Primero han sido los laicos y la familia los que han sido afectados por la reorganización de la Curia vaticana que el Papa Francisco decidió acometer poco después de comenzar su Pontificado. Ahora le ha tocado el turno a varios Pontificios Consejos relacionados con la caridad: Cor Unum, Justicia y Paz, Emigrantes y Operadores Sanitarios. Aunque cada uno de ellos tenía una misión muy concreta, no cabe duda de que la unificación de todos ellos en un solo dicasterio era lógica, tanto para disminuir la burocracia como para ahorrar dinero.

A partir del 1 de enero los cuatro Pontificios Consejos se fundirán en una sola entidad y a su frente estará un veterano en las obras de caridad, el cardenal Turkson, africano, que no es ciertamente un progresista, como tampoco lo es monseñor Farrell, que es ya quien se ocupa, desde este uno de septiembre, de la nueva Congregación para los Laicos, la Familia y la Vida.

¿Se superará, con ello, la animadversión que hacia ella tienen los círculos más progresistas de la Iglesia? Decididamente, no. La Curia no es, como ellos piensan, un monstruo sediento de poder y de dinero y habitado por corruptos. Hay muchísimos sacerdotes, obispos y cardenales trabajando allí que aman a Dios y a la Iglesia. Son la mayoría. Pero también hay gente que no es así. Como el Papa Francisco ha dicho muchas veces, la ambición y el deseo de hacer carrera están presentes en el Vaticano, como lo están en las Curias diocesanas y nadie se mete con ellas, o como lo están en otros ámbitos de la vida. Por eso, aunque estas reformas son útiles, la reforma más importante es otra. Es la reforma del corazón, es la conversión permanente que no sólo deben tener los que trabajan en el Vaticano, ni tampoco sólo los curas y los obispos. Cuando no se tiene a Dios en el primer lugar, los cambios en las estructuras terminan por no producir el efecto deseado. La Madre Teresa sabía mucho de eso y por ello se puso a servir a los pobres por amor a Dios, sin fijarse en si la hacían fotos y sin pensar en que un día le darían el Nobel de la Paz y la harían santa.