las adelfas y algún ciprés. 
En ese claro, hace 53 años, tio Rogelio hizo algunas fotografías de mi Primera Comunión. Del nutrido grupo de familiares que posaron aquel día de mayo de 1965, solo quedan vivos mi madre y mis tios. Pasan de los 80 años. Rogelio murió hace poco. Ahora estoy solo y solo veo al monje que se acerca desde el callejón estrecho, mal pavimentado.

-No se entristezca en exceso. La nostalgia no es más que un deseo de eternidad. Cada vez está más cerca de sus familiares vivos al otro lado. La ausencia es solo una especie de limpieza de los ojos del alma. Si la tristeza llegara al paroxismo, usted podría ver a sus seres queridos: el deseo desesperado es la fe desesperada, y todo es posible para quien tiene fe. Muero porque no muero, ¿recuerda? Dios es demasiado sensible para dejar que usted experimente esa tortura que, Él sabrá, concede a ciertas almas.

No son precisamente almas buenas. ¿No sabía usted que ni siquiera Jesús se apropió de la bondad para sí mismo? "¿Por qué me llamas bueno? Solo Uno es Bueno", le dijo al joven rico. 
El hijo del hombre descarta así toda bondad para el ser humano. No hay buenos y malos. Hay ciegos y gente que ve, más o menos. Hay libres y esclavos. ¿No me cree? "Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos...", repitió aquí Jesús lo mismo: no somos buenos; es más, afirma rotundamente que somos malos. 

Pero esa maldad la asocia a la ceguera -"Ciegos y guías de ciegos"- y a la esclavitud, de la que nos libera -"A vosotros no os llamo siervos, sino amigos"-.

Por esta misma razón, no debemos juzgar. El ciego es un enfermo y el esclavo está encadenado. La cuestión terrible de la libertad entra en juego solo, de nuevo, en el deseo: "¿Quieres curarte?"

No sufra. Podrán decirle que no quieren curarse. Podrán decirle que viven muy bien en la esclavitud. Podrán decirle que se largue usted con el sermón a otra parte.

Hágalo. Váyase a su interior y no huya de las sombras que se avecinan, de la angustia y del miedo. Son las sombras de aquellos que no quieren curarse y que el buen Dios quiere curar a través de usted. 

Aguante el tirón: ¿no es así como lo dicen ahora? En términos militares, la orden sería que se clavara usted al terreno y no cediese ni un palmo del mismo. "Haced frente al demonio y huirá de vosotros". 

Acumule valor. Estamos en guerra. Su frente está en la familia y el mío en el claustro.

Muera pero no huya. Quede en paz.

El monje desaparece detrás del escudo de piedra. No ha atravesado el muro. Una pequeña puerta se ha abierto y el eco de alguna tiniebla ha gemido desde el otro lado. 

Siento un escalofrío pero no me muevo.

Los muertos de la familia sonríen desde sus cielos. Creo.