Muchas veces me llama la atención que se nos escapen las noticias. Con tanta información resulta que cosas que nos interesan pasan de largo, y meses o años después nos enteramos de las mismas. Sucedió el pasado 10 de noviembre de 2018, solo hace cuatro meses, pero yo por lo menos no me había enterado.

El cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, presidía la solemne Eucaristía con motivo de la Fiesta de los mártires del siglo XX en España en la Basílica Santuario Nacional de la Gran Promesa de Valladolid. Al termino de la Santa Misa tuvo lugar la bendición del retablo restaurado de Jesucristo Rey de los Mártires. Podéis seguirlo aquí:

Me ha parecido interesante recoger esta crónica de cómo llegaron a parar al Santuario de la Gran Promesa los libros con los nombres de los mártires de la persecución religiosa.

Los álbumes con los nombres de los mártires fueron depositados en el Santuario Nacional de la Gran Promesa, de Valladolid 

HOMENAJE A LOS RELIGIOSOS SACRIFICADOS EN LA CRUZADA

ABC, jueves 13 de abril de 1950

Con gran solemnidad se han celebrado los actos del homenaje nacional al clero español caído durante la pasada cruzada

A las diez y media de la mañana, en la santa Iglesia Metropolitana, se celebró una solemnísima misa de pontifical. Ocupaba el sitial, colocado en el altar mayor al lado de la Epístola, el presidente del Consejo del Reino y de las Cortes, D. Esteban Bilbao, en representación del jefe del Estado. En lugares preferentes, frente al altar, se hallaban el subsecretario de Gobernación, como delegado del ministro. Asistieron, como representantes del clero regular y secular de toda España, 42 seminarios, 40 cabildos catedralicios y 3.000 religiosos y religiosas. 

Ofició la misa de pontifical el obispo de León. Terminada la ceremonia se organizó una procesión al santuario nacional de la Gran Promesa, para trasladar los álbumes con los nombres de los mártires del clero español. Durante el trayecto, una gran multitud se concentró en el recorrido e inmediaciones del Santuario, donde se iban retransmitiendo los actos.

Figuraban en la procesión la cruz del Cabildo Metropolitano, seminaristas, clero regular y secular, comisiones capitulares y Cabildo metropolitano. Los dos álbumes, con los nombres de los doce obispos, 4266 sacerdotes, 2489 religiosos, 283 religiosas y 249 seminaristas mártires, eran llevados sobre unas andas que portaban, alternándose, el clero regular, secular y capitular. Seguían los 21 prelados que asisten a los actos; el representante del Jefe del Estado y las demás autoridades. 

Al llegar la comitiva al santuario nacional de la Gran Promesa, se depositaron los álbumes en el altar mayor, recubierto de paños negros, y entre la bandera nacional. Ocupó el lado de la Epístola, el representante del Jefe del Estado español. Los prelados ocuparon asientos frente al altar mayor, y a ambos lados, las autoridades. 

DISCURSO DEL ARZOBISPO DE VALLADOLID 

Inmediatamente después, el arzobispo de Valladolid, Dr. García García, pronunció una alocución, y entre otras cosas dijo lo siguiente:

El homenaje que estamos celebrando comprende dos partes: la primera, honrar y venerar a Cristo Rey, para cuya gloria hemos oficiado en el Santo Templo Metropolitano el dignísimo sacrificio del altar, entre las banderas de la sagrada liturgia pontifical; la segunda es honrar y enaltecer la memoria de los obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas víctimas de la persecución comunista que padeció España desde 1936 a 1939. ¿Y quién puede  dudar del gran peso de las razones que existen para honrar y enaltecer esta pléyade gloriosísima de mártires de Cristo Rey, si abre los ojos para ver y quiere ver y contemplar esta página singular de la historia de la santa Iglesia en nuestra amadísima Patria?

