La revista Verbo lleva más de 50 años en activo dedicada a la divulgación de la formación cívica a la acción cultural según el derecho natural y cristiano. En 2004 Fernández de la Cigoña hizo la recensión de este libro de Jacinto Peraire Ferrer (VERBO 2004/V-421-422. páginas 174-176)

El Cinca baja teñido de sangre. Los "curetas" de Monzón y los Gasco de Sena, camino de la glorificación martirial cristiana

Jacinto Peraire ha escrito un hermoso libro sobre cuatro mártires de 1936. La redacción, fluida, salta de unos a otros, pero ello no da sensación de relato deslavazado. Había muchas unidades entre ellos. La primera la del martirio, por supuesto. Y, tras él, lógicamente, el amor de los asesinados a Cristo y a su Iglesia. La juventud de tres de ellos. Dos, además, eran sacerdotes. Y los otros dos, seglares, padre e hijo. Y en el mismo entorno geográfico: las tierras alto aragonesas que vierten al Cinca. 

El obispo de Barbastro-Monzón hace una breve presentación del libro en dos páginas sentidas y valientes. Algo ha cambiado afortunadamente en nuestra Iglesia. Ya los obispos se sienten orgullosos de los mártires. Y no es la primera vez que oímos a monseñor Omella expresarse en este sentido. Muchos sabemos que, desgraciadamente, que vergonzosamente, no siempre había sido así. Si han pasado aquellos repugnantes días, y los obispos que los protagonizaron, demos gracias a Dios y no ahondemos en una herida que parece ya cicatrizada. Monseñor Omella tiene encomendado el regir a la diócesis más mártir de España. En la que fueron asesinados prácticamente todos sus sacerdotes. Exactamente el 87,8% del clero secular. Sí, de cada cien sacerdotes, mataron a ochenta y ocho. Más los claretianos, los escolapios, los benedictinos… El obispo, sucesor de su hermano, ya en los altares, monseñor Asensio, asesinado con crueldades inverosímiles, asume y enaltece la gloriosa herencia. Lo hacemos constar con gozo. 

Un segundo prólogo, del P. Sospedra (págs. 17-19) es más técnico. Sintetiza perfectamente la situación del proceso canónico de beatificación y la situación política del momento con el avance anarquista sobre Zaragoza. 

Las biografías de los protagonistas van surgiendo, animadamente, saltándose de una a otra, pero sin perderse nunca el hilo de las mismas. El autor recoge numerosos testimonios sobre los mártires que ilustran sus biografías y que nos dejan, además, un retrato vivo, no sólo de los personajes sino también del tiempo que les tocó vivir. Varias fotografías nos los aproximan si cabe todavía más. 

Todos nacieron en familias acomodadas, destacando en ello los Gasco, de raigambre hidalga. Los seminaristas fueron ejemplares por su piedad y no destacaron en los estudios. Y el joven Gabino Gasco se hacía notar por su piedad y buenas costumbres. Y un hecho que conviene señalar: los dos sacerdotes fueron ordenados por dos obispos que también serían asesinados por los rojos. 

El ambiente social se va degradando y Peraire lo cuenta de modo ejemplar. Así como los días previos al martirio, No es sólo un documento eclesial, que lo es, tiene, además, importantes significados históricos y políticos. Narrados desde la convicción, pero también con asepsia. Eso fue lo que ocurrió. Las conclusiones que las saque el lector. Son apodícticas. 

El relato es emocionante. Y santificante. Merecerían ser santos por su conducta aunque no hubieran sido mártires, Fueron, en verdad, confesores. Y, además, mártires. Santos, pues, doblemente. Uno de los asesinados tuvo a su madre muy cerca en el día final. Y aquella madre cristiana, en víspera de perder a su esposo y a su hijo, le dijo a éste: 

-Hijo, Gabino, ¿estás dispuesto a morir por Cristo? 

Y aquel joven rico, guapo, con novia, a quien todo parecía sonreír en la vida, no vaciló en la contestación: 

-Estoy preparado, mamá. 

A continuación, aquella mujer -brava, dice el historiador, cambiando el apelativo tradicional y bíblico de fuerte, y no me parece mal-, brava, sí, pero también santa, inició el último santo rosario de los tantos que habían rezado en familia. Curiosa oración esta que siglos unió a las familias y que, cuando dejó de rezarse en familia ¿ocurrió?, ¿causó?, ¿coincidió? Con que la familia se desintegrara. Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. El marido y el hijo era la última vez qué lo rezaban juntos. Y ambos tenían la seguridad de su muerte. 

Los últimos momentos de los curetas -los curitas, dada su jovencísima edad-, de Monzón son también conmovedores. La madre de mosén Nadal arrostró mil riesgos para dar el último beso a su hijo. Y otra brava madre: 

-Hijo mío, es muy hermoso morir por Jesucristo

Era el 7 de agosto de 1936. Cinco días antes del martirio. Todo está ejemplarmente narrado. Emocionadamente narrado. Y, ¿habrá algún hijo de mala madre que nos pedirá perdón por ello?

Libro espléndido en su brevedad. Absolutamente recomendable. Para leerlo de rodillas. Esa es la gloria de nuestra Iglesia. Esa es la gloria de nuestros mártires. Inmarcesible. Ojalá en breve veamos en los altares a Gabino Gasco García-Fanjul, a Rafael Gasco del Tejo, a mosén José Nadal Guiu y a mosén Juan José Jordán Blecua. No fueron más que muchísimos otros. Pero tampoco fueron menos. Maravilloso ejemplo de eclesialidad. Yo, desde hoy, me encomiendo a ellos como ejemplos maravillosos de amor a Cristo. Leed el libro. Si sois católicos me agradeceréis la recomendación. Y si alguno no lo fuera, se sentirá tocado por la bondad hermosa de sus vidas. Mi enhorabuena a Peraire por su obra. Para mí ha dejado de ser un historiador, es ya, sin conocerle, un amigo. ¡Qué Dios te pague, que te la pagará, tu hermosa obra! 

FRANCISCO JOSÉ FERNÁNDEZ DE LA CIGOÑA

 

Gazco García-Fanjul, Sr. Gabino | Diócesis de Lleida (bisbatlleida.org)

Gazco del Tejo, Sr. Rafael | Diócesis de Lleida (bisbatlleida.org)