Hace muy poco escribí algunos artículos sobre los distintos modos de consagración, (vida contemplativa, activa, Institutos seculares y virginidad consagrada). Me ha llamado la atención el hecho de que este último artículo sobre la virginidad consagrada está teniendo tal cantidad de visitas en el blog que he creído conveniente volver sobre el tema; éste es el motivo del presente artículo.
     
Y no es que la consagración virginal vaya a sustituir, pero sí a complementar la labor apostólica de las otras instituciones de la vida consagrada. Ni tampoco que este nuevo modelo de consagración sea más o menos perfecto o fácil, que facilidades nunca las hay en la vida cristiana, sino de que veo un nuevo modo de presencia de la vida consagrada en nuestro mundo.
 
         Antes de entrar en la presentación del Orden de las Vírgenes que el Concilio ha querido restaurar, quiero hacer alguna consideración sobre las muchas vírgenes que hemos conocido en nuestras parroquias y comunidades, siempre dispuestas a cualquier colaboración que se les solicitase para servir a la Iglesia.
        
Son legión. Muchas de ellas emitían privadamente el voto de castidad para un tiempo más o menos largo o de manera definitiva. Su consagración no era pública, pero su corazón era un corazón virginal consagrado. Su consagración esponsal a Jesús tenía los mismos quilates que la de cualquier consagrada.
 
         Tuvieron, y siguen teniendo, una gran influencia y efectividad en el desarrollo de la vida parroquial. Fueron las que en gran parte desarrollaban tareas de catequesis, de caridad y de evangelización; fueron ejemplos vivos de piedad en nuestras comunidades. De tal manera fue esto así, que cuando alguna de ellas decidía entrar religiosa, dejaba en la parroquia un vacío que no era fácil de llenar. Por ello no eran pocos los sacerdotes que les aconsejaban continuar consagradas en la parroquia en vez de ingresar en alguna congregación religiosa.
        
Si se escribiese la historia de nuestras parroquias, veríamos que en la mayoría de los casos han sido ellas quienes han escrito las mejores páginas catequéticas y apostólicas; han sido las mejores colaboradoras parroquiales.
 
         Quizá la manera de actuar de las congregaciones religiosas en aquellos tiempos en que cada congregación se centraba demasiado en sus obras propias y en la cercanía a la gente que vivía cerca de sus conventos, puede que influyese en esta manera de reaccionar de algunos sacerdotes. Aunque también es cierto que hoy se está colaborando más entre las parroquias y las congregaciones religiosas.
 
         Con la introducción del nuevo modelo de consagración en el Orden de las Vírgenes, no desaparece este modo de consagración particular y privada. Prácticamente se trata de un mismo estilo de consagración con la diferencia de la oficialidad de la misma; en un caso, la consagración virginal es pública con la intervención del Obispo que las consagra, y en otro, todo se desarrolla en la intimidad personal entre la consagrada y el Señor.
 
         Esta oficialidad a la que aludo, no es algo puramente externo o formal. Se trata nada menos, de que en el Orden de las Vírgenes es el Señor quien las consagra, mientras que en la consagración particular es ella quien se consagra al Señor. De ahí que la consagración virginal no sólo es definitiva porque tú lo has querido así al consagrarte para siempre, sino que el Señor te ha consagrado definitivamente para Él. Esto hace que desaparezcan las posibles dudas de haber acertado o no en tu opción. Si ha habido una auténtica voluntad de consagración, tienes la seguridad de que el Señor te quiere consagrada ahí donde estás. Podrás cambiar en cuanto a otro tipo de consagración si ves que el Señor lo quiere, pero sin dejar nunca de ser propiedad y pertenencia en exclusiva del Señor.
 
         Resumo aquí algunas características de esta consagración, para ir comprendiendo mejor este carisma que tiene las siguientes peculiaridades:
         1) Es la más antigua forma de consagración femenina puesto que es el mismo Orden de las Vírgenes de la primitiva Iglesia.
         2) No tiene más fundador ni fundadora que la Iglesia misma, ya que brota de la vivencia del amor de la Iglesia a Jesús.
         3) No se emiten votos públicos, sino que se pone en manos del obispo el propósito de virginidad perpetua e irrevocable como total consagración esponsal a la persona de Cristo.
         4) Al consagrarse, no se vincula a ningún grupo o asociación o institución, sino que se trata de una consagración individual y personal sin estructuras ni reglas comunitarias. Su única comunidad es la Iglesia universal a través de su propia diócesis.
         5) Pueden asociarse entre sí para lo que quieran, pero esas asociaciones ni afectan al Orden de las Vírgenes, ni a la identidad de la virgen como tal, ni las representan para nada.
         6) Esta consagración, reservada únicamente a las mujeres, y no puede conferirse ni a las viudas ni a las que hayan vivido en estado opuesto a la virginidad.
Dejémonos de cuestiones como la de quién es más perfecto y hagámonos pequeños y servidores, como nos dijo Jesús, si queremos ser los mayores. Porque, en definitiva, ¿quién es mayor? El que mejor hace lo que debe hacer. No lo olvidemos.
 
José Gea