Año del Señor 2018
15 de abril 

Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                              

EL ÁRBOL... ¿CAÍDO? 

-¡Ay! Tenemos que levantar ese pobre árbol... -comentó la priora mientras paseábamos por la huerta. 

El susodicho “árbol” en realidad era prácticamente un palito de metro y medio de alto con cuatro o cinco ramitas de nada. Se trata de un olivo que apenas lleva un año plantado en nuestra tierra. 

A pesar de que estábamos lejos, la verdad es que sí que parecía necesitar ayuda. Aunque fuertemente agarrado al suelo, el tronco estaba torcido por completo, casi tumbado. 

-Cómo ha sufrido el viento de estos días... -dije meditativa. 

-¡Qué va! -me respondió la priora- Quien lo ha sufrido ha sido la vara que tenía de guía. A esa sí que la ha tirado el viento, ¡y ahora está doblando al olivo con su peso! 

Aquel comentario me dejó asombrada: ¡¡menuda docilidad la del olivo a su guía!! 

Orando este hecho, caí en la cuenta de que, un árbol grande, bien formado, se reiría de esa vara fina y de escaso tamaño. Su tronco leñoso y firme no se doblegaría jamás. Sin embargo, este pequeño olivo tiene el tronco lo bastante flexible como para doblarse, y, obedeciendo a la vara, ¡inclinarse hacia el suelo! 

Solo los troncos jóvenes son flexibles. Y, ¿no dijo Jesús que el Reino de los Cielos es de los niños? ¡Sí, el Reino es de los que tienen un corazón flexible! 

Jesucristo es la guía que dirige nuestros pasos, Él nos entrega su Espíritu que, como el viento, nos empuja y nos anima... De Su mano descubrirás que llegas donde te parecía imposible, donde nunca habrías imaginado. Su amor hace de ti una criatura nueva. 

Y no me refiero a que hagas “cosas raras”... Como dicen los santos, muchas veces las mayores inspiraciones del Espíritu Santo nos llevan simplemente a “hacer lo ordinario con un amor extraordinario”.

Lo mejor es que nuestro corazón no es como el tronco de los árboles. Su dureza no depende de los años: ¡cuántos mayores hay con espíritu de niño! Y, mejor aún, a diferencia de los troncos... la dureza de nuestro corazón no es definitiva. Jesucristo tiene poder para hacer latir de nuevo el corazón más leñoso y rígido. Cristo es el gran apasionado de los nuevos comienzos... ¿Te apuntas? 

Hoy el reto del amor es volver a ser niño. Para ello, te invito a que te dejes asombrar por Cristo. Abre los ojos y, a lo largo del día, dale las gracias por tres pequeños detalles en los que veas el Amor del Señor: un rayo de sol, una palabra amable, una “coincidencia”... Y, dócil a Jesús, ¡trasmite su Amor! Hoy regala tres sonrisas a desconocidos. ¡Feliz domingo! 

VIVE DE CRISTO 


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¡Feliz día!

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