El laicismo critica al Arzobispado de Santiago de Compostela por prohibir que en las bodas por la Iglesia suene música profana, pero es una medida razonable porque impedir que Nacho Cano utilice el órgano de la Catedral evita que suene Cruz de navajas a la hora de santiguarse. Arguye el laicismo que no es para tanto, que hay melodías que encajan en la ceremonia aunque no empiecen por Ven, ven Señor, no tardes. Es posible, pero la Iglesia sabe que la intención última del laicismo es sustituir Juntos como hermanos por una de los Jackson Five. Es decir, a Dios por el mundo.
Nadie en su sano juicio pide intercalar un concurso de petanca en la última jugada de la Super Bowl o debatir la ponencia marco de Unión Progreso y Democracia en la asamblea del círculo Podemos Anchuelo. Sin embargo, descristianizar lo más sagrado le parece a muchos de lo más normal. A quien así lo crea de buena fe habrá que informarle de que si la Iglesia deja que suene Beyoncé terminan los amigos del novio cortándole las ligas a la chica en pleno presbiterio. Si el laicismo convierte el templo en franquicia de Pachá lo siguiente será impartir a los Seises cursos de lambada para que amenicen con más ritmo el enlace. O, si uno de los contrayentes es griego, pedir que las arras salgan del euro.