…los famosos cuernos que exhibe la magnífica estatua que del liberador de los judíos del yugo egipcio realiza el gran artista florentino, la cual puede Vd. admirar en Roma en la tumba de Julio II de la iglesia de San Pietro in Vincoli.

            Pues bien, la respuesta es muy sencilla: porque así lo dice la Biblia, -concretamente el libro del Exodo-, cuando narra el episodio en el que Moisés recibe las tablas de la Ley por segunda vez (porque Dios se las da dos veces), al que la Vulgata de San Jerónimo pone este colofón:
 
            Luego, Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas del Testimonio en su mano. Al bajar, no sabía que su rostro tenía cuernos, por haber hablado con Yahvé” (Ex. 34, 29).
 
            Versículo sobre el que en la Biblia de Jerusalén, nos encontramos esta nota a pie de página:
 
            “Los versículos 29-35 son de origen dudoso, Refieren una tradición sobre la irradiación del rostro de Moisés, expresada por el verbo qaran, derivado de queren “cuerno”, de donde la traducción literal de la Vulgata “su rostro tenía cuernos””.
 
            De acuerdo con lo cual, la traducción que del texto hace la misma Biblia de Jerusalén, aunque separándose en ello de la Vulgata, es la siguiente:
 
            Luego, Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas del Testimonio en su mano. Al bajar, no sabía que la piel de su rostro se había vuelto radiante, por haber hablado con Yahvé” (Ex. 34, 29).
 
            Ahora bien, no es Miguel Angel el único artista que retrata a Moisés de semejante manera. Por no ser ni siquiera es el primero. De parecida guisa lo contemplamos en las ilustraciones de la paráfrasis bíblica escrita por el monje Aelfric de Eynsham, de principios del s. XI, según algunos la representación más antigua de Moisés con cuernos, o en los famosos frescos de la iglesia Keldby, en la isla de Møn, en Dinamarca, realizados entre los siglos XIII y XV; o en las esculturas de la Cartuja (Charteuse) de Champmol, cerca de Dijon; o en la estatua que realiza Giovan Maria Morlaiter hacia 1750.
 
            La de los cuernos de Moisés no es, sin embargo, la única anécdota divertida debida a las traducciones que San Jerónimo hizo de la Biblia al trasladarla del griego al latín, sino que puede conocer alguna otra no menos divertida pinchando aquí.
 
            Y por hoy me despido, no sin desearles, como siempre, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Nos seguimos viendo por aquí.
 
 
            ©L.A.
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