Vivimos en una época llena de luces y sombras. Una época en donde se pide perdón a quienes han intentado hacer una Iglesia a su medida y olvidamos a quienes dieron su vida por la Iglesia que sigue la Tradición Apostólica. Santo Tomás Moro, no aceptó que Enrique VIII se convirtiera en la cabeza de la Iglesia inglesa y eso le costó la vida. Ayer día 22 de junio celebramos a Santo Tomás Moro, por lo que es una fecha para recordar algunas de sus frases más certeras. 


 

Lo maravilloso de Santo Tomás Moro es que dio su vida con alegría, como ejemplo para todos nosotros. Les traigo algunas bienaventuranzas que escribió y que merecen leerse, meditarse y recordarse: 

“Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse.” 

“Felices los que saben distinguir una montaña de una piedrita, porque evitarán muchos inconvenientes.” 

“Felices los que saben descansar y dormir sin buscar excusas, porque llegarán a ser sabios.” 

“Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.” 

“Felices los que son suficientemente inteligentes, como para no tomarse en serio, porque serán apreciados por quienes los rodean.” 

“Felices los que están atentos a las necesidades de los demás, sin sentirse indispensables, porque serán distribuidores de alegría.” 

“Felices los que saben mirar con seriedad las pequeñas cosas y tranquilidad las cosas grandes, porque irán lejos en la vida.” 

“Felices los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desprecio, porque su camino será pleno de sol.” 

“Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque no se turbarán por lo imprevisible.” 

“Felices ustedes si saben callar y ojalá sonreír cuando se les quita la palabra, se los contradice o cuando les pisan los pies, porque el Evangelio comienza a penetrar en su corazón.” 

“Felices ustedes si son capaces de interpretar siempre con benevolencia las actitudes de los demás aún cuando las apariencias sean contrarias. Pasarán por ingenuos: es el precio de la caridad.” 

“Felices sobretodo, ustedes, si saben reconocer al Señor en todos los que encuentran, entonces habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría.” 

 

No sabría cual de esta sabias bienaventuranzas anteponer a las demás, porque todas ellas nos muestran un camino evangélico que tenemos casi olvidado. Hoy estamos más interesados en parece que en ser. Nuestra laboriosidad contrasta con la profundidad de nuestra comprensión. Nuestra ceguera se impone a cuantos faros de luz nos envíe el Señor. 

Podríamos solicitar a la Iglesia Anglicana que nos pidiera perdón, pero sería tan sólo una pérdida de tiempo. Quienes mueven los hilos de la represión religiosa nunca son las Iglesias, sino los poderosos la nos utilizan para sus fines egoístas. A Dios tenemos que dar gracias por regalarnos un mártir tan lúcido y certero como Santo Tomás Moro. Sin duda la Gracia de Dios ilumina a personas especiales y les permite que Dios hable a través de sus circunstancias vitales. 

El que no tiene otra elección que renegar de Dios o afrontar el suplicio, puede estar seguro de que ha sido precisamente Dios el que lo ha puesto en ese aprieto.” (Santo Tomás Moro) 

¿Cuántos de nosotros somos capaces de darnos cuenta que las pruebas que vivimos en nuestra vida son oportunidades para aceptar la Gracia de Dios? Santo Tomás Moro fue capaz de darse cuenta y marchar al patíbulo sintiendo que actuaba según la Voluntad de Dios. Podemos mostrarnos afables con quienes quieren destruirnos, pero esa afabilidad no debería ser interpretada como aceptación de los errores que les llevan a actuar de esa forma. Aceptar el error no nos hace misericordiosos, sino terriblemente soberbios al aparentar una falsa misericordia y bondad. 

Cuando la razón se rebela contra la verdadera fe de Cristo y se hace adicta a la herejía, huye de Cristo y se convierte en esclava del hereje al que sigue, descarriada por el diablo y perdida en los vericuetos del error.” (Santo Tomás Moro)