“No haréis incisiones en vuestra carne por un muerto; no os haréis tatuajes. Yo, Yahvé”.

(Levítico 19:28)

ETIMOLOGIA E HISTORIA

De acuerdo al Diccionario de la Lengua Española (RAE), la palabra tatuar etimológicamente significa grabar dibujos en la piel humana, introduciendo materias colorantes bajo la epidermis por las punzadas o picaduras previamente dispuestas

El término tatuaje es de origen polinesio, y se basa en la palabra polinesia ‘ta’, que significa golpear, y en la expresión tau-tau, la cual se utiliza al mencionar un choque entre dos huesos.

Hay quien considera que el tatuaje es una moda que se implantó en años recientes, pero en realidad el tatuaje se originó ya en la Edad de Piedra (6,000 al 2,500 a.C.), aunque el 19 de septiembre de 1991 en los Alpes austríacos se halló en un glaciar a un cazador de la época neolítica, quien aún presentaba la espalda y las rodillas tatuadas. Esta es la persona tatuada más antigua que hasta la fecha se haya descubierto. Anteriormente se había hallado la momia de la sacerdotisa egipcia Amunet, adoradora de Hathor, diosa del amor, la fertilidad, la música y la danza para los egipcios. Amunet vivió en Tebas en el año 2,000 a.C.

Posteriormente, en una época ya más reciente, fueron los antiguos pobladores de las Islas Polinesias (centro y sur del Océano Pacífico) los primeros en grabarse motivos en la piel. Los hombres se tatuaban hasta tal punto que no quedaba un solo espacio de piel de su cuerpo sin tatuar. El estilo Moko Maorí de Nueva Zelanda, por ejemplo, era un tatuaje tribal que identificaba a cada persona y mostraba su status social dentro del grupo, lo cual hacía a la persona única e inconfundible. Cuanto más complicado era el diseño del tatuaje, mayor era su puesto en la escala social, Se tatuaban desde la cabeza hasta los pies a partir de los ocho años de edad. Era un proceso continuo, largo, lento y doloroso, ya que los tatuajes se renovaban y se embellecían durante toda la vida del individuo.

Los aborígenes maoríes creían que debido a sus tatuajes podrían alcanzar la energía espiritual. Si al morir, el difunto no tenía tatuajes protectores, la hechicera de la muerte se comería los globos oculares del fallecido, con lo que su alma quedaría ciega y no podría hallar el camino a la inmortalidad. Debido a esta creencia, si alguno moría sin tatuajes, los maoríes tatuaban el cadáver.

En las Islas Marquesas (Polinesia francesa, a aproximadamente 1.88 kms. de Tahití), un cuerpo sin tatuar era un cuerpo inútil. Para los nativos de aquellas islas los tatuajes tenían un significado religioso y mágico, porque para ellos la piel tatuada era una armadura de protección física y espiritual. Cuando uno de ellos moría, sus mujeres le quitaban la piel, pues sabían que al guardián del Paraíso le desagradaban los tatuajes. Sin trazas de tatuajes el muerto volvía al estado de pureza original y, por lo tanto, ya podía ser enterrado en tierra sagrada y entonces su espíritu podía elevarse al Paraíso eterno.

Pero con la llegada del cristianismo, y una vez consolidada la Iglesia original, esta práctica de los tatuajes fue desterrada al ser considerada como sinónimo de superstición y de idolatría.

Sin embargo en pleno siglo XX y durante la Segunda Guerra Mundial, en los campos de concentración y de exterminio nazis se tatuaba a los prisioneros con un significado no sólo de identificación individual, sino también como humillación al preso judío, ya que la ley hebrea prohíbe tajantemente cualquier marca en el cuerpo.

Como hemos podido comprobar, el tatuaje parece tan antiguo como el ser humano mismo. Se ha encontrado evidencias de tatuajes en personas que vivieron en la Edad de Piedra, en momias egipcias y en pueblos como los escitas en Asia y los incas en Suramérica.

En un principio el tatuaje se vinculó al aspecto mágico-religioso, así como en la creencia de la vida de ultratumba. También vimos que fue usado como señal de rango social y también para humillar a presos judíos en los campos nazis. Los tatuajes se usaron para asustar al enemigo en el campo de batalla, y entre los griegos, quienes acostumbraban a tatuarse serpientes, toros y motivos religiosos. Los romanos usaron el tatuaje para marcar a los prisioneros, al igual que los nazis imitaron siglos después.

