“Por aquellos días se presenta Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: ‘Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos’. Este es de quien habló el profeta Isaías cundo dice: Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”      (Mateo 3:3)

Presentación

Etimológicamente el término Adviento proviene del latín ‘adventus Redemptoris’ que significa ‘venida del Redentor’. Es el primer período del año litúrgico cristiano que consiste en un tiempo de preparación espiritual para la celebración de la Navidad; el nacimiento de Cristo. Navidad y Adviento no son fiestas independientes la una de la otra, ya que el Adviento es la celebración para preparar la Navidad, así como la Cuaresma es la preparación para la Pascua.

Los fieles cristianos consideran el Adviento como un tiempo de oración y de reflexión, caracterizado por la espera vigilante, tiempo también de arrepentimiento, de perdón y de alegría. El Adviento es, además, el tiempo con el cual se da inicio al año litúrgico católico. Es el domingo siguiente al de la solemnidad de Cristo Rey, último domingo del año litúrgico anterior.

La duración del Adviento varía entre veintidós y veintiocho días, dado que abarca los cuatro domingos previos a la solemnidad de la Navidad. La diferencia en el número de días radica en el número variable de días de la semana. En consecuencia, el primer domingo de Adviento se ubica entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre de cada año.

Historia de la celebración del Adviento

La liturgia del Adviento cristiano comenzó a moldearse en Galia e Hispania ya a fines del siglo IV y durante el siglo V, como preparación ascética para la celebración de la Navidad. Aquel preludio de la celebración del nacimiento de Cristo tenía una duración de tres semanas, que se unían a la preparación de los bautismos, por entonces administrados en la festividad de la Epifanía. De hecho, el canon 4 del Primer Concilio de Zaragoza (año 380) señalaba: “Durante veintiún días, a partir de las XVI calendas de enero (17 de diciembre), no está permitido a nadie ausentarse de la iglesia, sino que debe acudir a ella cotidianamente”.

Existen noticias de que en la Galia, el doctor de la Iglesia Hilario de Poitiers (siglo IV) invitó a los fieles a prepararse para el Adviento del Señor con tres semanas de prácticas ascéticas y penitenciales. Ya en el siglo V se practicó como tiempo de preparación para la Navidad la cuaresma de San Martín, así llamada por iniciarse el 11 de noviembre, en la festividad de san Martín de Tours (Patrología Latina 71: 566). En el mismo siglo aparece la asociación del tiempo de preparación para la Navidad con notas de índole social, vinculando este período con la práctica del amor al prójimo, con énfasis en los peregrinos, viudas y pobres:

“En preparación para la Navidad del Señor, purifiquemos nuestra conciencia de toda mancha, llenemos sus tesoros con la abundancia de diversos dones, para que sea santo y glorioso el día en el que los peregrinos sean acogidos, las viudas sean alimentadas y los pobres sean vestidos”. (Sermón de san Máximo de Turín, Patrología Latina 57:224.234)

Hay evidencias de que en la liturgia de la Iglesia de Roma existía a mediados del siglo VI un tiempo preparativo similar, pero este preludio de la Navidad carecía de elementos ascéticos tales como el ayuno, y se centraba mucho más en la alegre espera de la celebración del nacimiento de Jesucristo como anticipo de la vuelta del Señor glorioso al fin de los tiempos. Se hipotetiza que el papa Siricio (334-399) pudo instaurar el Adviento. La expresión latina ‘adventus Domini’ («venida del Señor») se encuentra en el Sacramentario gelasiano (Sacramentarium Gelasianum), que hace referencia al Adviento como un tiempo de seis semanas preparatorio de la Navidad. Las seis semanas de duración todavía perduran en el rito ambrosiano. Posteriormente se observaron algunas oscilaciones (cinco semanas) hasta que el papa Gregorio Magno propuso para el Adviento una extensión de cuatro semanas, duración que finalmente prevaleció.

Significado del Adviento

Al celebrar el Adviento, la Iglesia invita a meditar en la venida del Señor, la cual se nos presenta en tres dimensiones:

Adviento Histórico.- Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación; abarca todo el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada del Mesías y la liberación que esperaban de Él.

Adviento Místico.- Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana como sociedad, a aceptar la salvación que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad e importancia.

Adviento Escatológico.- Es la preparación a la llegada definitiva del Señor al final de los tiempos, cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.

Esquema del Adviento

El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, lo cual simboliza austeridad y penitencia.

Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:

Primer domingo: Durante esta primera semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación guiada por las palabras del Evangelio: “Velen y estén preparados, porque no saben cuando llegará el momento”, Es necesario preparar nuestra reconciliación con nuestros hermanos y acudir al sacramento de la Confesión.

Segundo domingo: Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación de San Juan el Bautista: “Preparen el camino, Jesús llega”. Debemos buscar la reconciliación con Dios para poder preparar nuestro propio camino.

Tercer domingo: La liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de la Virgen María, quien se prepara para ser la madre de Jesús, y que además está dispuesta a ayudar y a servir a quien la necesite. El Evangelio nos relata la visita de María a su prima Isabel, y nos invita a repetir sus palabras: “¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?”.

