En ese complicado equilibrio entre evitar ser autorreferencial, pero a la par compartir las propias vivencias, hoy van a permitirme inclinar hacia este último lado la balanza.

Escribo lo mismo que expresaba aquel famoso anuncio del banco ING Direct, que se dirigía a la minoría que podría estar pensando en cambiar su nómina de banco. Lo adapto para decirles:

Este artículo podría no interesarle. Ruego me disculpe. Según las estadísticas, sólo un 2% está inquieto en su vida de fe, buscando cambiar algo, no vivir en soledad su relación con Dios, crecer junto a otros hermanos, explotar sus dones, despertar la llama que un día pudo sentir y que poco a poco se ha ido apagando…

Para ese 2% de inquietos,  comparto lo siguiente:

Este fin de semana tuve un hermoso sueño. Soñé que por todas las ciudades de España crecían una serie de comunidades, unidas entre ellas, cuyos miembros se llamaban unos a otros hermanos.

Soñé que en ellas los afligidos eran consolados, los cansados encontraban descanso. Eran un oasis, un vergel en mitad del desierto, donde tomar agua y alimento gratis, y reponer fuerzas. Los pobres materiales y los de espíritu eran atendidos en sus necesidades.

Soñé que sus miembros se sentían libres: no tenían que dar talla alguna, ni esconder sus debilidades o pecados. Podían ser acogidos y queridos en su realidad, amados en su pobreza, y alentados a crecer a la luz de la Verdad, a la que siempre eran llamados.

Soñé que nadie se encontraba solo en ellas, sino que sus miembros eran acompañados por otros hermanos en su diario caminar, para que pudieran crecer en sus vidas de fe.

Soñé que no se guardaban lo que vivían para ellas mismas, sino que estaban al servicio de sus correspondientes obispos, de sus diócesis, amando en todo momento a la Iglesia, viviendo siempre para ella.

Soñé que sus miembros se afanaban en descubrir sus talentos, y ponían al servicio de Dios y de los hermanos aquellos dones con los que habían sido bendecidos, acrecentándolos, buscando hacerlos cada vez más bellos y fructíferos.

Soñé que cada uno de ellos tenía una intensa vida de oración, personal y comunitaria, que alimentaban su alma con los sacramentos, y que leían y buscaban todo aquello que pudiera hacerles aprender más, crecer en su vida de fe, sin miedo ni complejos por adoptar los modelos que funcionasen en otros lugares.

Soñé que no había en ellas cabida a estereotipos; hablaban al mundo de hoy de un modo inteligible, con un lenguaje compresible y actual, incluso para aquellos que nunca habían tenido relación alguna con Dios.

Soñé que sonaba una preciosa música: adoraban a Dios con canciones que no eran rancias, sino que hacían vibrar mi ser, traspasando mi corazón de un modo que no había conocido antes, y que resonaban continuamente en mi cabeza.

Soñé que el arte se empleaba con belleza: cada estancia estaba decorada con sencillez y delicadeza. Era agradable entrar y permanecer en ellas. Sentía que podía invitar a cualquier conocido a estos lugares, y que se sentiría a gusto.

Querido 2%: si este sueño es también el vuestro, he de deciros que éste es un sueño real, que ya se da en España. Con muchas imperfecciones por corregir, con mucho camino por andar, pero con la inmensa belleza de una obra que es de Dios. Este fin de semana he compartido de forma muy intensa la realidad de este sueño junto a todos aquellos que Dios ha puesto en mi camino. Si también es el vuestro, si Dios ha sembrado todo esto en vuestro corazón y queréis vivirlo, podéis conocernos a través de la web: www.feyvida.com

¡Sois muy grandes, 2%!

 

Dedicado a mis hermanos de Fe y Vida.