Pero en la década de 1960 el tatuaje se convirtió en sinónimo de rebeldía, principalmente entre los componentes de llamado movimiento hippy, tan en boga entonces. ¿Y cuál es el motivo del auge actual del fenómeno del tatuaje?

POSIBLES MOTIVOS PARA TATUARSE

Hay quienes piensan que con tatuarse de forma permanente de algún modo están afirmando su independencia o expresando su individualidad, pero hay muchas más razones para ponerse un tatuaje en la piel. Una de ellas es el egoísmo de la persona que los lleva, quien manifiesta en un tono de lenguaje intimista y algo envilecido sus motivos, aunque de modo tan impreciso que más que estar desnudando su alma, lo único que está haciendo es poner de manifiesto su superficialidad.

Otros se tatúan pensando que esto les diferencia de los demás porque su tatuaje es totalmente distinto del resto de tatuajes. Es este caso, que la personalidad de alguien dependa de un signo tan crudamente exterior como lo es un tatuaje, indica claramente la fragilidad de la identidad de este individuo, quien debe sentirse abrumado por la urgente necesidad de individualizarse de la gente de su alrededor, que hace que esto mismo resulte difícil, sino imposible.

Una importante razón invocada por quienes se tatúan tiene que ver con el crecimiento personal, ya que creen que ello les confiere cierto halo de libertad. Este es el caso de quien ha sufrido mucho al tener que depender de otra persona durante determinado tiempo, al final del cual se tatúan expresando así el hecho de ser nuevamente libres de cualquier atadura.

La mayoría de personas que toman la decisión de implantarse un tatuaje lo hacen simplemente por rebeldía. Una rebeldía hacia una prohibición paterna, o hacia una forma determinada de vida impuesta por otros, o también hacia una sociedad que no es de su agrado. Creen que con el tatuaje se van a liberar del ambiente que les rodea, pero no se dan cuenta de que el mismo tatuaje les condena hacia una esclavitud total y permanente: la de las fuerzas ocultas del mal; el mundo de Satanás y de sus secuaces, ya que tatuaje es sinónimo de pertenencia, sumisión y entrega.

La persona que se pone un tatuaje rompe todos los patrones de conducta, tanto morales como espirituales; va en contra de la voluntad de Dios, tal como nos ordenó en el versículo 19:29 del Levítico, como consta en el texto del encabezamiento de este trabajo.

DIOS Y LOS TATUAJES

El simple hecho de que desde el Antiguo Testamento haya existido la prohibición de Dios hacia los tatuajes y a cualquier merca en el cuerpo debería causar respeto, sino incluso temor, entre quienes hayan tomado de determinación de tatuarse, o incluso del perforarse el cuerpo para implantarse piercings o adornos. Seamos conscientes de que si algo no le agrada a Dios, o algo El mismo nos lo ha prohibido taxativamente, en mejor no involucrarse en tal actividad.

Si nosotros mismos decimos entender que es pecado mortal practicar algo que Dios nos ha prohibido, ¿vamos a esperar que llegue nuestro juicio final para oír nuestra sentencia de muerte eterna por llevar un tatuaje o una marca en nuestro cuerpo? Toda persona que practica lo que Dios prohíbe, peca contra Dios. Y su castigo final será el infierno eterno.

Existe un espíritu invisible, Satanás, que esclaviza a sus víctimas y que ata al ser humano a sí mismo a través del pecado. Este espíritu maligno esclaviza a sus víctimas para que hagan su voluntad, y les guía a la desobediencia, la rebeldía, las drogas y el crimen. Una de las características que exhibe el que lleva un tatuaje es una desobediencia total a toda autoridad y a todo orden, excepto a la del maligno.

Es imprescindible recordar que nuestro cuerpo es templo y morada del Espíritu Santo. Por ello nuestra obligación es la de dedicar nuestros cuerpos a honrar y agradar a Dios, cumpliendo así con su voluntad. Y cuando aprendemos esto nos damos cuenta del gran valor que tiene nuestro cuerpo ya que Dios nos hizo a su imagen y semejanza.

Esta gran verdad debería ser una auténtica orientación sobre nuestra conducta con nuestros cuerpos, ya que al pertenecer a Dios, deberíamos tener su justa autorización antes de que nos marquemos con tatuajes y con perforaciones.

CONCLUSION

Cuidémonos de no practicar lo que Dios nos prohíbe. Ponernos cualquier tipo de marca o tatuaje en el cuerpo es un pecado mortal ante Dios.

 

 “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? ¡Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo!”

(1ª. Corintios 6:19-20)