Con exactitud de pensamiento, acierto, enfoque religioso y brillantez de estilo ha escrito la pluma del Jefe de Estado lo siguiente:

Rindo mi sentido homenaje a los 12 obispos, 4266 sacerdotes, 2489 religiosos, 283 religiosas y 249 seminaristas y millares de personas piadosas que murieron perseguidos por razón de su fe confesando al Señor. 

Hace después una simbólica exaltación de los mártires, correspondiendo con lo que el Generalísimo dijo sobre la intervención de estos en la Historia de España:

Aportación cuantiosa al martirologio de la Iglesia, no igualada por ningún pueblo en nuestra era. Legión celeste de siete mil valiosos intercesores de la Patria que tanto amaron. Ellos fueron parte principalísima de nuestra victoria y hoy son fieles celadores de nuestra grandeza. 

El prelado vallisoletano continuó: 

Y ahora paréceme que las manos de su excelencia, el Jefe de Estado, aquí representado por el presidente de las Cortes Españolas, se acercan a depositar estas siete rosas sobre los álbumes en que brillan los nombres de todos y cada uno de nuestros mártires, y paréceme que al depositarlas oigo las palabras con que el capitán de la cruzada cierra su autógrafo: Ante su recuerdo, besemos la tierra bendita de nuestra Patria, que regó su sangre y acogió sus restos

Razones valiosísimas son las expuestas -continuó el Dr. García y García- para honrar y enaltecer la memoria de los mártires cuyo heroísmo sobrenatural hoy viste de gala a esta ciudad donde Rey Divino tiene un “foco de luz y de amor”, según testimonio de la Santa Sede. Todo esto es un esplendor de virtudes cristianas, de heroicos martirios. Y el año 1939, su santidad Pío XII, en el radiograma con que felicitó a España al coronar Dios, en su amorosa Providencia, la guerra con la victoria, lanzó de sus labios, como llamarada de su magnánimo corazón, estas palabras: 

Nos, con piadoso impulso, inclinamos ante todo nuestra frente a la santa memoria de los  obispos, sacerdotes, religiosos de ambos sexos y fieles de todas edades y condiciones que en tan elevado número han regado con su sangre su fe en Jesucristo y su amor a la religión.

No se pretende con este homenaje atizar el fuego ni avivar el rescoldo de las discordias ni las venganzas. Esto, mirando a Jesucristo, Rey de los Mártires, clavado en la cruz por nuestro amor y para bien de todos, ¡es imposible! 

El prelado terminó diciendo: 

“Se ha dignado Su Santidad contestar ayer al mensaje que le dirigí en los últimos días anunciando la celebración de las presentes solemnidades y pidiéndole su apostólica bendición. El radiograma dice así: 

Al conmemorarse en santuario nacional Gran Promesa, como homenaje a Cristo Rey, heroicos mártires obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas víctimas pasada persecución en esa nación, Augusto Pontífice, recordando a todos hermosos ejemplos dados por esas almas, envía de corazón vuecencia, prelados, sacerdotes, fieles implorada bendición apostólica, presagio Divina Gracia

A continuación se entonó un solemne responso, oficiado por el obispo de Pamplona, con intervención de la Schola Cantorum del Seminario y coro de la Catedral, y después se colocaron los álbumes, con los nombres de los caídos, en el altar de Cristo Rey, depositándolos en la piedra del ara, D. Esteban Bilbao en representación del Jefe del Estado, acompañado del arzobispo de Valladolid, del subsecretario de la Gobernación y del presidente de la Diputación de Madrid. 

VEINTIDÓS PRELADOS Y TRES MIL SACERDOTES EN LA PROCESIÓN 

Por la tarde, a las seis y media, salió de la catedral la manifestación piadosa de homenaje a Cristo Rey, en la que figuraban los 22 prelados, 3000 sacerdotes, cientos de seminaristas, en representación de 18 seminarios, y representaciones de diversas órdenes religiosas y de los cabildos catedralicios de 22 ciudades españolas. 

