El lunes, al poco tiempo de llegar a la Redacción de Alfa y Omega, tuve que coger, deprisa y corriendo, un tren a Toledo con una misión clara: entrevistar al Portavoz de la Santa Sede, el padre Lombardi, que venía a España a dar una conferencia..., y que no iba a conceder entrevistas.
Sin aviso previo, preparé las preguntas en la media hora que duró el trayecto, por si lograba cazarlo. Jugué con todas las cartas que tenía en la mano, y en la manga.
El resultado es esta entrevista en exclusiva para Alfa y Omega, en la que habla del "efecto Francisco" en la comunicación del Vaticano; de las manipulaciones de los medios; de cómo mejorar la comunicación de la Iglesia; de los temas más polémicos con el nuevo Papa; etc. No es la entrevista del siglo, porque es muy comedido en sus respuestas, pero es la única que ha concedido en España. Me encanta jugar a periodistas:


Padre Federico Lombardi, Portavoz de la Santa Sede y Premio ¡Bravo! Especial 2013:
 
«El Papa llega a la gente»

A poco más de una semana de recibir el Premio ¡Bravo! Especial 2013, el padre jesuita Federico Lombardi, Portavoz de la Santa Sede, visitó Toledo, el pasado lunes, para pronunciar una conferencia y recoger otro galardón, concedido por los medios de comunicación de la archidiócesis primada. Alfa y Omega lo entrevistó en exclusiva:

¿Qué ha supuesto la llegada del Papa para la labor comunicativa de la Iglesia?

El servicio comunicativo de la Iglesia es, ante todo, un servicio al Evangelio; y por lo que respecta al Vaticano, es un servicio al ministerio del Santo Padre. En nuestro trabajo, hay una parte de información sobre la vida de la Iglesia que siempre sigue, aunque el Papa cambie. Pero, además, nosotros tratamos de valorar la fuerza característica que tiene el Papa. Con Benedicto XVI, nuestro trabajo era una labor de presentación, de divulgación y, podríamos decir, de traducción del riquísimo contenido que proponía el Papa, que en cierto modo necesitaba ser puesto al alcance de todo el pueblo. En cambio, con Francisco la cosa es diferente: en sus discursos y en su comunicación, tiene un estilo propio que llega directamente a la gente, y no necesita de intermediación. Puede ser necesaria una selección de lo que dice, pero no una interpretación. También tenemos que saber valorar la increíble riqueza de imágenes que utiliza, porque nos da la posibilidad de usarlas a través de los medios audiovisuales, para que llegue el mensaje a más gente. Además, hay un cambio en los acentos y en las prioridades del mensaje, como se ve en la Evangelii gaudium, cuando el Papa habla del corazón del Evangelio, que es el anuncio del amor de Dios. Esto ofrece a los comunicadores un equilibrio diferente a la hora de transmitir el mensaje. El Papa sigue diciendo los noes que hay que decir en cuestiones de moral, pero de forma equilibrada, poniendo el centro del mensaje en el amor de Dios. El Papa presenta una forma nueva de misionariedad, y por tanto, una forma diferente para nuestro modo de comunicar. Él marca prioridades claras, como la pobreza, el juicio sobre el mundo, el reconocimiento de la dignidad de cada persona, la trata de seres humanos...

¿Debe aprovechar la Iglesia esta forma de comunicar del Papa, para la nueva evangelización?

Ciertamente. Él lo hace y nosotros tenemos mucho que aprender de él. Y eso que siempre se habla del problema de comunicación de la Iglesia...

Por cierto, ¿cómo puede mejorar la Iglesia su forma de comunicar, al servicio del Evangelio?

El Papa nos ayuda en la evangelización a través de la comunicación, al utilizar, en primera persona, un lenguaje concreto y sencillo, y aplicarlo de tal forma que lleva el Evangelio a la vida de cada día, como se ve en las homilías de Santa Marta. Hace que la Palabra de Dios tenga que ver con la vida cotidiana. Él entiende que la comunicación es un servicio a la vida de la Iglesia. Los comunicadores deben estar, o delante, o detrás del rebaño, según las necesidades, bien para mostrar el camino, o bien para recoger a los que se quedan rezagados. Tenemos que vivir esta solidaridad en el camino que sigue el pueblo.

Y eso, ¿cómo se hace?

