De la crisis del fútbol a una escuela de deportes, pasando por el preventorio infantil

Manuel Lozano Garrido
Cruzada, nº 20, enero 1954

Dos problemas deportivos y una aclaración

Va para un año, con motivo de la visita de la primera autoridad federativa del fútbol, tuvimos el gusto de escuchar, dentro de la salutación que se le dirigiera, el reconocimiento y la preocupación oficial linarense por el problema deportivo que aqueja a su juventud. El hecho de esa confesión es ya un gesto valiente, primer paso hacia una meta de soluciones salvadoras.

Pero precisamente porque creemos que es ésta una circunstancia providencial, en la que cabe y son fáciles confusionismos y desviaciones, juzgamos oportuna la llamada de atención hacia unas consideraciones que saltan a la vista. Se dijo entonces en la misma declaración, que en breve se ofrecerían (ya se hizo) a la Federación Española terrenos para la construcción de un campo de fútbol que, por su mayor capacidad, estaba llamado a liquidar la situación problemática de la juventud linarense. Y aquí sí que creemos necesario aclarar conceptos. Porque el nuevo estadio hará viable en su día la asistencia de grandes masas al popular deporte, pero deja en el aire la incógnita física de nuestros futuros hombres. Rectamente entendido, una cosa es, y debe ser, la situación del fútbol local y otra, bien distinta, la falta de cultura física que padecen niños y jóvenes; problemas ambos, pero no de la misma envergadura y trascendencia, pues si el primero se soluciona con desembolsos sin más fruto que unos problemáticos triunfos sin trascendencia social, el segundo supone toda una orientación sacrificada e inteligente llamada a grandes repercusiones económicas, morales y espirituales. Tener un equipo en 2ª ó 3ª división es una aspiración muy legítima, pero del orden de otras tantas necesidades de espectáculos, como la construcción de un cine o la reforma de una plaza de toros. En cambio, en la fortaleza de esos músculos primerizos, está la salud de los hombres que han de sucedemos y el ritmo de unos brazos a cuyo rendimiento se supedita la grandeza futura de la Patria.

Conviene, pues, no confundir deporte espectáculo con deporte desarrollo físico, tan apremiante como una necesidad nutritiva. Por eso, insistimos en la urgencia de iniciar una amplia campaña  deportiva,  ausente hasta ahora de Linares. En escuelas oficiales y particulares: en el Instituto, Escuela Industrial y demás centros de formación, en tantos lugares factibles, cultivada la cultura física bajo la pauta ordenadora de una Escuela Municipal de Deportes, podrían transformar en corto plazo a esta anquilosada juventud linarense. ¿Dificultades, sobre todo económicas? Las hay; pero ¿qué empresa fundamental no las tiene? ¿Debe ser sólo el dinero la impedimenta de una exigencia social?

La silicosis, los niños y los preventorios infantiles

Lo expuesto justifica nuestra salida. Pero aún hay algo más. Linares tiene un sector obrero (por su número, el genuino representante y por su afán, el artífice de su progreso económico), cuyas aspiraciones deben gravitar en todas las decisiones. Por las condiciones laborales de éstos mártires del trabajo que son los mineros, es frecuente la aparición en ellos de una enfermedad terrible -la silicosis- de frecuentes complicaciones pulmonares. Ni que decir tiene que, por las difíciles circunstancias de vida familiar, agravadas por la escasez de viviendas e insuficiencia de salarios, los hijos de nuestros mineros son presa fácil, no de la silicosis, pero sí de una de sus naturales consecuencias: la tuberculosis. Esta situación endémica de muchas regiones mineras está siendo afrontada virilmente en España con la creación de Preventorios infantiles en los que viven los niños al margen de tales peligros. El sistema es de tan positivo resultado que la máxima ilusión de muchos pueblos se cifra en ésta de poseer un Preventorio para el que no regatean esfuerzos ni sacrificios. Sin ir más lejos, ahí está el gesto intuitivo de Linares hace diez años, contribuyendo, en una dificilísima situación de postguerra que centuplicaba el sacrificio, a la construcción de su Preventorio, del que, en su parte material, puede enorgullecerse hoy. Porque esos campos de juego perfectamente alineados, o esos otros jardines hasta hace poco meticulosamente florecidos, son hoy acogedores porque fueron roturados con el esfuerzo colectivo y abonados intensamente con su sacrificio.

Abandono con la meta a la vista

Pero he aquí que, inesperadamente, en Linares se empieza a cumplir aquello de que "somos capaces de conquistar un imperio, pero no de conservarlo". Cuando ya el Preventorio alza su musculatura hacia las estrellas; cuando todo está a merced del "ábrete, Sésamo" de una voluntad decisiva; cuando ya es posible ahuyentar el fantasma pavoroso de una infancia amenazada, circunstancias especiales cambian la situación.

Una solución en la que todo se conjuga

Hemos planteado dos incógnitas aparentemente desvinculadas e insolubles. Y no es así, porque ambas tienen una solución fácil, en la que se entrelazan.

Apuntamos antes la idea de una Escuela Municipal de Deportes, nada nueva, pues con idéntico  o distinto nombre y hasta por iniciativa particular -"Casablanca",  "Benimar", "El Aquileón"-, se   prodigan   dentro y fuera de España. De constituirse en Linares, su camino se vería facilitado por la existencia de las magníficas instalaciones del Preventorio. En horas compatibles con las de éste los muchachos practicarían  allí bajo la dirección del personal competente, y el nuevo estadio, junto al antiguo, quedaría para escenario y entrenamiento de las competiciones oficiales. A la vez, se instalaría el Preventorio con ayuda estatal y acción benéfico-social ampliable a la zona Linares-La Carolina. Y en horas apropiadas y cabría disfrutar   del   Parque hasta de los conciertos musicales y demás atracciones.

Así las cosas,  tendríamos: de un lado, la  necesaria educación física; de otro, la protección sanitaria de niños en peligro; también, el derecho intacto de los benefactores, y hasta la desaparición de un ambiente enrarecido. Y si nos adentramos en el porvenir, algo por lo que los futuros linarenses bendecirían el nombre de sus predecesores. ¿Por qué, pues, no hacer todo ello compatible?

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