En la procesión figuraba una maravillosa imagen, obra de Granda, que por primera vez se presenta ante el público, en la que aparece Cristo Rey sentado en su trono; como fondo, una cruz cincelada en oro y andas de maravilloso trabajo artístico, con pasajes de la vida del Redentor. 

Delante de la imagen iban los prelados y detrás de ella, presidía el arzobispo de Santiago de Compostela, revestido de ornamentos sagrados, mitra y báculo. A continuación seguía el presidente de las Cortes Españolas, D. Esteban Bilbao, como representante del Jefe del Estado. Inmediatamente detrás iban el subsecretario de la Gobernación, gobernador civil de la provincia, director general de prensa, secretario de las Cortes y presidente de la Diputación de Madrid, capitán general accidental de la región, alcalde de la ciudad y presidente de la Diputación, con sus respectivas corporaciones, y las autoridades que estuvieron presentes en los actos celebrados por la mañana. Cerraba la marcha una compañía del regimiento de Infantería de San Quintín, con bandera y banda de música. 

TODAS LAS CAMPANAS VALLISOLETANAS SON LANZADAS AL VUELO 

A las siete llegó el cortejo procesional a la plaza Mayor, donde se situó a la imagen de Cristo Rey ante la entrada principal del Palacio Municipal y teniendo como fondo un monumental tapiz. A los cánticos piadosos de los que formaban en la procesión se unió el pueblo con admirable uniformidad. 

En una tribuna levantada a la izquierda del Ayuntamiento, tomaron asiento, con el presidente de las Cortes, toda las autoridades civiles y militares, y en otra tribuna, levantada al lado derecho del edificio, el arzobispo de Valladolid con los prelados. El obispo de Jaén ocupó la tribuna instalada frente a la imagen de Cristo Rey y pronunció una alocución, en la que destacó el significado del homenaje a Cristo Rey que se celebraba, y la realidad del reinado de Cristo en España. Tuvo un sentido recuerdo para aquellos sacerdotes que dieron su vida para gozar de la vida inmortal y destacó los postulados de Cristo en pro de la Verdad, de la Justicia y de la Caridad. 

Al terminar el prelado de Jaén su alocución, voltearon todas las campanas de la ciudad, se entonó el himno de los mártires y el público prorrumpió en vivas a Cristo Rey y a España, que volvieron a repetirse durante mucho tiempo, después de haber interpretado la banda del regimiento de San Quintín el himno nacional. 

La procesión reanudó nuevamente su itinerario hasta la catedral. A lo largo de todo el recorrido se hallaban estacionadas un incalculable número de personas. 

Finalizaron los brillantísimos actos con la celebración en el templo catedralicio, de un solemne Te Deum. 

EL SANTUARIO DE LA GRAN PROMESA FUE INAUGURA EN 1941 

El santuario de la Gran Promesa, donde han sido depositados los álbumes que contienen los nombres de todos los prelados, sacerdotes, religiosos y seminaristas sacrificados en España durante la guerra de liberación, es en el mundo, por su importancia, el segundo de los dedicados al Corazón de Jesús. 

Es este lugar donde el jesuita padre Bernardo F. de Hoyos, el 14 de mayo de 1733, recibió la revelación: Reinaré en España y con más veneración que en otras partes. 

A mediados de 1933 el entonces arzobispo de Valladolid, doctor Gandásegui, decidió convertir en Santuario nacional la iglesia que fue edificada a raíz del milagro y colocada bajo la adveración de san Ambrosio. El Vaticano accedió a los deseos del prelado, iniciándose seguidamente la reforma, continuada y terminada por el actual arzobispo doctor García y García.

La inauguración oficial de la basílica se efectuó el 20 de junio de 1941, con asistencia de relevantes personalidades religiosas y civiles. El templo es hoy uno de los más suntuosos y bellos de España y su construcción y ornato ha sido costeada mediante donativos de las parroquias españolas, prelados, sacerdotes, seminaristas y autoridades todas. El Jefe de Estado regaló una valiosa custodia.

.