Nos lo decía el Obispo de Chascomús, Argentina, Monseñor Carlos Humberto Malfa, a mi vecino de blog Alex Navajas y a mi, aquí en Londres, donde participamos de la Semana Internacional del Curso Alpha, una iniciativa de evangelización de primera línea, que está revolucionando la iglesia en todo el mundo, para la que tengo la bendición de trabajar.

El encuentro da cita a más de 1.500 delegados de 160 países y todas las confesiones cristianas, en Holy Trinity Brompton, una iglesia anglicana de Londres tan particular que en ella trabajan católicos y recibe de tanto en tanto la visita de Raniero Cantalamessa, predicador papal, con cuyas prédicas están encantados.

Comentaba Monseñor Malfa sorprendido, cómo la predicación de la mañana había hablado intensamente de la obediencia que como iglesia vivían. Se puede decir muchas cosas buenas de nuestros hermanos protestantes y anglicanos, pero creo que la obediencia tal y como se vive en la Iglesia Católica es un privilegio que no compartimos con ellos.

Decía Monseñor que cuando uno tiene padre, ya puede enfadarse e incluso echar pestes de vez en cuando, pero sigue teniendo padre, y eso no se lo quita nadie. De la misma manera la Iglesia, como madre, nos guarda y preserva del error, pues en ella subsiste la verdadera Iglesia fundada por Cristo y asentada en la roca de Pedro .

Algunos no lo comprenderán; hay una gran paradoja en una comunidad humana de fundación divina, que en lo humano peca, yerra, y se equivoca, pero que a la vez está preservada del error por voluntad divina en lo que atañe al depositum fidei que no le pertenece, sino que explica a sus hijos.

La Iglesia es piedra de tropiezo para tantos; de hecho Pedro no es sino piedra, y según se utilice se puede convertir en la piedra angular o el pedrusco con el que nos tropezamos y que nos hace mucho daño en el pie.

Signo de contradicción, y qué contradicción mayor que ese misterio humano divino, de redención y pecado, metahistórico e insertado a la vez en la historia del que formamos parte de manera perenne por el bautismo.

 Tengo una gran pasión por la unidad de los cristianos, y la bendición de alabar a Dios con hermanos de otras confesiones, y de trabajar codo con codo con anglicanos y protestantes.

Eso no me resta a la hora de ser católico; al revés, me pone en relieve la tradición de la que formo parte y me hace dar gracias a Dios todos los días por ser católico. A tantos que se quejan de la Iglesia, y de su jerarquía, les recomendaría darse una vuelta por las iglesias reformadas, para ver si realmente les va lo que en ellas se vive.

Quizás así pondrían en perspectiva muchas cosas, y podrían valorar lo que tienen en casa, y a la vez enriquecerse con lo que hay en casa de otros. Otro día abundaré un poco más del tema de la protestantización de la Iglesia al hilo de lo vivido en la Semana Internacional de Alpha, y mi experiencia en iglesias hermanas.