SONRISITIS INCURABLE
Ayer salí de casa hacia el Metro a la hora de siempre para llegar al cole a la misa de las 16:25, con mi MP3 en la pista 2: Santo rosario con Juan Pablo II, misterios gloriosos. Con eso llegué hasta Quintana o El Carmen y cambié a Betsaida (Grupo Betsaida, www.betsaida.cl). En la segunda canción noté que me miraban de reojillo y me asusté un poco pensando que llevaba la música muy alta o que tenía un siete en la ropa o algo así.  Pero no era eso lo que vi al mirar mi reflejo en la ventana, sino que estaba sonriendo de oreja a oreja en medio de un vagón lleno de gente con cara de acelga mirando sus móviles o tablets. Era como en la canción  “Nueces” de Coti, “Allí estaba ella, única con pulseras, con flores en el pelo y la sonrisa comiéndole la cara en el vagón”. Lo único distinto era que yo no llevaba flores en el pelo.
No podía remediarlo, estaba escuchando “Es el Señor viene a mi casa, mi alma es fiesta es Jesús que viene a mí” (Betsaida 4, nº 14), ¿cómo no iba a sonreír?
Miré alrededor y me sentí una privilegiada porque parecía ser la única persona en ese vagón “petao” consciente de la presencia real de Dios en mí y en mi vida.
Me puse a pensar: ¿Por qué nadie más sonríe? ¿Es que no saben o no se acuerdan de que son hijos de Dios? ¿No notan cómo los envuelve su amor de Padre? ¿No sienten dentro de ellos el calor del amor del Espíritu Santo? ¿No tienen a Dios en su vida?
Y yo cada vez me sentía más feliz por saberlo y sentirlo y si hubiera sonreído más se me habría desencajado la mandíbula.
Mi vida es igual que la de esas personas y a la vez totalmente distinta, porque sé que soy hija de Dios y eso la llena de una luz intensa y cálida que lo envuelve todo.
En mi vida no todo es de color de rosa, hay pequeñas dificultades de vez en cuando igual que le pasa a todo el mundo: Dios no me va a pagar la hipoteca, no me va a arreglar la conexión a Internet cuando se va en el momento más inoportuno ni me va a decir qué le pasa a mi hijo que está malito, pero hace que mi vida esté llena de luz y de música, que todo sea trascendente y pleno de sentido y contenido.
¡¡Cómo no iba a sonreír!!.