Cuarto domingo: Las lecturas bíblicas y la predicación están dirigidas a la disposición de la Virgen María ante el nacimiento de su Hijo, y nos invitan a aprender de María y aceptar a Cristo, que es la luz del mundo. Debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que la celebración de la Navidad representa, con el propósito de aceptar a Jesús en nuestros corazones, tanto individualmente, como familia y como comunidad.

Lecturas bíblicas de Adviento

A partir del Concilio Vaticano II, se produjo una variación notable de la liturgia de la Iglesia católica tendiente a enriquecer el tiempo del Adviento con textos bíblicos diferentes en distintos años calendario. Se señalan a continuación las lecturas utilizadas antes y después del Concilio, a modo de ejemplo.

Según el Misal de 1962

Se trata de las lecturas utilizadas hasta la entrada en curso de la reforma resultante del Concilio Vaticano II.

-Domingo Primero: Romanos 13, 11-14; Lucas 21, 25-33.

-Domingo Segundo: Romanos 15, 4-13; Mateo 11, 2-10.

-Domingo Tercero: Filipenses 4, 4-7; Juan 1, 19-28.

-Domingo Cuarto: 1 Corintios 4, 1-5; Lucas 3, 1-6.

A partir del Concilio Vaticano II

Se trata de las lecturas que se integraron a la liturgia a partir del llamado Misal de Pablo VI o Misal del Vaticano II.

CICLO A:

-Domingo Primero: Isaías 2,1-5; Salmo 121 1-8; Romanos 13, 11-14a; Mt. 24, 37-44.

-Domingo Segundo: Isaías 11,1-10; Salmo 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17; Romanos 15, 4-9; Mt. 3, 1-12.

-Domingo Tercero: Isaías 35, 1-6a 10; Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10; Santiago 5, 7-10; Mt. 11, 2-11.

-Domingo Cuarto: Isaías 7, 10-14; Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6; Romanos 1, 1-7; Mt. 1, 18-24.

CICLO B:

La anunciación (Lucas 1:26-38) es el tema que gobierna la liturgia del cuarto domingo de Adviento en el ciclo B.

-Domingo Primero: Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 4; 1 Corintios 1,3-9; Mc. 13, 33-37.

-Domingo Segundo: Isaías 40, 1-5. 9-11; Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 8; 2 Pedro 3, 8-14; Mc. 1,1-8.

-Domingo Tercero: Isaías 61, 1-2a. 10-11; Lc. 1, 46-48. 49-50. 53-54; 1 Tesalonicenses 5,16-24; Jn. 1, 6-8.19-28.

-Domingo Cuarto: 2 Samuel 7,1-5. 8b-12. 14a.16; Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29; Romanos 16,25-27; Lc. 1,26-38.

CICLO C:

-Domingo Primero: Jeremías 33, 14-16; Salmo 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14; 1 Tesalonicenses 3, 12- 4,2; Lc. 21, 25-28, 34-36.

-Domingo Segundo: Baruc 5,1-9; Salmo 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6; Filipenses 1,4-6.8-11; Lc. 3,1-6.

-Domingo Tercero: Sofonías 3,14-18; Isaías 12,2-3. 4bcd. 5-6; Filipenses 4,4-7; Lc. 3,10-18.

-Domingo Cuarto: Miqueas 5,1-4; Salmo 79, 2ac y 3c. 15-16. 18-19; Hebreos 10, 5-10; Lc. 1,39-46

La Corona de Adviento

La corona de Adviento constituye una tradición cristiana que simboliza los cuatro domingos que integran el Adviento en el calendario litúrgico de la Iglesia de Occidente.

Se trata de un conjunto de ramas verdes, de preferencia de especies perennifolias y en cualquier caso sin flores debido a la austeridad propia del Adviento, dispuestas o trenzadas en círculo, a las que se suman cuatro cirios o velas ubicadas en la periferia. El primer cirio se enciende en el primer domingo de Adviento, junto con la lectura de un pasaje bíblico o la realización de plegarias. Sucesivamente se encienden los restantes cirios, uno nuevo en cada uno de los siguientes domingos, hasta que en el domingo previo a la Navidad se encienden los cuatro cirios. A menudo, se ubica en el centro un quinto cirio de color blanco, que se enciende en Nochebuena o en Navidad. La costumbre se observa tanto en reuniones familiares como en servicios litúrgicos públicos.

El simbolismo de cada elemento constitutivo de la corona preexistía al mismo cristianismo. El círculo es un símbolo del ciclo eterno de las estaciones, mientras que las especies perennifolias en general simbolizan la inmortalidad, y la luz se identifica con el espíritu y la fuerza de la vida que persiste, aún en medio de los días cortos y del frío que gobierna usualmente el Hemisferio Norte en el tiempo de Adviento. En la simbología cristiana, la luz significa a Cristo a partir del evangelio de Juan que lo presenta como Luz del mundo (Juan 8:12).