Ahora, por ejemplo, tenemos el próximo Sínodo sobre la familia, y tenemos que ver cómo acompañar a la gente. Como comunicadores, tenemos que profundizar en los problemas reales de la actualidad, y seguir el acompañamiento que la Iglesia hace a la comunidad. Los medios pueden dinamizar la vida del pueblo, pero también corremos el riesgo de dividir si sólo nos hacemos eco de las polémicas internas. Otras veces, puede que tengamos demasiada prisa y queramos llegar al final del camino cuando el camino acaba de empezar.

¿Cómo puede hacer frente la Santa Sede, y las Iglesias particulares, a las manipulaciones y a las noticias poco formadas de ciertos medios?

La verdad es que yo sólo hago lo que puedo cada día: primero, tratar de facilitar una ayuda a la gente para que logren comprender mejor la realidad, lo que dice y piensa el Papa, de verdad. Si hacemos bien nuestro servicio, tenemos que decir exactamente lo que dice el Papa y lo que el Papa piensa, no lo que nosotros pensamos que piensa. Luego, cuando hay casos de falsedad, no hay más remedio que desmentirlos, con una posición precisa. ¡Lo que pasa es que se dicen tantas tonterías, que yo me tendría que pasar la vida desmintiendo! Por eso, es importante acentuar la presentación positiva de lo positivo. Nuestra responsabilidad es la de capacitarnos como buenos intérpretes, más que entrar en discusiones y desmentidos. Esto es importante ponerlo siempre en primer lugar, porque, si no, es el otro el que conduce el juego; en lugar de ir detrás corriendo, es mejor llevar las riendas. El Papa habla mucho de muchas cosas, pero, como es un buen comunicador, lo que dice está muy claro y eso es lo que hay que transmitir para que lo entienda la gente.

¿Cuáles son los temas que suscitan más malentendidos?

Ahora mismo, lo que más malentendidos genera es cuando se hace una lectura parcial de aquello que interesa, sin explicar más. Por ejemplo, se habla de la misericordia como si la misericordia pudiera disculparlo todo y amparar el relativismo. Creo que el punto más de riesgo es entender la misericordia de Dios como algo relativista. A la vez, el Papa ofrece un acercamiento a muchos temas de moral, y se hace pastoralmente cercano a ciertas situaciones, con un acompañamiento práctico en el camino de las personas hacia la voluntad de Dios. Esto también lo hacía Benedicto XVI, porque no hay diferencias de fondo entre Francisco y Benedicto. En Luz del mundo, dijo cosas que suscitaron mucha discusión, sobre todo cuando habló con naturalidad del uso del preservativo, y se acercó a los problemas de las personas. Ocurrió lo que ha vuelto a pasar con el Papa Francisco, cuando habló de la homosexualidad sin enjuiciar a las personas, tratando de acercarse al problema personal del homosexual. A Francisco hay que entenderlo bien, y hay que saber explicar su modo de acercarse a la condición humana pecadora, para conducirla a Dios.

¿Hay sectores dentro de la Iglesia que quieren secuestrar las palabras del Papa para verse justificados?

Bueno, siempre hay actitudes diversas. Están los que tienen una actitud reflexiva y positiva; los que son indiferentes pero tratan de entender la verdad; y aquellos que saben de antemano lo que tienen que decir, aunque quizá tienen la actitud de no cerrarse del todo a una escucha y a una búsqueda de la verdad. Hay que tener muy claro el modo de actuar, saber que hay que decir las cosas, decirlas bien, decirlas siempre y decirlas con claridad. Hay que hacerlo de manera respetuosa, pero hay que decir lo que hay que decir. Yo no estoy dentro de las personas para decirles esto es lo que tienes que pensar, pero, si tengo que decirte algo, te lo digo, y si no lo quieres entender y quieres seguir diciendo las cosas que te interesan, es responsabilidad tuya. Siempre están aquellos que dirán cosas malas del Papa, porque ése es su oficio, y lo que hago es ponerlos ante una oferta correcta y positiva para que tengan la posibilidad de entender la realidad. Yo no soy negativo ni temeroso, sino que quiero ser un testigo de la verdad, y ofrecerla sin prejuicios ni miedos. Es como lo que ocurrió con la entrevista con Scalfari, en la que el Papa mostró que no sólo no tiene miedo a hablar con quien ve las cosas de forma diferente, sino que se muestra interesado en hablar con él.

José Antonio Méndez

(Publicado en el número 866 de Alfa y Omega, junto con un montón de contenidos interesantísimos que puede encontrar
aquí)