de marzo

Hola, buenos días, hoy Verónica nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.   

SUELTA Y DÉJALE A ÉL

Para el nuevo proyecto que el Señor nos ha puesto, tenemos que limpiar una parte del Noviciado que tiene la función de almacén. Te puedes imaginar la de cosas que había ahí. 

Nos pusimos a hacer limpieza a fondo y llegamos a la hora de comer agotadas. Así que quedamos en que por la tarde nos merecíamos una película, para descansar y poder continuar al día siguiente. Sin embargo, justo antes de ir a la siesta, Lety dijo: 
-Me acaban de pedir un favor: que hagamos unas cruces para un retiro, así que esta tarde como locas a hacer cruces. 

Yo me fui a la siesta repitiendo constantemente: "El Señor bendice la entrega, el Señor bendice la entrega"... ¡pero cómo me costaba renunciar a una tarde libre! Al final se lo entregué al Señor: "Esas personas lo necesitan más que yo". 

Cuando subimos de rezar Nona, nos pusimos a sacar las cruces, el cordón, las bolas... ya había soltado el control de la tarde. Pero, de repente viene Lety y dice: 
-Bueno, ¿qué, vemos la peli? 

Yo no podía estar más contenta, ¡el Señor sí que bendice la entrega! En el momento en el que había soltado, el Señor me lo regaló. Debimos de entendernos mal, y en realidad el Señor nos tenía preparada una tarde de descanso. 

Puede que hoy te pase igual, que te cambien los planes, que estés agotado y te pidan algo más en el trabajo, o en casa, o tu familia, "ayúdame a tender", "a ver si puedes terminarme esto"... y tú tenías pensando descansar un poco. 

Cristo hoy te pide que le dejes a Él actuar. Su vida fue una vida entregada, esa entrega le llevó a amar a las personas con un amor sin límites, "hasta el extremo", como dice el Evangelista: les lavó los pies, les enseñaba... Ese amor hacia nosotros incluso le llevó a la Cruz, donde entregó lo último que le quedaba: su propia vida. Y me imagino a Jesús muchas veces cansado, agotado de andar de un lado para otro... Seguro que alguna vez hubiese preferido quedarse en casa con María, su madre, con la cena en la mesa y tan a gusto. 

Pero Él no dejaba de entregarse, porque a Cristo le hace feliz entregarse a ti. Y Él encontró una bendición en esa entrega: salvar a todos los hombres. La mayor bendición de todas. Por eso, aunque haya veces que cueste, mira a Cristo y pídele entregarte con alegría. Cuando sueltes tus planes, podrás hacer lo que te habían pedido con alegría, o puede que también el Señor te sorprenda con una tarde libre. 

Hoy el reto del amor es soltar, soltar eso que tienes planeado y dejar que Cristo te sorprenda. Él no podrá actuar hasta que no sueltes y le dejes entrar en tu libertad. 

VIVE DE CRISTO