Año del Señor 2018
13 de julio 
 
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                              
 
ARRIESGA
 
El domingo pasado nos tocaba cocinar paella y, como Joane y yo nunca habíamos hecho este plato, le pedimos a Lety que nos enseñara a hacerla. ¡Vaya ocurrencia! Justo un domingo, que es el día que menos tiempo de cocina tenemos, ya que la misa es a las 11:00 de la mañana...
 
Nos repartimos las tareas y a mí me tocó hacer el caldo. Añadí los ingredientes al agua y lo puse a cocer. Solo tenía dos importantes instrucciones: fijarme mucho al añadir bien la sal (que estuviera sabroso) y, por otra parte, el colorante: era muy importante que quedase amarillo, pero no naranja. 
 
Mientras cocía iba probando y me pareció que estaba bien, pero he de reconocer que no arriesgué mucho... ni con la sal ni con el colorante...
 
Seguimos todos los pasos. Y conseguimos llegar hasta el final, pero el resultado... no era muy bueno. Una paella más bien sosa, y que, encima, solo había tomado un ligero color crema pálido... Por no llegar al naranja, ¡no llegó ni al amarillo!
 
Tenía que haber arriesgado más en la sal y haberme fijado al probarla en el color... Solo daba gracias porque las demás habían hecho bien su parte y aquello se podía comer, pero no llevé nada bien que mi parte saliese mal. Sin embargo, la forma de reaccionar de Lety y de las hermanas me enseñó mucho. Ellas, que me habían dado la oportunidad de aprender, me daban también la oportunidad de equivocarme sin que ello fuera un drama.  
 
Gracias al cariño de las hermanas pude abrirme a ver que tengo que permitirme equivocarme, que no pasa nada.
 
Y es que todos queremos aprender, pero muchas veces pretendemos aprender a la primera y no nos permitimos equivocarnos.  
 
Jesús, cuando sus discípulos se equivocaban, lo que hacía era sentarse con ellos y enseñarles, les daba la mano para levantarles y seguir caminando, y esto es lo que Jesús hoy hace contigo y conmigo. Él está sentado a nuestro lado y, cuando nos equivocamos, nos da la mano para que nos levantemos. Su Amor entregado en la cruz no es para juzgarnos, sino para salvarnos. Por ello, que tu fallo sea un trampolín para descubrir que de la Cruz vas a la Luz. 
 
Hoy el reto del amor es no enfadarte cuando te equivoques. Mira a Jesús, que va junto a ti, y déjate levantar por Él. Y, si es tu compañero el que hoy se equivoca, léele el reto. 
 
VIVE DE CRISTO
 
 
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¡Feliz día!
 
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