Julio - octubre de 1936

Si bien a lo largo de los años de la República el Ayuntamiento de Escalona (Toledo) fue mostrando su animadversión hacia las concepcionista [entre otras arbitrariedades se les prohibió sepultar a las religiosas en el cementerio del monasterio], desde que estalló la contienda bélica, la animosidad contra ellas fue creciendo.

Quizá el bulo más grueso que difundió el Ayuntamiento entre los vecinos contras las monjas, fue que habían envenenado el agua para servicio del pueblo, cuyas tuberías pasaban por la huerta del monasterio. Tras ello, el alcalde se sintió con derecho a entrar en la clausura registrándolo todo, insultando y ridiculizando a las religiosas.

Sabedoras de que tenían intención de quemar el monasterio, las religiosas se pasaban, en vela por parejas, todas las noches para controlar desde el campanario los movimientos en torno a la casa.

Fueron diez días de gran sufrimiento. El 28 de julio recibieron orden del Ayuntamiento de abandonar el monasterio. El día anterior el alcalde corrió la noticia por el pueblo. Así cuando salieron las monjas había congregada a la puerta mucha gente, unos por curiosidad; los jaleados por las izquierdas, para insultar y burlarse de aquellas pobres mujeres.

Antes de eso, la Abadesa las conminó a vestirse de seglares y se reunieron junto al Capellán en la iglesia, donde entre todos consumieron el Santísimo, para evitar cualquier profanación. Las religiosas se encontraban fuertemente impresionadas, alguna incluso asustada y sin poder contener las lágrimas. Don Teógenes, como padre espiritual, levantó sus ánimos al decirles con gran energía: “Hermanas, ahora es cuando debemos dar testimonio y demostrar que somos soldados valientes de Cristo”.

 

La Comunidad del Monasterio de la Encarnación de Escalona (Toledo) estaba compuesta en julio de 1936 por 14 monjas concepcionistas. Aquella jornada del 28 de julio de 1936 haría recordar los relatos recibidos de los días de la desamortización de Mendizábal, cuando en 1836, las ocho monjas que ocupaban el monasterio se vieron obligadas a salir de él y fueron recogidas en el de Torrijos. Hasta el 18 de febrero de 1854 no regresaron… Qué sucedería ahora. De momento, las condujeron a la carcel del pueblo. Allí permanecieron 24 horas, mezcladas con otro grupo numeroso de presos. No fueron atendidas en nada y, por supuesto, ni se las dio de comer ni beber.

Al día siguiente las tuvieron tomando declaración, de una en una, con intervalos de media hora, con halagos, falsas promesas y con amenazas para que renegaran de su estado. Todas se distinguieron por rechazar valientemente las propuestas de sus carceleros.

Después de dos días de sufrimientos físicos y morales de todo tipo, sorpresivamente las liberaron. Más de diez familias del pueblo, enfrentándose a los problemas que podría acarrearles, recogieron a las religiosas en sus domicilios.

Desde el 30 de julio hasta el 16 de septiembre las religiosas gozaron de relativa libertad. Ese día fueron citadas nuevamente en la Comandancia, permanecieron como la primera noche en la carcel. Al día siguiente, fueron trasladadas a la Dirección General de Seguridad de Madrid. Por lo visto, al parar en Navalcarnero un grupo de milicianos de esta localidad quisieron lincharlas.

La primera noche la pasaron en los sótanos de la Dirección General de Seguridad. El 18 se las llevaron a una cárcel habilitada en el Convento de Capuchinas de la Plaza del Conde Toreno. Se juntaron allí 1.800 mujeres, de las cuales casi ochocientas eran religiosas. Hasta el uno de noviembre estuvieron todas juntas; por logística, luego las separaron… aunque volvieron a juntarse todas las de Escalona en la Cárcel del Asilo de San Rafael de Chamartín. En los primeros días de febrero de 1937 todas las recluidas en este centro fueron puestas en libertad. Cada una se refugió cómo y dónde pudo.

Respecto a las dos mártires parece ser que al ser separadas del grupo, consiguieron refugiarse en una buhardilla de Lavapiés y, después por separado se colocaron como personal de servicio. La Abadesa, Sor María de San José, fue sacada por unos milicianos de la calle Montera, 26. Y no se tuvo más noticia de ella. De Sor Asunción, Lucio Rosado vecino de Escalona, declara que se la encontró en Cuatro Caminos acompañada de una miliciana, que conversó con ella brevemente y que, días después, la encontró muerta en la calle, y la reconoció perfectamente”.